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Es jueves 30 de Junio y circundo por las céntricas calles de Osorno hasta llegar al final de Portales donde se alza una casa que dice “Rincón del Arte”, y anexada a ella hay una pequeña casa rosada. Al tocar el timbre, sale la” señora Marta” quien atiende a a Carmen. Ella hace pasar al living de la casa y lo primero que se ve, es a la pintora Carmen Águila bien vestida al lado de su chimenea. Para tener cien años tiene buena condición física, pues camina y es casi independiente.
Sé que narrar cien años es algo complicado, pero ¿podría hacernos una breve reseña sobre usted?
(Mira el techo) Mi vida es tan larga (se ríe). Soy hija de Antonio Águila Rosas e Isabel Carrillo Delgado. Mi niñez la pasé en Osorno, pero más en el campo de Cuinco. Estudié en el Liceo de Niñas de Osorno A-18, actual liceo Carmela Carvajal de Prat, hasta tercero de humanidades, después me trasladé a otro. En el liceo me enseñaron música, dibujo y pintura por lo que quise dejar la educación porque yo quería ser pintora. Así que me contacté con sor María Cruz, también artista, quien fue la que me enseñó el arte, los pinceles y las sombras… fue mi maestra. No tuve clases teóricas, aprendí la pintura pintando. Fui madre muy joven, tuve dos matrimonios de donde salieron: Norma, Silvia, Flavio y Rubén.
¿Cuál es su visión de la vida?
Siempre he tenido una visión muy alegre y obviamente artística. Mi vida se ha volcado en el arte. Además, (se ríe) he sido muy comadrera. Tener mi círculo de amigas ha sido primordial. Eso me llevó a unirme al grupo “11 mujeres en el arte” por lo que mi taller ha sido muy solicitado, hasta por políticos.
De entre todas sus pinturas ¿cuál le gusta más?
No hay ninguna pintura que sobresalte. Pero las pinturas de flores, especialmente de rosas me gustan. No sabría explicarte el por qué, pero eso siempre me ha atraído; además siempre me han llegado muchas flores a mi puerta. Una vez que ya manejaba la técnica, me dediqué a hacer retratos humanos, especialmente de ancianos, para luego dedicarme al desnudo. No me gusta que mi pintura sea de antaño, por lo que siempre le trato de dar el toque contemporáneo, inclusive ha sido tanto mi talento que me han invitado a exponer al Museo de Arte Contemporáneo, al Congreso, a Montevideo y a Buenos Aires entre otros.
¿Qué papel ha jugado su familia en su arte?
Un papel trascendental. Ellos fueron quines me dieron fuerzas y ánimo en momentos difíciles. Además, con mi esposo empecé a retratar los desnudos, por lo que gracias a él estoy donde estoy.
Son cien años que ha vivido a todo color ¿cómo se siente ante tanto homenaje de los osorninos?
Nunca pinté para tener esta fama (llora), lo hice más que nada por pasión. Estoy muy agradecida de todo los osorninos, de las autoridades, civiles, artistas y de mi familia que ha estado incondicionalmente a mi lado. No tengo palabras para narrar lo que siento. Actualmente me siento como la flor a la que todos quieren.
En el transcurso del tiempo ha cumplido muchos anhelos ¿le queda alguno por concretar?
No puedo pedir nada más a Dios ni a la vida. Soy muy creyente. He cumplido muchas cosas a cabalidad y me siento orgullosa de eso; mi familia es una muestra de ello. (Se toca las manos) pero hay algo que me gustaría volver a hacer… pintar. Ya son dos años que he dejado de hacer mi profesión y eso me duele. Mi vista y audición me complican por lo que, aunque lo dudo, tengo el anhelo de volver a tomar un pincel. Pero no soy exigente… (Sonríe) será lo que Dios quiera. |