Por: Sofía Marchant
Diario Melforcitos, Colegio Particular Melford College (Quilicura).
Para contextualizar el tema que abordaré en mi columna, lo primero que debo aclarar es que el título responde a que Quilicura, es una comuna ubicada al norte de Santiago, nos caracterizamos porque somos una comuna diversa, en este último tiempo, muy diversa, lo que ha ido evolucionando con el tiempo.
Antes veíamos grandes estancias con campos y sembrados, hoy somos una comuna urbana y con un marcado acento multicultural, o al menos nuestras autoridades dicen que somos una comuna que promueve la diversidad. Disposición por la que se ha ganado algunos premios y reconocimientos, Quilicura ha sido reconocida como: “Ciudad Solidaria” por ONU, a través de Acnur y “Sello Migrante” por parte de Departamento de Extranjería del Ministerio del Interior. Sin embargo, creo que lo que vemos en el norte es un poco diferente.
Si salimos a caminar, en cualquier dirección en nuestra comuna, podemos observar su multiculturalidad, puesto que podemos observar diversos colores de piel, diversos lenguajes o acentos. Desde diversas instancias, entre ellas el Municipio, se busca brindar apoyo “a quienes llegan a vivir a nuestra comuna, facilitando su inserción social y asegurando el respeto de sus derechos fundamentales, mediante programas que proporcionen una adecuada información, orientación, asesoría, acompañamiento y vinculación con diferentes redes de apoyo”. No obstante, la realidad en el trato cotidiano que damos a nuestros nuevos vecinos, difiere del papel.
Me parece horrible que hoy en día nuestra población tenga un doble estándar, ya que mientras se habla de tolerancia y de abrir las puertas al extranjero, en las comunidades y entre las personas, lo que vemos es absolutamente diferente.
Cuando miramos lo que ocurre en América en general, y vemos algunos gobernantes que tienen discursos anti inmigrantes solemos criticarlos y decir que prácticamente son demonios; sin embargo, no hay que ir muy lejos para darnos cuenta de cuál es la realidad en Chile.
Cuando tomó un micro en mi propia comuna, puedo apreciar que se encuentra una gran variedad de nacionalidades y culturas. Lamentablemente, esto lejos de alegrar a las personas, produce un rechazo, que se aprecia diariamente. Por ejemplo, al ver que el asiento que queda vacante cuando se baja un inmigrante, no es ocupado. Así también he notado que se les mira con desprecio, se les huele, se les trata como ciudadanos de segunda categoría y reclaman por qué están llegando en masa, se les achaca la responsabilidad del aumento de la delincuencia y, sumado a lo anterior, los hacemos responsables de nuestra desocupación laboral al expresar que ellos vienen a quitarnos nuestros puestos de trabajo.
Todo lo anterior, representa una incoherencia de parte de los chilenos, porque el trabajo que están tomando los trabajadores inmigrantes, no se les está quitando a los trabajadores nacionales.
¿No se han puesto a pensar las personas que es por alguna razón, algún problema en el trato, algo que están haciendo mal, que hace que se prefiera la amabilidad de un inmigrante?
Hay que pensar que no podemos hablar acerca del mal trato que le dan a los inmigrantes en el extranjero y apreciar a personas que miran con desprecio y se aparta de la población, se alejan de la persona que va sentada al lado de su puesto en el micro. Todo eso demuestra que somos tan racistas como los líderes de grandes países, a los que criticamos.
La idea es que no los tratemos como bichos raros, hay que respetarlos, porque al igual que nosotros, son personas y la historia nos ha enseñado que nosotros también somos inmigrantes en el mundo. Numerosos chilenos se encuentran en otros países y esperamos que si nosotros en el futuro tenemos que viajar y tenemos que encontrarnos en otros lugares, seamos tratados con el mismo respeto que nosotros NO estamos dando en nuestra comuna ni en nuestro país.





















