Cada mes de febrero los hombres de mar del sector de la Boca del Río Maipo de Llolleo buscan potenciar este tipo de pesca y crear conciencia en la población para que no muera y se convierta solo en un recuerdo.
Autoras: Tamara González y Gisela Abarca
Diario La Ultima Letra, Colegio Gabriela Mistral
Al borde del río redes vacías esperan capturar peces, ansiosos a unos metros más de distancia se encuentra un grupo de hombres de mar que preparan todas sus fuerzas para arrastrar la pesca hasta la orilla. Esto es parte del ritual que los pescadores artesanales de la Boca del Río Maipo esperan traspasar de generación en generación para que no se convierta en un arte en peligro de extinción.
Esta tradición tuvo sus inicios aproximadamente en el año 1840 y desde ahí ha ido cruzando descendencias completas de pescadores que ejercen tal labor.
Miles de tradiciones y centenares de recuerdos se albergan en las mentes de los pescadores de orilla, Roberto Machuca, secretario general de la asociación de la Caleta de la Boca del Río Maípo, cuenta que este lugar son más de 150 años que se practica este arte de pesca, siendo la más antigua de San Antonio.
“La pesca del Chinchorro es una forma de pesca tradicional de la Boca del Río Maipo, es una pesca que se hace por orilla, es una pesca primitiva, cultural, ancestral. Aquí en esta caleta se hace por lo menos hace unos 150 años”, contó Machuca, secretario de la Caleta.
Estos hombres buscan traspasar sus conocimientos de una generación a otra enseñando a sus hijos los mecanismos para armar las redes, arrojarlas al mar y extraer los pescados.
“Yo soy la quinta generación de mi familia que se dedica a esto, he traspasado mis conocimientos a alguno de mis hijos, y ahora a mis nietos. Lo ideal es que los niños aprendan a temprana edad, aquí generalmente comienzan cerca de los ocho años”, detalló Machuca, secretario de la Caleta de la Boca del Río Maipo.
El presidente de esta agrupación Osvaldo Duarte explicó el procedimiento de esta pesca donde las redes son elaboradas a mano y alcanzan los 200 metros de largo, y una vez arrojadas al mar se necesitan 10 hombres para arrastrarlas nuevamente a la orilla.
“Arrojamos, idealmente, nuestras redes en la madrugada, antes de que salga el sol, y esperamos a la orilla del río que se llenen de pescados. Lo que más sale aquí es la corvina, los primeros que logran llenar sus redes sacan aproximadamente mil pescados, equivalentes a un promedio de 200 kilos”, relató Duarte.
Ambos pescadores aseguran, a pesar del poco interés de las nuevas generaciones y el crecimiento portuario, este arte de pesca no morirá.
“Seguimos realizándola tal como siempre, a pesar de que ha disminuido la pesca, con eso me refiero a que no salen tantos pescados como antes, y que son menos los interesados en practicarla, pero de todas formas nos aseguramos que está tradición no sea un arte en peligro de extinción”, declaró Machuca.
“A pesar de que el megapuerto amenaza con quitar nuestro espacio, seguiremos luchando por nuestro sustento familiar, y que la pesca del Chinchorro nunca deje de existir, aunque tengamos que dejar nuestra vida en la lucha con el puerto”, aseguró Duarte.
La Fiesta del Chinchorro
Desde la municipalidad de San Antonio, conscientes de la tradición en torno al Chinchorro, realizan todos los meses de febrero la Fiesta del Chinchorro, la que tiene por objetivo concientizar a la población de este tradicional arte de pesca, buscando hacerla parte de esta historia.
“No queremos que el arte del Chinchorro muera, creemos que es necesario realizar diversas actividades en torno a él, para así evitar que la gente se olvide de esta tradición tan característica de nuestro puerto”, señaló Paula Reyes, encargada de la Oficina de Turismo Municipalidad de San Antonio y organizadora de la fiesta.





















