Club Hípico de Punta Arenas avanza a su recta final

Club Hípico de Punta Arenas avanza a su recta final

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En este histórico lugar, que realizó su último programa hípico en el año 2006, hoy no existe claridad de qué pasará con las 22 hectáreas de terreno que cubren parte del casco histórico fundacional de la ciudad austral.

Autores: Jessica Centurión Cabezas y Matías Ampuero Vargas

Diario La Cruz del Sur, Liceo Cardenal Raúl Silva Henríquez (Punta Arenas)

Las carreras de caballos en Chile, viven polos opuestos en este momento. Mientras en el centro del país, todos los días se realizan apasionadas jornadas de carreras en el Club Hípico de Santiago, en el Hipódromo Chile, en el Valparaíso Sporting Club y en el Club Hípico de Concepción; los hipódromos de otras regiones, en su mayoría, están en situación terminal.

El Club Hípico de Punta Arenas no escapa a esto. El último programa hípico se realizó el año 2006 y no existe claridad sobre qué pasará con las 22 hectáreas de terreno, que cubren parte del casco histórico fundacional de la ciudad austral.

En la actualidad se debate la posibilidad de transformar este lugar en un área urbana, lo que implica modificar el plan regulador de la comuna. Una posibilidad que ha abierto el debate de diferentes actores de la comunidad.

Un espacio Vital en el pasado

El Premio Nacional de Historia, Mateo Martinic señala en la Historia de la Región Magallánica que este Club Hípico se formó en 1894. Junto al de Santiago es el más antiguo de Chile y el más austral del mundo.

Durante gran parte del siglo XX, las 22 hectáreas del Club Hípico de Punta Arenas, fueron administradas por la Sociedad Rural de Magallanes, que lograron transformar este espacio en uno de los centros de la vida social, agropecuaria e hípica de la Patagonia.

Durante la década de los sesenta se vivió el apogeo. Jornadas de domingo con 8 carreras y 12 ejemplares inscritos, leyes que apoyaban al Club Hípico (como la 16.555 en el gobierno del Presidente Eduardo Frei-Montalva) y una masa de propietarios que daban rienda suelta a esta actividad.

El apogeo terminó y lentamente comenzó su decadencia desde fines de la década de los setenta hasta su traspaso en el año 2004 a la Sociedad Club Hípico de Punta Arenas, empresa con capitales en la sociedad de Inversiones Otway y que busca desarrollar proyectos inmobiliarios.

Hoy, su pista, troya y marcadores, lucen abandonados, con caballos recorriendo estos espacios, y en los bordes algunos recintos que siguen funcionando como la Administración de la Sociedad Club Hípico de Punta Arenas, el local de apuestas Teletrak, un restaurant, un negocio de comidas y un pub.

Diferentes perspectivas, para un problema político

Todos los actores coinciden en que para tomar una decisión de qué hacer con el terreno es necesario un trabajo político que implique una toma de decisión comunitaria.

El presidente del Club Hípico de Punta Arenas, Iván Nikovic, señaló al diario La Cruz del Sur, que ”hay poco interés de la gente en participar en la hípica, y no solamente acá, sino que a nivel nacional”.

Por otra parte, explica que la baja participación, también genera la necesidad de crear un nuevo proyecto. “Estamos buscando un uso a este terreno y que no se pierda. La propuesta contempla un barrio residencial», agregó Iván Nikovic.

También señala que para lograr concretar el proyecto se necesita un acuerdo político y comunitario: “Hay que tener claro que es una idea y esto nació en varias reuniones que tuvimos con los alcaldes y con los concejales desde hace diez años”, enfatizó.

Otra visión sobre este problema presenta la agrupación «Ciudad amigable». Bedrich Magas, Vicepresidente de esta agrupación señaló que: “este plan se orientó a consensuar con el municipio y comunidad puntarenense, una visión urbana y temática. Tiene una idea subyacente de poner en valor el patrimonio rural de Magallanes. En las actuales condiciones no se puede construir, porque se considera área verde. La idea central es proponer algo que sea viable, alternativo y que aparte de eso tenga sentido».

Bedrich Magas, profundizó en la idea, detallando algunos aspectos del proyecto, que se contrapone con la idea original presentada por la Sociedad Club Hípico de Punta Arenas. «Lo que estamos planeando es proponer la creación de un parque urbano que parezca una especie de estancia, de manera que una parte sea reforestada por especies nativas. Un jardín botánico, y una laguna en la cual puedan habitar los animales silvestres», destacó.

La voz hípica
La actividad hípica en sí es una actividad familiar; desde los propietarios, preparadores, cuidadores y jinetes que traspasan el amor por los fina sangres de generación en generación.

Rodrigo Lizama, destacado jinete nacional, quien jornada tras jornada, destaca como uno de los mejores jockeys en Santiago, y uno de los últimos jinetes en nacer en Punta Arenas y dar sus primeros pasos como jockey en el Club Hípico de ésta ciudad, expresó «El hipódromo de Punta Arenas, ya nunca más funcionará, es una pena, quedan muchos recuerdos de mi infancia y es una lástima que sea ocupado para algo monetario y no como área verde”. También Lizama afirmó que le gustaría que se hiciera un museo de la hípica Magallánica en el recinto. 

Cualquier posibilidad que se pueda tomar para lograr concretar algún proyecto, requiere por una parte de que los propietarios tengan las ganas y el convencimiento de realizarlo.

En caso de que exista cambio del plan regulador, es necesario un consenso político, ya que es necesario el acuerdo comunitario, la aprobación de todo el concejo municipal y el Alcalde. Por mientras el Club Hípico de Punta Arenas, mira lejana la recta final de su propia historia.

Los escritores también opinan

Hace un tiempo resonó con fuerza la opinión del recién fallecido, poeta magallánico Silvestre Fugellie, quien expresó con ímpetu su rechazo ante el cierre del Club Hípico, en el libro Pioneros de la Patagonia. Decía en ese texto que “No es por mero pasatiempo que las grandes urbes, mantienen intactas sus reliquias y que honrar su historia. Simplemente es por ello que son grandes”.

También, el historiador Magallánico Dusan Martinovic, opinó sobre el tema: «Pocas ciudades tienen la oportunidad de poseer tal extensión de terreno en tal privilegiada ubicación. Destinarlos a proyectos inmobiliarios sería un uso común a algo extraordinario y beneficio solo para los accionistas de la sociedad».

 

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