Autora: Estefanía Aliaga Aranda
Diario Contra Corriente, Colegio San José (San Bernardo)
Leyendo los apuntes de filosofía recordé una frase de John Stuart, (filósofo y economista inglés) quien señala que “no existe una mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación”. Una frase atingente a nuestros tiempos y que inevitablemente me hace pensar en los señores de Walmart, quienes a través de la construcción del centro de distribución El Peñón, han evitado la cooperación de los vecinos aledaños, dejándolos de lado con respecto a cualquier opinión que tengan o sin importar las consecuencias dañinas que este trabajo genere en su diario vivir. ¡Cuánta pena tengo!, pena por creer que ellos no recibieron oportunidades en la vida para conocer a Stuart ni recibir una enseñanza de calidad.
A inicios del año 2017 por el sector del Barrancón, en San Bernardo, se inician las obras de la mayor inversión logística que Walmart –matriz de Líder, Ekono, aCuenta y Central Mayorista– ha realizado en América Latina, como se jactan ellos en los pendones y carteles que han puesto por los alrededores de la obra. No obstante, esta multinacional es un claro ejemplo del otrora dicho que refiere a ese padre Gatica que no practica, debido a que en sus publicidades, por el solo hecho de vender, señalan que sus productos o servicios son amigables con el medio ambiente pero en la práctica sólo resultan ser ideologías de verso barato, pues desde la primera piedra puesta en este centro de distribución, la naturaleza o buen vivir han sido dañadas igual o peor a lo que ataca un cáncer fulminante.
Los síntomas han sido certeros: pérdidas en la calidad de vida y deterioro de la salud. Sobrecarga vial de un camión por minuto durante las 24 horas del día y toda la semana. 50 hectáreas de bodegas en terrenos agrícolas. Transporte de sustancias peligrosas (tóxicos inflamables). Peligros inminentes hacia el Cerro Chena y a su fauna, especialmente en las aves que deberán emigrar debido al daño de su biodiversidad.
Albert Einstein, uno de mis científicos preferidos, dijo que “la palabra progreso no tiene ningún sentido mientras hayan niños infelices” y su pensar no dista mucho de lo que hoy sucede con la citada construcción, dado que de forma indiferente a la negativa de los habitantes y municipalidad de la comuna, la empresa sigue con su avanzar férreo, obviando el sentir de todos esos infantes que están creciendo en un entorno manoseado, dañado y carente de algo tan básico como es la tranquilidad del hogar que ya no tiene calma hace más de un año por culpa del mal llamado progreso.
El malestar de los vecinos no es aislado ni antojadizo como han dicho los encargados del centro, pues a nuestro sentir, se suma también la máxima autoridad comunal, la alcaldesa Nora Cuevas, quien junto a todo el municipio, desaprueban la construcción y funcionamiento del nombrado proyecto, pero como en Chile todo funciona al revés, el ente comunal no reviste ninguna autoridad ni tiene injerencia, muy por el contrario, porque aunque parezca irrisorio, tuvo que otorgar el permiso de edificación a Walmart por estricto mandato de la Seremi de Vivienda y Urbanismo tras el rechazo de la Corte Suprema a los cinco recursos de protección que presentaron los opositores al proyecto.
“Cuestiones políticas o que no son técnicas, tales como la mantención de la ruralidad, u otras, no son posibles de ser analizadas en el contexto del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, existiendo otros instrumentos de carácter político-administrativo” o “no caer en el juego de los reclamantes de calificar el nivel de participación sino limitarse a revisar la legalidad del proceso, y en particular, a comprobar que cada una de las observaciones transcritas en los recursos han sido debidamente consideradas durante el mismo” son parte de los argumentos que Walmart enunció tras el lamentable fallo que les dio el favor, sacando a flote el dicho popular que refiere a que la tortilla se ha dado vuelta, ya que ellos ahora son la víctima y los vulnerados.
Wayne W. Dyer, escritor estadounidense, señaló que “el progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre las han hecho” y en Chile, nada ha cambiado.





















