El estudiante venezolano migró a Chile en búsqueda de oportunidades, pero encontró mucho más que eso.
Monserrat Nuñez y Fernanda Ancalaf
Diario Expreso Mutante, Colegio Divina Maestra (Villa Alemana).
Según un estudio del INE, un 6,6% de la población chilena actual es constituida por extranjeros, hecho que resulta claramente visible al transitar por las calles con naturalidad o al dirigirse a sus centros laborales. La mayor parte de este porcentaje corresponde a la comunidad venezolana, quienes han aumentado la cantidad con creces durante los últimos años debido a la situación que está ocurriendo en su país natal.
Chile se ha convertido en uno de los países destino para iniciar una nueva vida, debido a las oportunidades de las que dispone para ofrecer al resto del mundo.
Roberto Alejandro Cordero Morales es un joven venezolano de 17 años, quien junto a su familia dejó su patria para instalarse en Chile con el fin de conseguir nuevas y mejores oportunidades de vida. Su llegada al país se efectuó un 29 de junio del año 2018, y, a Villa Alemana un primero de julio del mismo año. Cumplió hace un par de meses un año entero viviendo en el país, superando las adversidades que conlleva realizar un cambio tan drástico y turbulento.
Nos encontramos una tarde primaveral en el establecimiento Divina Maestra, lugar donde estudia. Comienza a relatar su historia con la guitarra en mano. Además de estudiante, es un joven al cual la música lo hace vibrar y sentir las emociones a flor de piel.
De Venezuela a Chile
¿De qué forma viajaste hasta el país?
Por tierra. Éramos cuatro personas, mi mamá, mis hermanos y yo, por lo que resultaba más rentable venir por bus, aunque fuera más peligroso. Un sólo boleto de avión costaba el doble de lo que resultaba viajar en bus. Resultó mucho más económico.
¿En qué condiciones llegaste a Chile?
Condiciones cuestionables… Llegamos a un cuartito en unos departamentos cercanos al sector de Troncos Viejos en Villa Alemana, donde vivía arrimado mi padre con un compañero de trabajo. Con mi familia terminamos ahí y vivimos durante un mes, fue algo incómodo, estábamos compartiendo casa con un desconocido, a parte que estábamos todos apretados.
¿Antes de comenzar una vida en Chile tenías familiares que vivieran acá?
Mi papá se vino antes, el 1 de octubre de 2017. Su idea era poder trabajar tal como la hacía en nuestro país natal, estabilizarse y luego traernos a nosotros, llegando casi nueve meses después.
¿Por qué se vinieron a vivir al país?
Mi padre se encontraba en una mala situación, estaba cesante y consideró la posibilidad de irse a otro país para conseguir empleo. Se puso en contacto con un ex compañero de trabajo y él le dio la posibilidad de venir a Chile. Mi padre en Venezuela era distribuidor de pollo. Con mucho esfuerzo, el día de hoy ha logrado surgir con su oficio y conseguir estabilizarse acá, aunque está de más decir que hay días buenos y malos.
El joven alto de rulos expresa las dificultades que hubo en su viaje y en la llegada al país. Las condiciones de vida no han sido siempre las mejores para su familia y las adversidades se hacen presentes incluso hasta el día de hoy, donde ya se encuentran establecidos en mejor situación en el país que cuando llegaron.
La Bienvenida
¿Cómo sientes que fue la recepción de Chile?
Ya, hay dos formas de recepción. La climática y la de la gente. En cuanto a la gente, hasta ahora bien, no he tenido problemas. Es decir, no le doy mucha importancia a lo que vaya a decir la gente, me da lo mismo tener o no un grupo de amigos. Sin embargo, la actitud es normal, me he topado y me ha tocado relacionarme con gente cortés y educada.
El clima es otro tema, ¡el maldito clima! me tiene triste, horrible. En Venezuela siempre hace calor, todos los días. No existe el invierno allá. Un día frío eran como unos 27°.
¿Te costó integrarte a la escuela?
Me tomó dos semanas integrarme más o menos. Los primeros días estaba solo en los recreos, no hacía nada. Me sentaba al lado de la entrada de los baños. Después fui conociendo gente, se me acercaban y me preguntaban “¿vos de dónde sos?”. Yo no era de buscar a la gente.
En cuanto a la educación, mal, pero el problema está en mi organización. Me quedo en el colegio a los talleres, llego tarde a mi casa, como a las 8 pm. Soy un poco irresponsable. Sin embargo, la educación de acá me gusta, es aceptable, aunque me quedo con la de Venezuela porque va más a profundidad, no es tan “plana”. No son contenidos “tirados”, estudiados y pasados, se dedican a que realmente entiendas lo que te explican. Es una educación muy estricta, pero realmente la considero buena.
¿Te tocó vivir situaciones xenófobas?
Es chistoso, porque mi humor se basa en eso, pero es solo humor entre amigos. Le tengo mucho rechazo a la xenofobia. Por suerte no me ha tocado vivirla a mí, pero he visto a gente que la practica en serio y me provoca asco. Probablemente sí existen personas que hayan dicho cosas de mí o me hayan discriminado, pero yo no me doy cuenta. Hoy en día yo paso y algún conocido me dice “Wena venezolano”, pero no con intención de ofender.
Roberto es una persona sólida y con un carácter firme. Sabe qué tipo de situaciones debe sacar de su vida y qué comentarios debe ignorar. A pesar de su corta edad, ostenta una gran madurez y distingue las cosas que son importantes y las que no en su vida. Está consciente de las situaciones a las que se expone por el simple hecho de ser extranjero, sin embargo, tiene la innata capacidad de priorizar lo que le aporta a sí mismo.
La reflexión
¿Tienes/tuviste dificultades de cualquier tipo en el país?
Más que dificultades económicas, no. Hasta ahora siguen vigentes, más bien es por temporada, hay veces que hay plata y hay veces que no.
Lo que más me ha costado es conseguir trabajo; me gustaría tener para poder irme de mi casa.
¿Consideras que tu vida acá ha sido mejor?
Mi vida acá ha sido mejor, Chile hizo algo en mí que Venezuela nunca hizo. Aquí se despertó mi pasión, yo allá en Venezuela me tomaba la música como un hobby, en cambio acá digo “voy a componer una canción”, “tengo que practicar”, “voy a estudiar música”, me lo tomo mucho más en serio.
No sé si ser músico es mi sueño, es más una meta. El sueño puede ser algo muy inalcanzable, en cambio en las metas existe la posibilidad que se cumplan. Bueno, va en la forma de pensar de cada persona. Si no llegara a ser músico, sería trabajador en una tienda de música.
¿Volverías a vivir en Venezuela?
En este momento no, hay cosas que no soy capaz de vivir ni de afrontar, por la situación del país y por situaciones personales.
Existe la posibilidad de que si la situación venezolana mejorara volviéramos para allá. ¡No hay mal que dure mil años ni, cuerpo que lo resista!. Para que el país mejore, la cosa no es cambiar de gobierno ni nada, sino que el venezolano tiene que cambiar, porque, si nos criamos como ignorantes y vivimos de perjudicar al otro, si vivimos con esa falta de empatía, nunca lo vamos a lograr. El problema es que el venezolano jode al venezolano e idolatra a cualquier persona que toma un cargo alto en el país.
Hay que cargar con gran valor para iniciar de cero en un lugar completamente nuevo y desconocido donde se está expuesto al juicio de la sociedad en todo momento. Chile, a pesar de ser un país con un alto porcentaje de población extranjera, no es un país que se caracterice por reaccionar de buena forma ni de tener la mejor recepción ante la llegada de una persona con distinta nacionalidad y cultura, es más, los niveles de discriminación que existen son altos. ¿Por qué no somos capaces de extender la mano en forma de ayuda a quien lo necesita, sin importar cuál sea su acento o su color de piel?
Casos como el de Roberto deberían transcurrir más a menudo. Está de más decir que él es alguien a quien le ha costado la vida y llegar a ser quien es el día de hoy, sin embargo, tuvo la suerte de desarrollarse en un buen ambiente donde el apoyo que le fue brindando es innegable. Ojalá Chile le siga brindando oportunidades para poder proyectar su futuro como persona. Con la misma integración que fue recibido el joven venezolano debiera ser acogido un inmigrante peruano, un inmigrante haitiano, en fin.

















