El recinto más antiguo que se puede encontrar en la zona de Campanario es el cementerio de San Miguel de Itata, que tiene más de cien años de antigüedad.
Autora: Franshesca Palma Avilés
Diario El Toque de Campanario, Liceo Campanario
Según la información extraída de la página memorias chilenas; los cementerios en nuestro país fueron instaurados en el siglo XVIII donde se aprobó una legislación que regulaba los velorios, funerales, y entierros en zonas determinadas de las iglesias. La escasez de ventilación, falta de luminosidad y otros factores, causaban infecciones en aquel recinto público.
Al inicio las iglesias autorizaban solo los entierros a los miembros de la realeza, nobles, jerarquía eclesiástica y a hombres de fe, ricos, honrados y virtuosos, con el tiempo, bastó poseer los recursos económicos suficientes, para ser sepultado en los recintos religiosos. Así los preceptos teológicos y jurídicos que regían al ceremonial mortuorio colonial, fueron perdiendo el sentido doctrinal original, debido al esfuerzo de los parientes por reflejar el estatus social del personaje.
Antiguamente en los campos o pueblos al momento en que una persona fallecía, la gente hacía fiesta, debido a que creían que el muerto iba a un descanso eterno. En el caso de los niños también celebraban, ya que decían que el bebé muerto era un ángel que se devolvió al cielo, luego de todas estas celebraciones sepultaban el cuerpo.
La mística de los cementerios rurales
Los cementerios rurales son lugares un tanto tétricos, ya que están ubicados en lugares alejados donde se encuentran bosques y hacen que ir a visitar a sus seres queridos sea más difícil debido al acceso a estos recintos.
Alrededor de Campanario existen varios cementerios que se encuentran en sectores rurales y que tienen bastantes particularidades, vecinos del sector son los encargados de mantener este lugar en buenas condiciones y se les tiene un respeto único, ya que son muy alejados de la población.
Se ubican entre arenas y bosques casi imperceptibles que no se conocen donde queda específicamente, como no hay locomoción para ir a los cementerios, si no se tiene vehículo solo se puede llegar caminando y en eso se demora aproximadamente una hora desde Campanario al cementerio del Roble-Pangal o el de San Miguel, que son los que aún se mantienen en funcionamiento y no olvidados en la idiosincrasia y cultura.
Los que han ido desapareciendo porque los familiares de estos fallecidos también han muerto y muchas veces no queda nadie de la familia que se preocupe por estos sepulcros o también como nos afirma Matilde Jara, del sector de San Miguel, «es porque los familiares que quedan han emigrado a otras ciudades en busca de mejores oportunidades y vienen a visitar a sus seres queridos en una o dos fechas al año sobre todo para el 1 de Noviembre».
Las visitas en estas fechas se duplican según Aurelio Donoso, uno de los vecinos que visita estos cementerios regularmente, ya que tiene parientes en ambos lugares sepultados y dice que «toman vida gracias a las flores frescas y de distintos colores que adornan las tumbas que no son de ninguna infraestructura muy trabajada. Más que nada se encuentran rejas de lata o madera o simplemente están delimitadas por un rectángulo hecho con ladrillos incrustados a la tierra arenosa de estos sectores», agrega.
En cementerios o parques del recuerdo como los de Santiago se mantiene una limpieza diaria, en algunos casos transitan unos vehículos por dentro con personal que trabajan ahí, a diferencia de los cementerios de ciudad, los de estas zonas rurales son cuidadas por una sola persona, que se preocupa por la limpieza del cementerio, se encarga de que los basureros que son tarros de metal cortados a la mitad queden limpios, para que cuando las personas vayan a visitar y necesiten botar basura no la dejen tirada entre medio de los descansos de los muertos.
La infraestructura y recursos invertidos en ambos tipos de cementerios son muy dispares y esto se da así porque las tradiciones de enterrar a un ser querido es la misma en el objetivo dar descanso eterno, pero el cómo se realiza cambia el sentido en un cementerio rural que en uno de ciudad, ya que en el de ciudad prima quien tiene la mejor tumba y su mejor aspecto en los rurales prima la escasez de recursos, pero no el cariño e ingenio para construir ellos mismos las rejas de madera o metal o tener la preocupación de sus cuidados y no contratan un servicio que lo haga por ellos en los lugares rurales.
Tradiciones entorno a los cementerios rurales
Pese a las dificultades para movilizarse o para llegar a estos lugares las personas hacen todos los esfuerzos para llegar a ver a los que ya no están a nuestro lado. En la fecha del 1 de noviembre se puede ver la mayor movilización a los cementerios, se observan hileras de autos.
Según lo recopilado por el docente Zoilo Irarrázabal en su libro titulado “Junto al fogón”; el cementerio más antiguo que se puede encontrar en estas zonas es el cementerio de San Miguel de Itata, contando con más de cien años de antigüedad aproximadamente, siendo la lápida más antigua una de 1909 y el cementerio más grande en espacio corresponde al que está ubicado en Pangal.
La antigüedad de estos lugares es mucha y en estos se encuentran generaciones y generaciones de persona, contando en estos bis abuelos, abuelos, padres, hijos, tíos, entre otros.
Antiguamente las personas hacían un paseo en los primeros de noviembre, iban por todo el día de distintas maneras ya fuera en bicicleta, en caballo, carretón o a pie. Se juntaban todos los familiares y ahí decoraban las tumbas con flores y otras cosas, encima de las tumbas tiraban vino o chicha y disfrutaban de un almuerzo familiar.
Hoy en día todo eso se ha perdido, ahora tan solo se hace una o dos misas a los difuntos y se van a dejar flores a la tumba, es por esto que hacen tan interesantes estos cementerios y que no pueden quedar en el olvido.





















