El arte de crear el futuro

El arte de crear el futuro

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“Un buen maestro en la vida, puede convertir un delincuente en un buen ciudadano”, esta frase del autor estadounidense Philip Wylie deja en claro que la labor de todo docente es formar personas, por lo que se le atribuye una gran responsabilidad, sin embargo, con el paso del tiempo, el profesor ha perdido gran importancia para los chilenos en general.

De acuerdo a la experiencia de personas que vivieron hace varias décadas atrás,  coinciden en la idea del profesor como símbolo de respeto y autoridad, nadie podía cuestionar lo que decía. Hoy el panorama es totalmente diferente, y los reproches por parte de los alumnos, apoderados y jefes van en aumento.

¿Qué sucedió y por qué el maestro comenzó a perder su valor? Se puede ver en la actualidad que la población chilena los cataloga como profesionales poco relevantes, desvalorizando su labor con el argumento de que la pedagogía es una carrera sencilla, con pocos años de preparación y que pide un escaso puntaje para postular.

Si se comparan estos datos con los de la carrera de medicina podemos establecer una enorme diferencia: dicha carrera dura una mayor cantidad de años y pide el puntaje más alto para poder ingresar a estudiar. De esta manera, cuando un cirujano opera se encarga de un corazón y un cerebro, mientras que el pedagogo se encarga de cuarenta corazones y cuarenta cerebros a la vez, generando un aprendizaje colectivo.

La idea de esta analogía no es mirar en menos a los médicos o a otros profesionales, sino generar una reflexión en favor de las personas que se ocupan día a día de brindar a sus estudiantes las herramientas necesarias para la vida.

Con la llegada de la pubertad, en algunos casos se pierde el respeto hacia los profesores. Los estudiantes lo viven cotidianamente, y se sabe que entran en una etapa en la que cambios tanto físicos, psicológicos, afectivos y biológicos influyen en la vida estudiantil. De esta manera, es posible ver todos los días cómo los alumnos insultan y desafían a los maestros, debido a que se les ha dado la facilidad para hacerlo con el pasar de los años. Existe una gran falta de empatía por parte de los pupilos, apoderados y personas en general hacia el docente, por lo que es necesario tomar el peso y el valor a la ardua labor que realizan diariamente.

Analizando esta situación, deberían incrementarse los puntajes para ingresar a estudiar pedagogía, ya que esta profesión es igual de importante que la de un médico, un abogado o un ingeniero, e incluso más, debido a que los docentes son quienes forman a estos profesionales para el futuro. Los puntajes en la Universidad de Chile bordean los 600 puntos y en la Universidad de Concepción alrededor de los 500, y esta ponderación no demuestra el peso real de la pedagogía, por lo que podrían aumentar para que el futuro profesor entre por vocación y no porque no le alcanzó el puntaje para la carrera que quería.

También es necesario que mejoren los sueldos de los maestros, pues hay que considerar que ellos no reciben remuneración por las horas extra que trabajan en sus casas o por las enseñanzas de vida que les entregan a sus alumnos diariamente. Como formadores de personas deben ser recompensados tanto por el gobierno, como por la población chilena; merecen recuperar el valor y el respeto que se ha perdido hacia ellos.

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