Por: Andrea Mendiolaza
Diario Inford, Melford College (Quilicura)
Según datos del INE, actualmente existen más de un millón de inmigrantes en Chile, lo que generó que muchas costumbres extranjeras se instalen en Chile. Vivo en Quilicura, comuna que recibe a muchos haitianos, quienes han generado respuestas positivas y negativas por parte de los vecinos, quienes no están acostumbrados a ver a personas de diferente cultura o nacionalidad. Hoy los veo en la micro y en la calle y muchos no viven muy bien.
Pese a que el Estado ha creado programas como “Chile, la cancha donde jugamos todos”, que promueve la integración pacífica de inmigrantes, me doy cuenta de que los problemas sociales y culturales siguen. Pensando en mi comuna ¿qué sentirán muchos haitianos, población inmigrante que llega en gran cantidad a la comuna, en un país donde muchos los “miran en menos” o donde ocupan trabajos mal pagados?
Sobre esto, muchos especialistas mencionan que se han integrado al trabajo, aunque, según una noticia que apareció en Emol, un 48% de los haitianos se han sentido discriminados en la calle. No hay que mirar más allá para darse cuenta de que muchos no están integrados a la sociedad chilena. Muchos se instalan en plazas o calles, con carpas completamente improvisadas, sin seguridad alguna, recibiendo malos tratos.
Reconozco que esto significa un desafío importante para nuestro país, porque tiene que existir trabajo y espacio en los colegios para todos los haitianos que llegan. Pienso que lo más importante es preocuparnos de los niños inmigrantes y de cómo se sienten, por lo que me pregunto: ¿qué sentirán niñas como yo en los colegios de Quilicura donde todos las miran o insultan por ser distintos? Yo me sentiría muy mal si me dijeran algo feo por mi color de piel o no me aceptaran por venir desde otro país.
Pienso que deberíamos valorar a los niños y niñas de migración haitiana que llegan a nuestros colegios para que se sientan acogidos. Es un desafío para nosotros como alumnos que podamos hacerlos sentir bien y que no lleguen tristes a sus casas. Podemos compartir con ellos, aprender algunas de sus palabras, que nos enseñen juegos que hacían allá en Haití y algunos bailes entretenidos. También nos pueden enseñar algunas comidas o productos típicos que utilizaríamos si nos gustan. Ya que si el colegio no es el espacio para compartir con otros ¿cuál sería ese espacio? ¿tendríamos la posibilidad de escuchar a otros que son distintos? Creo que sí y muchos haitianos que llegan pueden ser un aporte para nosotros y nosotros para ellos. También podríamos enseñarles la cueca, comidas típicas o palabras como el “bacán” o “cachai” que yo siempre utilizo.
Finalmente, pienso que la llegada de la interculturalidad no es un problema, sino una posibilidad para darnos cuenta de que todos tenemos los mismos derechos y que, más allá de nuestra nacionalidad, podemos convivir con nuestras diferencias.





















