Autor: Tomás Contreras
Diario Voces del Alba, Colegio Sol del Valle (Lampa)
Hace un tiempo transitaba, como cualquier día, y un joven se me acercó para preguntar una dirección en específico. Sin embargo, para mi sorpresa, era sordomudo, y al comunicarse en señas no comprendía lo que intentaba decir. Esto me llevó a reflexionar lo importante que es la comunicación frente a cualquier tipo de situación, sobre todo con aquellas que no se utilizan palabras.
Los sordomudos en Chile están siendo totalmente pasados a llevar. Desde el momento en que inician su vida, son afectados debido a la poca inclusión y las ínfimas medidas que se toman para su desarrollo sano y regular.
La educación para los sordomudos solo llega hasta 8° básico, por lo cual deben seguir en establecimientos para oyentes, lo que produce un quiebre en la formación de estos niños y una discriminación invisibilizada.
Aquellos jóvenes que intentan seguir adelante con sus estudios en la enseñanza media, disponen de profesores especialistas que no solo enseñan a uno, sino que también a sus padres. No obstante, esto no es suficiente, ya que el estudiante sordomudo cuenta únicamente con sus propios recursos y su propia voluntad para lograr sumarse a las clases regulares.
A mi parecer, la ley no avanza en relación a los derechos básicos de la comunidad sordomuda, y a medida que pasan los años, se logra ver que los gobiernos no demuestran interés sobre estas personas que no están siendo incluidas dentro de la sociedad, haciendo caso omiso a sus diferentes capacidades.
Es urgente que el sordomudo pueda ser integrado -siempre- con la ayuda de toda la comunidad, ofreciéndoles oportunidades equitativas o incorporando a nosotros la lengua de señas, para que de esta manera puedan experimentar su vida como la de cualquier otra persona “oyente”.


















