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Desde niño sabía que la música era su pasión y que deseaba mostrarla a través del mundo, pero nunca imaginó que sus ritmos caribeños atravesarían fronteras movidos por las dificultades sociales y económicas que enfrentaría su país.

Autores: Francisca Norambuena, Gabriela Rojas y Martín Zumarán

Diario Sin Escrúpulos y Sin Fronteras, Colegio Alborada de Curauma

Durante los últimos años, Chile se posicionó en el tercer lugar con más diáspora venezolana en Sudamérica, solo siendo superado por Colombia y Ecuador. La mayoría de los emigrantes se ven obligados a irse por la desesperación y las ansias de encontrar oportunidades que les permitan tener una vida más digna. Lo hacen cegados por el miedo y con la angustia de no tener un plan de escape detallado.

Muchas personas han visto a Chile como una buena opción para progresar económicamente y alcanzar una mejor calidad de vida. Como muchos, este es el caso de Nelson Tapias Villamizar, actual profesor de música del Colegio Alborada de Curauma, uno de los miles de venezolanos que se han visto en la necesidad de abandonar a su familia y tierras para emigrar hacia otros países en busca de oportunidades.

El docente de 34 años se trasladó desde la ciudad La Grita en Venezuela a la ciudad de Valparaíso en Chile sin más recursos que el sueño de poder apoyar a sus hijos desde la distancia, por lo que tuvo que atravesar difíciles momentos antes de adquirir la estabilidad en la que se encuentra actualmente. Tuvo que realizar trabajos que distaban mucho de su título profesional y que lo mantuvieron alejado de la música por un tiempo, todo con el objetivo de obtener una mejor proyección para su futuro.

La música en su vida

¿Por qué decidió estudiar Pedagogía en Música?

La música siempre me gustó desde niño y me gustaba aprender un poco de cada instrumento. Este mismo gusto que yo sentía quise transmitirlo a otras personas a través de la pedagogía.

¿Tocaba en alguna banda o grupo musical en Venezuela?

En Venezuela toqué en tres orquestas clásicas: la orquesta Simón Bolívar núcleo Tachira. Orquesta Santa Cecilia y Orquesta típica del Tachira. También toqué en grupos de mariachi y otros relacionados con mis ritmos favoritos: la ranchera, el merengue y la salsa.

Mencionaba anteriormente que le gustaba aprender un poco de cada instrumento ¿Tuvo que dejar alguno al irse de Venezuela?

Lamentablemente solo pude traer conmigo un violín y una mandolina. En Venezuela vendí mis guitarras y cuatro instrumentos de percusión para poder concretar mi viaje, el cual duró varios días.

El viaje

¿Qué fue lo que lo impulsó a dejar su país y escoger Chile como su destino?

Lo que me impulsó a dejar mi país fueron todos los problemas políticos y económicos que se viven en Venezuela actualmente. El dinero que recibía trabajando allá no me alcanzaba para mantener bien a toda mi familia ni asegurarles un buen futuro a mis hijos. Además, las ganancias que recibo acá en un día son las que ganaba allá en un mes. 

El escoger a Chile como país de destino fue principalmente porque me convenía el cambio, ya que Chile es el número uno en cuanto al valor de la moneda a nivel latinoamericano mientras que el bolívar venezolano está cada vez más desvalorizado».

¿Cómo fue su viaje hasta acá?

El viaje fue bastante largo y agotador, duró ocho días y tomé dieciséis buses, recorriendo distintos países para poder llegar acá. Afortunadamente no tuve ningún problema para cruzar las fronteras, lo que me tenía bastante preocupado.

Una vez en Chile, lo que me provocó mayor complicación fue sacar la Visa, pues para que me la lograran dar me pidieron tener un permiso de trabajo, y como yo estaba recién llegando, claramente no me la podían entregar. Así que me tocó empezar a trabajar en un patio de comida situado en el Mall Marina Arauco en Viña del Mar para así poder establecer un contrato y que me otorgara el permiso. Cuando lo conseguí pude, por fin, ejercer como profesor de música.

Choque de culturas

¿Cómo fue el recibimiento de los chilenos al llegar al país?

Los chilenos me han tratado demasiado bien y no tengo ninguna queja hacia ninguno de ellos durante el tiempo que he estado viviendo acá.

¿Algo que le llamara la atención casi instantáneamente que sea diferente entre ambos países?

La cultura fue una de las cosas que más me llamó la atención. La cultura de los chilenos me gusta mucho, por lo menos en la infraestructura son bastante ordenados en comparación con Venezuela. La amabilidad de ustedes también me agrada demasiado.

Respecto al idioma ¿Fue complicado entender el español que usamos los chilenos?

Sí (se ríe). A pesar de hablar el mismo idioma, en Chile ocupan palabras diferentes para referirse a algunas cosas. Por ejemplo, cuando llegué trabajé en una tienda de comida y tuve que aprender mucho. Me pedían frutilla y no sabía qué era, mucho menos palta o zapallo. Me quedé en blanco cuando me pidieron jugo de plátano con frutilla, pues en Venezuela se llama cambur con fresa.

Por otro lado, hay palabras que en mi país de origen se utilizan para nombrar elementos, pero que acá tienen un doble sentido. Por ejemplo, una vez entré en una tienda de música y vi algo que me gustó y dije «uff, tremenda corneta». Allá la corneta se le dice a los parlantes. Aquí la corneta es otra cosa.

Y en cuanto a la música ¿Cree que a Chile le falta ritmo caribeño?

Chile por estar más al sur no son tanto de merengue y salsa como nosotros… pero no por eso se puede decir que no tienen ritmo caribeño, sí lo tienen, pero hace falta desarrollarlo.

El ambiente educacional

¿Cómo llegó a trabajar al Colegio Alborada de Curauma?

Llegué al Colegio Alborada de Curauma porque necesitaban profesores especializados en música y yo en Venezuela estudié la pedagogía. Luego me llamaron a entrevista y les gustó mi propuesta educativa, además yo tengo conocimiento de varios instrumentos que acá no se trabajan mucho, por lo que podría proponer nuevas ideas las cuales involucrarían parte de la cultura  Venezolana y hacer talleres diferentes a los que ya se estaban entregando.

¿Puede nombrarnos algunas diferencias que encuentre entre la educación venezolana y la chilena?

Son muchas las diferencias y cada vez son más notorias. A medida que aumentan los problemas económicos y políticos del país, muchos docentes se ven obligados a abandonar sus tierras, por lo que muchos colegios y liceos se quedan sin profesionales. Debido a esto, muchos docentes tienen que cubrir asignaturas en las que no son especialistas y por eso la calidad de la educación se ve afectada y baja considerablemente.

¿Cuál es la principal diferencia que usted nota entre la mayoría de estudiantes de ambos países?

Los alumnos chilenos son más decididos al momento de querer hacer las cosas, no le tienen tanto miedo al fracaso como los venezolanos. Además, también está la sociedad que constantemente refleja sus miedos, por lo que los estudiantes no tienen otro ejemplo o forma de ver las cosas.

La familia y el dolor de la despedida

¿Qué ha sido lo más fuerte o doloroso de toda esta experiencia?

Lo más doloroso ha sido tener que despedirme de mi familia y dejarlos allá. Soy divorciado y tengo cuatro hijos, y marcharme de sus vidas es algo que hasta hoy me resulta muy angustiante y entristecedor.

¿Piensa traer a sus hijos a Chile?

Si Venezuela no llega a mejorar en los próximos años, volvería a buscarlos, sin dudas, para finalmente traerlos a Chile. Si logra cambiar, claro que iría de nuevo a Venezuela de vuelta con ellos.

¿Por qué no puede actualmente traer a sus hijos?

Porque están con su mamá y ella no quiere traerlos, dice que se quieren quedar allá y seguir luchando en contra del gobierno. A pesar de toda la situación por la que está pasando el país, ellos están mucho mejor económicamente, porque desde que logré estabilizarme les he enviado dinero suficiente para subsistir en buenas condiciones, pero a pesar de esto, no tienen qué comprar,  ya que hay mucha escasez en toda Venezuela. Tienen el dinero, pero productos básicos como arroz, fideos o hasta el papel higiénico no se encuentran fácilmente o simplemente no hay.

Si Venezuela llegara a mejorar, ¿Volvería a su país?

Claramente volvería, principalmente por mi familia y el arraigo que tiene uno con su lugar de origen. Por ejemplo, cuando uno está de viaje, a pesar de que estés en un lugar que te encante, siempre echarás de menos a tu país natal, porque fue donde te criaste y creciste.

Cuando vivía en Venezuela, ¿Le tocó presenciar peleas públicas?

Sí, incluso yo muchas veces salí a la calle a hacer trancas, a hacer huelgas o a tirar piedras. También recibí muchos perdigones, muchas bombas lacrimógenas por parte del ejército, pero lamentablemente nada de ese sacrificio pudo cambiar algo allá. Mucha gente moría en las protestas y eso era totalmente nefasto y abrumador.

El lado no tan bueno del viaje

¿Hay algo que realmente no le guste de Chile?

El clima. Acá gran parte del tiempo hace demasiado frío, sobre todo en las mañanas y el invierno es bastante duro para nosotros, porque somos de tierras calientes donde la temperatura es bastante alta.

Aparte de eso, creo que no hay nada más que no me guste, y no sé si es porque yo comparo mucho los últimos años de Venezuela con Chile o porque realmente no hay nada que me disguste.

Con respecto a la situación en Venezuela, ¿Qué es lo que más le ha afectado personalmente?

Personalmente, creo que lo que más me duele es ver cómo mi país ha cambiado en tan poco tiempo, la escasez de comida y que se haga oídos sordos a la disconformidad social. Además de tener que dejar a mi familia y a mis amigos para poder salir adelante de toda esta situación.

El valor de lo cotidiano y nuevas proyecciones

Así como Nelson Tapias, son muchos los inmigrantes que encuentran en Chile una recepción y nuevas oportunidades para salir adelante. Actos de valor como estos demuestran la fortaleza de muchos venezolanos que enfrentan las fronteras tanto físicas como sociales para apoyar a sus familias. Nelson reconoce que la recepción de los chilenos fue muy buena y agrega: «todos me abrieron las puertas y me han extendido la mano». Sin embargo, también reconoce que no siempre es fácil y que hay muchos inmigrantes que no tienen la misma suerte que él y que recién después de años logran legalizar sus papeles.

El profesor de música hoy se siente muy agradecido de las oportunidades y la amabilidad recibida y esto es algo que él destaca, pues , aunque se suele creer que es al revés, aclara que  «para todo los chilenos dicen «gracias» y los venezolanos en cambio somos menos agradecidos en ese aspecto.»

A pesar de las dificultades enfrentadas en el recorrido de Venezuela a Chile y el tiempo que pasó alejado de la música para obtener su visa de trabajo, el profesor Nelson Tapias nunca se ha desmotivado y hoy en día sigue haciendo aquello que le apasiona. Actualmente, se encuentra tocando con el Mariachi Sol de Oro de Viña del Mar y el dúo Barroco en la V Región.

Nelson quiso terminar su entrevista diciendo lo siguiente: “En Chile la gente se suele quejar mucho de la situación del país, y está bien de vez en cuando quejarse, pero siempre hay que luchar por algo mejor, así como nos quejamos también es bueno mirar para el lado, mirar a los países vecinos y decir no estamos tan mal después de todo”.

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