Han pasado más de 70 años desde que ocurrieron los horrores sufridos por el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial. Horrores que van desde trabajos forzados, violaciones a mujeres, eutanasia en ancianos, mujeres embarazadas obligadas a abortar o sus hijos asesinados al nacer, hasta miles de muertes por que sí, sin razón, como si tuviese que existir alguna.
Si bien una cifra cercana a los 6 millones de personas habría sido el escalofriante cálculo de muertes ejecutadas por el régimen nazi, un estudio publicado en el New York Times en 2013, afirma que la cifra estaría bordeando entre los 15 y los 20 millones de judíos exterminados por el régimen nazi. ¡O sea, se triplica lo estimado en un comienzo! Y la pregunta que cabe aquí es: ¿Quién en su sano juicio puede obligar y/o convencer a todo un ejército de un pueblo, conformado incluso por jóvenes, casi niños, a doblegar y exterminar sin piedad a otro pueblo?
Hasta el día de hoy no se entiende por qué tanta brutalidad, tanto ensañamiento contra el pueblo judío, ni mucho menos las “razones” de este genocidio. La obtención de la raza pura, la raza aria, parece la idea de un loco. Pero desafortunadamente ocurrió y el experimento causó todos estos horrores de los que hoy somos testigos a la distancia, a través de medios audiovisuales y escritos, o escuchando relatos de sobrevivientes.
Esto no debe repetirse jamás. El mundo debe encauzar sus energías en cosas positivas y desterrar las guerras. La muerte de uno o de miles de seres humanos no es justificable, mucho menos si los motivos son políticos o por “limpieza” genética, por tratar de darle un nombre. Se debe aprender de este enorme error, no olvidando y plasmando estos hechos, aunque resulte doloroso, en las memorias de todos. Asimismo, es crucial ser respetuosos respecto al tema y no burlarse de este calvario por el que parte importante de la humanidad pasó, ni a través de chistes ni de manifestaciones o gestos que recuerdan la simbología nazi.
Estas reflexiones surgen de la visita al Museo Interactivo Judío de Chile, que se suma a numerosos museos y memoriales que nos recuerdan este espanto. A través de impactantes imágenes y videos de campos de concentración, guetos y zonas de exterminio, a las que llamaban altaneramente las “industrias de la muerte”, se puede palpar tristemente el sufrimiento por el que tuvieron que pasar miles de mujeres, hombres, ancianos y niños.
Resulta chocante y al mismo tiempo, inexplicable. Da la sensación de estar siendo testigos del desenlace de una mala película de terror, de la que luego se sale del cine y ya. Se acabó y fueron solo dos horas de sufrimiento. Pero no. ¡Esto fue una realidad que duró al menos, 12 años!
En el museo se pueden apreciar las imágenes de las atrocidades causadas por el régimen nazi, pero por más que estos registros logran transportar al espectador a lo que pudo significar vivir en la época de este nefasto régimen, nunca se podrá sentir en carne propia lo que los judíos realmente sintieron.
Para que no vuelva a surgir ningún régimen o movimiento como el que exhibe el Museo Interactivo Judío de Chile, mantener la memoria viva es esencial. Concientizar desde pequeños a niños y niñas del mundo entero, hablando de esto en los colegios y enseñando desde el respeto, es un buen punto de partida.

















