La Joya del Pacífico se caracteriza por albergar y crear a un sinfín de artistas de diversa índole. A lo largo de sus renombrados cerros y del atractivo de sus formas, se distinguen lugares coloridos y rebosantes de creatividad, siendo uno de ellos este popular parque que, décadas atrás, funcionó como centro penitenciario.
Autora: Martina Anabalón Freire.
Diario Il Giornale della gioventú, Scuola Italiana Girólamo Longhi (Villa Alemana)
En el cerro Cárcel se encuentra el Parque Cultural de Valparaíso, también conocido como «ex-cárcel», un complejo arquitectónico que ha pasado de ser una casa colonial, un centro penitenciario, un almacén de pólvora, hasta llegar a convertirse en lo que hoy es considerado el centro cultural más histórico y cultural de la quinta región.
“Es un lugar magnífico y agradable para ir a pasear con la familia, conocer más sobre arte, y aprender cosas nuevas», cuenta Claudia Cerda, una vecina porteña, quien suele asistir para compartir con sus hijos pequeños.
El objetivo de este centro cultural es reunir a grupos de artistas, familias, estudiantes y turistas, para poder ofrecer espacios libres y educativos con el propósito de fortalecer la creatividad humana y, a la vez, preservar y potenciar la identidad individual y porteña.
En ese sentido, este espacio representa lo que se podría llamar un Valparaíso “artista”, es decir, lleno colores, alegría, música, voces, murales, anécdotas, escaleras, personas y uniones.
Existen diversas opciones para poder llegar a este lugar porteño, entre ellos el colectivo y la micro. Sin embargo, uno de los recorridos más entretenidos y turísticos para llegar a la ex cárcel es a través del Metro de Valparaíso, transporte que permite observar, desde el vagón, postales típicas porteñas hasta llegar a la Estación Bellavista. Desde ahí, el camino es sencillo: solo basta con dirigirse a la Plaza Aníbal Pinto y luego caminar por la peculiar “subida Cumming”, donde es inevitable encontrarse con el gran parque.
Para ingresar al recinto, la entrada es liberada y está abierto toda la semana desde las 10.00 a las 19.00 horas. Se puede conocer la historia de este parque a partir del mismo momento en que se cruza el umbral de sus puertas, debido a que se observan diferentes carteles alusivos a los orígenes del recinto.
Orígenes y facetas
El origen de este lugar como espacio carcelario empieza con la ocupación de la antigua y colonial Casa de Pólvora. Su creación remonta a la época colonial tardía, siendo el Polvorín la construcción más antigua de la ciudad. Esta servía como bóveda y almacén de pólvora para los españoles con fines defensivos.
Luego de la Primera Junta Nacional de Gobierno, en 1810, el Polvorín se transformó en la guardería de armas de la ciudad hasta mediados de la década de 1840. De esta manera, esta antigua edificación quedó al interior de lo que en el siglo XX se conoció como la Cárcel Pública de Valparaíso, la que hoy es un monumento histórico y sitio de conservación arqueológica.
No fue hasta 1843 que este recinto comenzó a funcionar como el Centro Penitenciario de Valparaíso, que perduró hasta el año 1999. Durante ese periodo, luego del fuerte terremoto de 1906, se incorporó la Galería de Reos, edificio que tardó 10 años en terminarse y que originalmente contaba con una capacidad de 400 presos, que luego aumentaron hasta convivir cerca de 1.400 de ellos.
Más tarde, cerca del año 1953, la fábrica de celdas y pabellones configuró urbanamente el cerro, pasando de llamarse Quebrada de Elías a Cerro Cárcel. A partir del año 1973, el lugar comenzó a recibir a los presos políticos que venían de distintos recintos militares, quienes fueron sometidos a malos tratos, interrogatorios, abusos permanentes y discriminación por parte del resto de la población penal.
El pr
oceso de transformación de este espacio como penitenciaría a centro cultural comenzó en el otoño del ’99, tiempo en el que se decidió trasladar la cárcel hacia otro lugar que diera abasto y tuviese en óptimas condiciones a la gran cantidad de presos que estaban arrestados. El 3 de enero de 2012, el Parque Cultural abrió sus puertas a la comunidad, significando la consolidación de la memoria e identidad porteña y nacional.
Un lugar de encuentro y recreación constante
La ex-cárcel cuenta con una sala de ensayos de teatro, de danza y de música; una sala de laboratorio, una de estudio y una de artes visuales.
“Me parece un lugar distinto, ya que a pesar de ser un típico centro cultural, este cuenta con una infraestructura imponente y rodeada de naturaleza y cerros pintorescos”, señaló Isidora Muñoz, asistente al Taller de Huerto Orgánico.
Además de la existencia de diferentes talleres artísticos, el recinto cuenta con espacios para realizar conferencias, lanzamientos de libros, exposiciones artísticas y/o conciertos abiertos a la comunidad porteña. A la vez, hay una heterogeneidad de talleres a disposición de todas las personas, entre los que destacan: danza, circo, música, artes visuales, salud física y mental (yoga, pilates), huerto, culinario y para niños (capoeira, malabares), entre otros.
Una tarde en el «Ex-cárcel» significa reunirse en un parque abierto a la comunidad, un espacio para la recreación y el desarrollo artístico de la zona. Es un pasaje que refleja la unión y el reconocimiento de lo que son, crean y comparten los habitantes y visitantes de la zona, dando lugar a la conformación de la identidad y la historia porteña.





















