Autora: Fernanda Bastías Vicencio
Diario Letras del Chena, Colegio San José (Santiago)
Mi abuelo decía que en la escuela se aprenden contenidos y en la casa los valores. Sin embargo, si él viera que hace rato el colegio comenzó a ejercer un rol formador, porque se transformó en el hogar de muchos estudiantes, de seguro daría golpes con su bastón al que se le ponga en frente.
En el año 1997, se aprueba la ley de la JEC para los colegios. Su idea era mantener a los estudiantes en el establecimiento educacional un número importante de horas dado que, en muchos hogares, no había quien los atendiera, de esta manera se impedía que fueran presas de las drogas y otras situaciones complicadas. En la mañana se trabajaba con las asignaturas duras y, por la tarde, se desarrollarían actividades lúdicas para que el alumno potenciara sus aptitudes.
Sin embargo, las leyes no son en la práctica lo que se propone en el papel, pues además de no existir desarrollo artístico y sobrecargarnos con más materias, el colegio se convirtió en una guardería, ya que el cuidado de los hijos pasó a manos de la escuela, provocando el verdadero propósito y problema de la JEC: Jamás Estaremos Compartiendo, significado real que debería contener su sigla, pues los padres, los míos incluso, sin estar separados ni divorciados, están sin protagonismo en mi formación personal.
Los valores hoy los imparte el colegio, porque en la casa, solo se duerme o guardan las cosas materiales. Ya no está el almuerzo en la semana con mi madre viendo la teleserie, tampoco el postre con mi padre recordando sus anécdotas como temporero. Hoy escucho las aventuras de la Carla y el Jaime, las historias ególatras de la Joaquina y los postres no saben al dulce amor del hogar, sino al estrés de matemática o lenguaje.


















