Profesor y sostenedor de dos establecimientos, que ha dedicado su vida a la educación, promoviendo en los estudiantes el interés por estudiar y alcanzar las metas propuestas.
Autoras: Martina Arrepol, Sofía Hernández, Yamna Moreno, Valentina Pino y Catalina Vargas.
Diario Generación XXI, Escuela Particular San José (San Pedro de la Paz)
José Miguel Burgos Mariángel es parte de las sociedades educacionales de dos colegios de Concepción, ambos con excelencia académica otorgada por el Ministerio de Educación y preferidos por los apoderados en el nuevo Sistema de Admisión Escolar en línea.
La entrevista transcurre en el Colegio San José, en San Pedro de la Paz, en su oficina alejada de cualquier ruido que interrumpa la conversación con este extrovertido y afanado profesor de 72 años que trabaja para que los colegios que administra cada día sean mejores, promoviendo en los estudiantes el interés por estudiar y alcanzar las metas propuestas.
Su vida escolar
¿Qué recuerdos importantes tiene de cuando era niño e iba a la escuela?
Mi etapa escolar fue enriquecida por un profesor primario llamado Washington Ermanda Cartes. Fue mi apoderado, y el de mi hermano, desde que era pequeño y hasta que salí de las Humanidades; entonces lo recuerdo con cariño y agradezco el haberlo conocido.
Confidencia que sus padres jamás fueron sus apoderados y que siempre le gustó ir al colegio. Después le siguió gustando ir a la universidad, a las capacitaciones y seminarios; a todo lo que sea aprender.
Su deseo porque otras personas gustaran de igual manera de ir al colegio junto con su proyecto de vida y su plan de futuro hicieron que lograra participar en la fundación de dos colegios, que partieron solo con los primeros cursos de la enseñanza básica y que hoy son instituciones muy reconocidas por su gestión y desde hace algunos años tienen enseñanza media.
Siempre ha buscado lo mejor para ambos colegios, para los estudiantes, los profesores y todas las personas que trabajan en ellos.
Inicio de los colegios
¿Qué lo llevó a apoyar la iniciativa de su esposa de fundar el Colegio San José?
Está casado hace 44 años con Gracira Morales Novoa y cuenta que este era un proyecto de ella y él no podía restarse.
Cuando uno se casa es para trabajar en proyectos. Yo tenía las condiciones y capacidades para apoyarla. Además de ser profesor, soy contador. Entonces podía ser un aporte en el proyecto, pues podría administrar de manera óptima los recursos que se necesitaban para entregarle a los estudiantes lo mejor dentro de las reales posibilidades económicas.
Los vecinos del colegio lo han notado porque en todos estos años se ve un inmenso avance en infraestructura, desde que comenzó con muy pocos alumnos hasta ahora que ya son más de 600 estudiantes en el establecimiento.
¿Cuándo se creó el Colegio El Refugio? ¿Cómo surge la idea de un segundo colegio?
El Colegio El Refugio se fundó en marzo de 1983, con un curso desde kínder y hasta 6° año.
La idea surge ya que me quería independizar y ser parte de la experiencia de la fundación de un colegio.
Busqué un terreno que estuviera bajo las exigencias que el gobierno tenía para la construcción de colegios en varias comunas cercanas como Chillán, Chiguayante, y Coronel, entre muchos más.
Finalmente, llegué a un terreno de Cerro Verde Bajo en Penco, donde se fundó. Posteriormente en 2008 se construyó el actual y moderno edificio.
Desempeño exitoso
¿Qué semejanzas y diferencias tienen ambos establecimientos?
Arquitectónicamente son muy parecidos, tanto en el interior como en el exterior. Que ambos tengan los mismos colores o diseños, es mi sello; al pasar por fuera la gente piensa que son bonitos y eso es algo que me enorgullece.
También son similares en lo académico; como los talleres extraescolares, el acceso a la tecnología y las exigencias escolares.
El Colegio San José está cumpliendo 37 años y el Colegio El Refugio cumplió 35 años. Poseen un sello ecológico y la destacada participación en muchas actividades comunales, provinciales, regionales e incluso nacionales.
¿Cree que es posible mejorar algún aspecto del desempeño de los colegios?
Siempre debemos mejorar. Mi propuesta de educación se basa en eso. Uno jamás puede creer que está en la cima, siempre hay algo que mejorar. Como se dice, “No hay que creerse el cuento”. Uno tiene que tratar de ser cada vez mejor.
Plantea que para formar un futuro hay que estudiar, pues es la única forma para ser mejor.
“Así lo hice yo; era una persona que iba a clases a pie pelado y con una manta. La única forma de superarnos y mejorar día a día es estudiando”, comenta con firmeza.
¿Cuál es su estrategia para lograr y conservar la excelencia académica en los establecimientos?
Mi estrategia es exigirles a los profesores creatividad, proyectos, compromiso y estar al lado de sus alumnos y así siempre todos salimos ganando. Nosotros como colegio, los jóvenes como estudiantes y sus papás como apoderados.
¿Qué sentimiento experimenta al saber que sus colegios están muy bien evaluados a nivel comunal e incluso regional, en el caso de El Refugio?
Una inmensa alegría. Se me hincha el pecho de orgullo pues en el colegio tengo gente muy buena y yo también tengo que ser solidario con ellos, debo estar al lado de los profesores, defenderlos cuando corresponde. Yo me la juego por los profesores, defiendo lo que tengo y así ha sido siempre.
¿Cómo es su relación con los alumnos?
Me encanta ir en los recreos y mirar a los chiquillos corriendo, jugando y divirtiéndose en sus ratos libres. Es una satisfacción tremenda ver cómo ellos lo disfrutan; me gusta conversar con ellos.
Enseñanza media
¿Qué predominó en la decisión de implementar la Enseñanza Media en los colegios?
Nuestros alumnos se lo merecían.
Solo esa idea fue su argumento. Cuenta que decidió implementar la enseñanza media para que los alumnos continuaran sus estudios, sin tener que abandonar el lugar donde ya llevaban años de formación, cumpliendo con las expectativas de mucha gente.
En el Colegio El Refugio la primera generación de cuarto medio egresó el año 2012, mientras que el colegio San José, en el año 2016.
Detalló que se sintió muy orgulloso. Era la finalización del ciclo para los estudiantes y el tener la satisfacción de tener una enseñanza media implementada en ambos colegios.
Al servicio de la comunidad
En Lomas Coloradas, usted facilita el uso del colegio a la comunidad. ¿Esto también ocurre en el colegio de Penco?
Sí, también ocurre, es idéntico. Nunca cobro un arriendo. Lo único que pido a la institución que lo solicita es el compromiso de pagarle a los auxiliares que colaboran abriendo y cerrando el colegio y rondando en el lugar y además cuidar las instalaciones y colaborar en mantener el aseo.
¿Por qué razón comparte sus establecimientos con la comunidad?
Los colegios no pueden ser una isla. Tienen que estar integrados a la comunidad. No puedo cerrar los ojos, no mirar para al lado y fijarme que puedo ayudar a otra institución; son cosas que a mí no me van a costar nada.
Principalmente he ayudado a los grupos evangélicos. Son una especie de amigos, porque son ordenandos, dejan todo impecable y se hacen responsables de todo.
Explica que el colegio se debe cuidar, porque no es de él, sino de todos los alumnos de ahora y de los niños que a futuro llegarán.
Las consecuencias de la reforma
¿Cómo afectó a ambos colegios la reforma educacional?
Me afectó en la gestión. Me quitaron el poder de decisión. No puedo disponer libremente de los recursos económicos como antes para poder manejar un colegio.
No ha favorecido en nada; ha hecho que no pueda seguir con mis planes de crecimiento. Mi afán de crecer se está terminando por estas modificaciones.
En la etapa de postulación en línea al Sistema de Admisión Escolar, el Colegio San José ¿estuvo entre las preferencias de los sampedrinos?
Sí, me informé y en total son 788 niños que quieren ingresar al colegio. Tomé once con mi abogado y me dijo: “Don José, su colegio es uno de los que tiene mayor cantidad de postulantes”.
La gente de distintos sectores de San Pedro nos prefirió.
Sello ecológico
¿Qué importancia le da al sello ecológico del Colegio San José?
En el sello ecológico está mi señora, mi compañera de tantos años. Ella siempre ha soñado con que todos tomemos importancia a la ecología y yo la he ayudado y es un sello que también queremos transmitir a los alumnos a través de las generaciones para que tengan un mundo más agradable.
El establecimiento, entre sus talleres, tiene el de Forjadores Ambientales que se preocupan de acciones ecológicas, como el cultivo de un huerto escolar que les enseña tanto el valor del cultivo de vegetales de manera natural, como la importancia del trabajo constante.
Los alumnos semanalmente van realizando sus actividades de acuerdo al tiempo agrícola. Por lo que hay fechas en que siembran, desmalezan, riegan o cosechan las lechugas, habas, arvejas, cilantro o cualquier otro cultivo.
Luego se llevan estos productos hasta sus hogares y los comparten con sus familias. José Burgos quiere que a través de los talleres todos sus alumnos descubran sus talentos; dice que “si no tienes oportunidades, nunca encontrarás tu don. De esta forma cada estudiante tiene la oportunidad de saberlo.”
Sueños personales
Él vive completamente feliz, pues todos sus sueños como profesor y sostenedor están cumplidos.
Sin embargo, manifiesta que algo que le impide estar tranquilo es que su esposa, no ha estado bien de salud durante este tiempo.
Más que nada desea que mejore su salud; es lo único que pide para disfrutar de todo los sueños alcanzados.
La apicultura, un pasatiempo que lo conecta con el cuidado del ecosistema
En su tiempo libre, que no es mucho, porque es más bien “trabajólico” y en la tranquilidad de su casa, que se encuentra en el sector de Lomas Coloradas, a pocas cuadras del Colegio San José, se dedica a la apicultura.
Tiene 38 familias de abejas en un apiario al que le dedica tiempo y afecto.
Piensa que es importante transmitir a las futuras generaciones el aporte que hacen las abejas al medioambiente y los beneficios que el ser humano puede obtener de ellas.
Explica que de ellas no solo se puede obtener la miel, rica en proteínas y otras propiedades, sino que son fundamentales para la agricultura, debido a su rol en la polinización y reproducción de las verduras y frutas y, por ende, en la producción de alimentos.
Él cosecha la miel de estas obreras naturales y las usa para el consumo en el hogar y también comparte el delicioso producto con familiares y amigos más cercanos.
El apiario está en la huerta de su casa, en medio de las melgas de porotos, arvejas, habas, papas, cilantros y muchas otras verduras. También hay flores nativas como chilcos, además de árboles frutales como parrones, ciruelos, nísperos, duraznos y manzanos.
La idea de él y su esposa es tener una huerta sustentable que les permita proveerse de verduras y frutas, al mismo tiempo que crean un hábitat ideal para que las abejas tengan el alimento necesario para producir la miel, que extraen de las flores de todos estos sembrados.
Por eso se preocupa de limpiar los panales, colocar antibióticos para combatir las plagas y parásitos, administrar propóleo o agua con azúcar cuando escasean las flores, para que se puedan alimentar y no peligre su vida.
El tema le apasiona y más que un pasatiempo que lo distraiga de su rutina, es parte de su forma de ver la vida y su manera de aportar al equilibrio del ecosistema.
“Como dijo Einstein, si se mueren las abejas solo nos quedarán un par de años de vida. Por eso las cuido, son pequeñas, pero importantes” declaró a Diario Generación XXI al cierre de esta entrevista.





















