Por: Mía Pincheira
Diario Ecos en tinta, Colegio Juan Luis Undurraga (Quilicura)
“Ay no llores, no seas niña”, «no puedes jugar a la pelota», «las mujeres tienen que ayudar en la casa». Durante la mayor parte de mi infancia he oído comentarios de este tipo, entre los niños y hombres adultos.
¿Acaso llorar nos hace más débiles? ¿Acaso por ser niña no puedo jugar juegos de “niños”? ¿Los juguetes tienen género? ¿Los hombres no pueden lavar la loza o recoger los platos? Parecen preguntas absurdas y sin lógica para mí. Llorar nos hace humanos, no mujeres, ni débiles por serlo. Los juguetes son juguetes para todos. En mi casa todos intentamos ayudar en todo.
Creo que los estereotipos de género se han construido, lamentablemente, gracias a personas que han mantenido prejuicios sobre las mujeres durante años. Sin embargo, muchas de ellas se han atrevido a ser lo que les dijeron que no podían ser.
Al investigar sobre aquellas mujeres «rebeldes», me encuentro que en el área de las ciencias, la primera mujer en estudiar una carrera preferentemente masculina, como medicina, fue en 1880. A mi parecer muy tarde. Apenas llevamos 139 años estudiando.
Otra mujer científica en ser la primera en ocupar un cargo «de hombres» fue Michelle Bachelet, primera Presidenta de la República, en el año 2006. Apenas 13 años atrás ¿Acaso no es indignante que nos encontremos en el inicio de la historia de la mujer en pleno siglo XXI? ¿Cuánto falta para la equidad?
En los últimos análisis SIMCE 2018, los resultados de género reconocen que sí se manifiestan diferencias en el desarrollo personal y social entre mujeres y hombres. Sin embargo, establecen conclusiones generales a partir de estereotipos de género.
Según estos resultados, la brecha entre hombres y mujeres en matemática ha ido desapareciendo. Esto indicaría que las mujeres estarían aumentando su involucramiento en un área tradicionalmente asociada a los hombres, lo que podría indicar un avance. Una posibilidad de romper los prejuicios y los estereotipos, y hacernos camino como mujeres científicas.
Frente a este escenario donde la equidad se ve muy lejana pero posible, me pregunto ¿Quiénes son los, o las, o les responsables de generar la equidad?. Sin duda es una responsabilidad compartida.
En la escuela, liceo y universidad, tanto los profesores, como los estudiantes tienen la responsabilidad de visibilizarnos. En clases de matemáticas y ciencias pueden darnos la palabra por sobre la de nuestros compañeros. Hágannos participar más. Hablar más.
Para lograr poder desarrollarnos en áreas científicas, necesitamos que los prejuicios desaparezcan por completo, para generar la confianza en nosotras mismas, sabiendo que tenemos las capacidades necesarias para ser médicxs, astrónomas, químicas, ingenieras y políticas exitosas.
En nuestras casas, todos podemos realizar las labores del hogar por igual. En la calle y vecindarios, protejámonos entre todes. En los trabajos y en la política, llegó la hora de hacer un cambio y reconocer a las «primeras»mujeres es sus labores.
Gracias a todas esas primeras mujeres. Gracias a ellas pudimos llegar a ser lo que somos y seremos en el futuro. Yo con mis 12 años de edad quiero llegar a ser piloto de la fuerza aérea y mi compañera con 13, quiere ser pediatra.
Queremos llegar a cumplir nuestras metas o sueños sin problemas con respecto a las carreras “masculinas” y ojalá en el futuro no existan complicaciones ni obstáculos como un «tú no puedes porque eres mujer» para lograr nuestras metas. Estamos ansiosas por lograr lo que queremos.





















