Autora: Kathya Francisca Werner Werner.
Diario Memoria de las canos, Colegio Emprender (Osorno)
Misión San Juan, está situada a unos 34 kilómetros de la ciudad de Osorno, en el cual se encuentra un patrimonio cultural casi desconocido para la décima región de Los Lagos o, incluso, para su misma ciudad. Hablamos de su cementerio, un lugar muy diferente a otros que se encuentran a lo largo de nuestro país.
La zona en la que se encuentra ubicado este cementerio corresponde a un territorio habitado y fuertemente influenciado por la cultura mapuche-huilliche, actualmente, es en este lugar a la costa de Osorno donde hay mayor presencia de la cultura originaria en la región.
La visión que tiene este pueblo de la muerte es muy distinta a la profesada por la mayoría actualmente, para ellos la muerte es vista como un viaje que realiza el alma del difunto hacia otra vida; es en el funeral donde se define si el alma asciende hacia el bien, donde están sus antepasados, o desciende al mal. “La arquitectura funeraria del pueblo mapuche-huilliche, es un elemento distintivo y representativo de su cosmovisión, un elemento que nos muestra una perspectiva de la muerte distinta a la que culturalmente hemos heredado, y que permite apreciar la riqueza patrimonial que rodea nuestra ciudad”, señala Enna Cáceres, Profesora de Historia y Geografía.
En este viaje que es la muerte, el difunto lleva una vida muy parecida a la que tuvo en la tierra, manteniendo su linaje, si lo tenía, es por esto que las tumbas que conforman este cementerio representan su casa, el hogar del difunto. No son como estamos acostumbrados a ver construcciones de cemento o madera y altares de flores, sino que verdaderas viviendas para su vida posterior.
Las tumbas son verdaderas casas en miniatura, tal como es en vida, hay casas con diversas formas y tamaños, de la misma forma se representa en estas tumbas. Hay tumbas inclusive tan grandes como la altura de una persona adulta, otras en cambio del tamaño de un niño, algunas de ellas de parejas o familias y otras.
Quizás las más características, de lonkos o caciques, es cual es el jefe o cabeza de una comunidad mapuche. A pocos metros de la entrada se encuentra una cruz blanca de unos cinco metros de altura, la cual representa los caciques de esa comunidad, hay casas (tumbas) únicamente para ellos, de casi dos metros de largo.
Sin embargo, las tumbas se encuentran en diversos estados, algunas de ellas están muy bien cuidadas, otras en cambio con maleza en su interior y otras completamente destruidas. “La gente del pueblo se preocupa por ellas, el mal clima y las lluvias las ponen en mal estado, pero esa es la gracia, las casas protegen al difunto y los hacen sentir en casa”. Afirmó un hombre que ayudaba en la sepultura de un ataúd, y no quiso dar a conocer su nombre.
La experiencia de visitar este lugar, sin duda, asombra a cualquiera que lo haga. Mirado a lo lejos parece un sector más y no un cementerio. Las tumbas están llenas de detalles fascinantes, símbolos mapuches, cercos de madera, puertas, ventanas y distinto diseños arquitectónicos que dislumbran y hace que este espacio sea un lugar mágico y un tesoro en medio de la naturaleza.
Lo descrito anteriormente da cuenta de un proceso de sincretismo muy significativo, entre nuestra cultura originaria y las influencias del conquistador y su propia herencia cultural, demostrada por cruces, adornos, los mismos diseños de las casas, rejas de madera, tumbas de concreto etc. La misma sepultura en la profundidad de la tierra responden a costumbres cristianas.
Sin ninguna duda, este lugar representa el contacto entre lo sagrado y lo terrenal, es un espacio transformado por una visión de la muerte distinta a la común que expresa claramente la complejidad, pero interesante a la vez cultura y cosmovisión de nuestros pueblos originarios.
Debemos despertar y valorar lo que se preserva de nuestra cultura propia, estos lugares representan cómo con el paso del tiempo todo se va transformando y van surgiendo nuevas expresiones y visiones para entender el mundo. Estos cementarios registran el resultado de nuestra identidad mestiza, en donde conviven diferentes creencias y tradiciones.
Estos espacios funerarios son lugares de representación de nuestra propia historia. El legado del que dan cuenta, debería servir para reflexionar sobre nuestras crencias y rituales que muchas veces practicamos sin ni siquiera conocer su procedencia.
Por último, considerar que estos lugares son desconocidos por la mayoría de los jóvenes que han crecido en sectores urbanos, por lo cual, conocer sobre ellos se podría transformar en un importante recurso y experiencia de aprendizaje sobre la intercultulturalidad y acercamiento hacia nuestros pueblos indígenas.
Que este patrimonio sea desvanecido o no con el tiempo, es responsabilidad de todos. Las escuelas deben transmitir el interés por preservar nuestras tradiciones. Es más motivar la investigación y convivencia con el medio, pero por sobre todo debe ser una preocupación de Estado que se vea reflejada en la creación de leyes que protegieran la preservación y cuidado de lugares sagrados como el Cementerio Misión San Juan de la Costa.
RECUADRO
A 34 kilómetros de la ciudad de Osorno, se puede encontrar un cementerio que nos permite apreciar la visión respecto a la muerte, que tiene el pueblo mapuche-huilliche. La muerte es muy distinta a la profesada por la mayoría actualmente, para ellos, es vista como un viaje que realiza el alma del difunto hacia otra vida. Sus tumbas son verdaderas casas en miniatura, con puertas, ventanas y cercos. Elementos que reafirman la perspectiva del pueblo mapuche-huilliche y que permiten la protección de sus difuntos. Estos espacios funerarios son lugares de representación de nuestra propia historia y su legado es responsabilidad de todos cuidarlo.





















