El oficio de panteonero aún se mantiene como una tradición para algunas familias de Valparaíso. Una herencia inevitable para algunos trabajadores.
Autoras: Isidora Elizalde y Javiera Espinoza
366 Diario La Luz del Tiempo. Colegio Montessori Millantú (Villa Alemana)
Fundado en el año 1887, el Cementerio 3 de Playa Ancha es el primer cementerio laico de la región. El más reconocido por la comunidad porteña ya que a diferencia del 1 y del 2, es más económico y más popular.
Cada cementerio esconde el testimonio vivo de la comunidad que alberga, atesora la historia de sus visitantes, de sus trabajadores y de sus difuntos.
Según la recién asignada subdirectora, Verónica Paiva, “el cementerio funciona como una ciudad a escala. En el sector de los mausoleos y bóvedas podemos observar a la gente con más dinero. En el sector de los nichos hay gente con menos recursos y el sector de tierra sería la zona popular. Y como cada ciudad, que puede tener problemas, nosotros sufrimos con situaciones similares, como problemas con el agua, con el espacio, con la basura y con la seguridad”.
Dentro del cementerio, existen diferentes oficios, cada uno fundamental para el funcionamiento del lugar. Uno de ellos es el de panteonero, encargado de sepultar y reducir los cuerpos, mantener el orden y el aseo del cementerio, entre otras labores.
En cada sector se encuentra un encargado de recibir y de gestionar, además de organizar a los trabajadores que se dividen en las cuadrillas que están dirigidas por un mayordomo. Mensualmente se turnan en las tareas de tierra, en nichos y en aseo por lo que todos son expertos en diferentes labores que les permiten un trabajo poco rutinario.
Un oficio nada más
Ernesto Rodríguez, lleva once años trabajando en el cementerio como panteonero, indica que ”es un trabajo como cualquier otro y que lo más difícil para él es enterrar a recién nacidos”.
Conoció el lugar gracias a familiares de su esposa que trabajaban allí, se enamoró del oficio y quiso seguir con la tradición. Hace menos de un año, se incorporó al equipo de trabajo, su hijo, Felipe Rodríguez quien con tan solo 22 años se interesó en seguir los pasos de su padre.
Comenta que desde muy pequeño visita el cementerio, que acompañaba a su padre, a su tío y a su abuelo, que han trabajado durante años en el lugar. “Nunca me dio miedo, andaba recorriendo solo todo esto, era un patio al que venía a jugar”, relata Felipe. Menciona que comenzó a trabajar en este rubro para así poder pagar su carrera universitaria y como conoce el lugar desde siempre, era algo que le resultaba sencillo y familiar.
Para Ernesto, el cementerio es su vida en cambio para Felipe, su hijo, es un paso para lograr un fin mayor que es tener ingresos para pagar su educación superior. Sin embargo este último señala que luego de sus estudios de programación sería ideal poder trabajar como profesional igualmente dentro del Cementerio 3.
No es solo el oficio de panteonero, sino que el amor, el respeto y el compromiso de los trabajadores con el lugar lo que va convirtiendo al cementerio en el segundo hogar de aquellos que tienen su linaje completo dentro de la institución.
El panteonero es el encargado de sepultar y reducir los cuerpos, mantener el orden y el aseo del cementerio, entre otras labores.





















