El fútbol no es el único deporte para practicar

El fútbol no es el único deporte para practicar

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Por: Maite Urrutia Yori

La Gazzetta della Scuola, Scuola Italiana Alcide De Gasperi  (La Serena).

Aquel día mientras disfrutábamos de las vacaciones de invierno, mi padre, mi hermana y yo, encendíamos la televisión, no para ver el tan esperado último capítulo de la serie de moda, tampoco el estreno de una película, se trataba de algo “mucho más exótico” un par de canales se habían atrevido, habían osado desafiar al amo y señor de las multitudes, extrañamente descubrimos que más allá del fútbol, existen un sinfín de hermosos deportes.

Si bien, no soy fanática de la actividad física en general, me dejé sorprender a mí misma varias veces mirando emocionada la pantalla cuando filmaban en vivo y en primer plano el esfuerzo de cientos de deportistas, el final de un duro partido de hándbol, vóleibol o tenis; la reacción de una gimnasta al recibir la puntuación que ella deseaba, o aquel grito de María Fernanda que estremeció Chile desde Arica a la Patagonia, porque me conmueve ver la alegría y satisfacción pintada en los rostros de las personas que han dedicado años de su vida para entrenar su cuerpo hasta el límite y poder así obtener la victoria. Por eso he de destacar orgullosa la participación de los atletas que dieron la cara por nuestro país en los últimos Juegos Panamericanos celebrados este 2019, en Lima, Perú.

Me parecía insólito saltar en el sillón con una precisa llave, Thomas Briceño ganaba el oro en judo, deporte que en mi vida había visto, sin embargo, la emoción nos mantenía en vilo, “¡Así se hace!” decía mi viejo, mientras mi hermana menor apuraba su coca cola, y yo acababa nerviosamente con el último saldo de uña en mi meñique, cada uno con su ritual, ese día había permiso para ver televisión hasta que el árbitro tocase el silbido final, y si llegábamos a ganar, cosa que nos mantenía aferrados al sillón, incluso podríamos ver cien veces la repetición de lo mejor de la jornada.

Cuando se gana tendemos a hablar por un largo tiempo del buen momento de Chile, cómo se prepararon, destacando siempre a las maravillas de nuestro team, la fuerza de Valdés, la eficacia de los primos Grimalt sobre la arena, el aplomo de Jarry y Guarachi en la arcilla, la velocidad endemoniada de las bicicletas de Peñaloza y Cabrera. En el triunfo, el análisis siempre es más simple y amable, somos así de tropicales, como diría alguien por ahí, “es nuestra idiosincrasia”, pero si el resultado no nos acompaña ¿Seguimos siendo tan incondicionales? La respuesta es NO, porque  rápidamente pasamos de la euforia a la frustración. Nos sentimos derrotados y todo Chile se viene abajo, nos faltó más garra, más apoyo estatal, esperamos la repetición para tener a quien culpar, la verdad es que la marraqueta repentinamente se añejó y el café tomó un sabor agrio retomamos lo que somos: tropicales de tomo y lomo, sin término medio, o bien cocido o totalmente crudo.

La verdad es que el objetivo de estas líneas son destacar que existe un mundo más allá del horizonte mediático y mercantilista del fútbol, para mí, el gran ganancial que nos dejaron estos Juegos Panamericanos, fue el haber divulgado especialidades, hasta ese momento inexistentes en mi neófito mundo asociado a la disciplina física.

Esta competencia, en mi humilde opinión, tuvo una tremenda organización, acercando todo tipo de deportes a una teleaudiencia ávida, sin saberlo, de alternativas; sólo para tener una meridiana idea, este año se presentaron 1890 deportistas venidos desde 33 países diferentes. Chile aportó a esta considerable cifra con 317 atletas que demostraron todo su talento y esfuerzo. Nuestro país rompió su propio récord, consiguiendo la mayor cantidad de medallas doradas en una edición de este torneo continental. Sin duda, espero de corazón que esto sea un aliciente para que más niños comiencen a soñar con saltos, estocadas y carreras hacia los sueños cumplidos.

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