Autora: Aracely Zúñiga
Diario Relatos Victorianos, Colegio Victoria Prieto (Santiago)
Durante las últimas clases de sexualidad en Biología, he pensado respecto al contraste entre la enseñanza de mi actual colegio y el antiguo. Antes, aprendí con marcianitos y abejitas. Ahora, aprendo con ejemplos reales. Mis compañeros me cuentan que en 7° básico aprendieron cómo usar un condón. Cuando cursé ese mismo año, yo no aprendí eso. Me parece preocupante que de un establecimiento escolar a otro las diferencias sean tan grandes.
¿Qué es lo que podemos aprender a través de la educación sexual? Diversas cosas, como las infecciones de transmisión sexual (ITS), las enfermedades de transmisión sexual (ETS), métodos anticonceptivos y su utilización. Lamentablemente, Chile presenta un bajo nivel educativo en este ámbito, puesto que se considera a la sexualidad como un tabú. De hecho, según el Primer Informe sobre Salud Sexual, Salud Reproductiva y Derechos humanos en Chile (2016), nuestro país es el menos avanzado en estas materias.
En mi experiencia personal, la educación sexual fue un tema prohibido. Se le obvió y reemplazó por pinceladas de la materia. A mi parecer, es preciso que los colegios enfaticen la educación sexual desde los cursos más pequeños, para que así estos crezcan con un pensamiento informado y crítico. Actualmente, en Chile la educación sexual solo es obligatoria en enseñanza media, etapa en la que ya es muy tarde para recién comenzar a hablar sobre estos temas.
De acuerdo con un estudio de Conicyt (2017), la actividad sexual en jóvenes ha aumentado en Chile, y se registra una baja en la edad en que los y las adolescentes comienzan a tener una vida sexual activa. A los 15 años de edad, el 23% de ellos declara tener relaciones sexuales (Ministerio de Salud), lo que nos indica la necesidad de una mejor educación. Varias declaraciones de adolescentes nos dejan de manifiesto la gran ignorancia que poseen respecto a este tema. Lo mismo sucede con los embarazos en adolescentes, los que en su mayoría son no deseados. Esta es una clara consecuencia de la falta de educación sexual. Nuestro sistema omite este tópico y cree que esto solo concierne a los adultos, cuando no es así.
Asuntos tan importantes como las enfermedades de transmisión sexual y sus métodos de prevención deberían ser habituales. Así también nuestra sociedad normalizaría estos temas y dejaría de tratarlos con miedo y vergüenza. Al menos, en mi entorno, tengo muchos amigos que ya comenzaron su vida sexual y aún no saben nada sobre todo lo anterior. A veces podemos creer que son las propias personas quienes deciden mantenerse en la ignorancia. Sin embargo, si nos ponemos a pensar bien en la situación, la educación en estos temas no existe. Probablemente, esto se deba a que en los establecimientos educacionales los planes de educación sexual se escogen de acuerdo a lineamientos ideológicos. A veces estos están anquilosados en la abstinencia, más que en la educación reflexiva, crítica y emocional.
Chile debería tener otra postura, pues existen menores de edad que comienzan su vida sexual sin ningún tipo de cuidado. Aunque la formación también debería darse en casa, no siempre es así. ¿Acaso no pensamos en las familias que por “proteger” a sus hijos de esas situaciones, para no dañarles la “inocencia”, prefieren ocultar la realidad? Pero, aunque no debería hacerse de esta manera, porque el único afectado será el adolescente, sucede.
Finalmente, creo que los establecimientos educacionales deberían ser los responsables sociales de formar íntegramente a las personas, cubriendo las falencias o diferencias de valores en casa. El Estado debe hacerse cargo de formar en estas materias a los docentes y de entregar los recursos necesarios para ello. Necesitamos una educación sexual centrada en la información y no en la idealización que nos ha creado la industria pornográfica.





















