Actualmente en la sociedad, es un hecho que los medios masivos de comunicación, especialmente, a través de internet, han visibilizado la cantidad de sucesos relacionados con el acoso juvenil, donde adolescentes son humillados en las redes sociales, debido a la publicación de fotos y los comentarios que se generan con ellas. Según el estudio anual de la ONG Bullying Sin Fronteras, entre abril de 2017 y el mismo mes de 2018, hubo un aumento de un 25% en denuncias por maltratos físicos y psicológicos por medios tecnológicos, registrando en la Región de Valparaíso 181 casos, y la Región Metropolitana, 348 casos.
El término redes sociales se asocia con la facilidad que existe para viralizar una foto, creando, con solo una imagen, una cadena que pasa por millones de miradas, provocando el fenómeno conocido como cyberbullying, el cual atenta con el derecho a la privacidad.
Resulta insólito que personas de confianza, ya sean compañeros del establecimiento académico, familiares o amigos ajenos, provoquen cierta complejidad en algunas personas, atentando en contra su autoestima y alterando toda su existencia. Es tanto el daño que este abuso puede provocar, que en muchas ocasiones terminan como protagonistas en un caso de suicidio y los abusadores como posibles homicidas. Un ejemplo de esto es la estudiante del Colegio Nido de Águila, quien atentó contra su vida tras ser ofendida en Facebook por sus compañeros por un incidente en una fiesta, según declaro su madre.
Lamentablemente no se puede culpar a seres invisibles, gente protegida por una cuenta falsa, personas que tratan de ocultarse en la pantalla, pensando que al no ser vistos o reconocidos será más fácil atacar a alguien, o bien, se dejan llevar por la sociedad, la cual actúa como su muro de protección. Justamente es por esta razón que los comentarios atacantes son muy frecuentes en internet, ya que al no encontrarse cara a cara con la persona que está siendo humillada, no tienen que ver su expresión de dolor, de temor, de angustia, no miran a su “amigo” a los ojos y se ríen de él, son pequeñas personas anónimas en una gran sociedad juzgadora.
Diversos motivos que hacen de este fenómeno algo suficientemente común como para que las personas se pongan a dudar sobre quién tiene la culpa de que un alma se encuentre en pena, si ella misma por subir la foto, o los millones de comentarios ofensivos hechos por personas sin reconocimiento.
Hay que reflexionar un segundo, cuántas personas caminarán libres y felices por la calle después de dejarle un comentario a una muchacha que decía “eres gorda y fea mejor mátate” ¿realmente les importará el que por ese mensaje ella se cambió de vivienda o de colegio?
Actualmente se vive en una realidad injusta, a estas personas no les llegará castigo alguno, continuarán juntándose entre ellos y repitiendo el actuar una y otra vez, porque es lo que les entretiene, estar ocultos dañando a inocentes. Si se busca encontrar el por qué no encarcelan a una persona que dañó a otra de manera escondida tras celular, como un cobarde, no se encuentran respuestas.
El cyberbullyng es un asesino en serie que todavía no se logra atrapar, siempre usa una máscara negra y destruye cada rastro de las inocentes víctimas, dejándoles ver como sus propios homicidas, avergonzándoles. Sin embargo la sociedad tendría que analizar la razón que lleva a este cyber acosador a actuar de esa forma.

















