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El bioquímico y posterior doctorado en Cambridge, después de especializarse en el extranjero, decidió optar por enseñar a estudiantes de enseñanza media de un colegio de Santiago.

Autoras: Ignacia Mora y Catalina Zúñiga

Diario Relatos Victorianos, Colegio Victoria Prieto, Santiago centro.

Escoger pedagogía como opción es un desafío. No solo por la precarización que ha sufrido esta profesión en los últimos años, sino también por la significativa diferencia de sueldos en comparación a otras carreras. No obstante, el reto es aún mayor cuando la decisión se toma luego de haber estudiado y ejercido otra profesión antes. ¿Qué puede motivar a alguien a cambiar su vida? Esta es la historia acerca de cómo una persona optó por trocar el intrincado mundo de los laboratorios por el vertiginoso mundo de las salas de clases.

Camilo Navarrete tiene 33 años y es bioquímico, graduado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Realizó un Magíster y, posteriormente, estudió becado un Doctorado en la Universidad de Cambridge. Ha logrado variadas publicaciones en revistas académicas, aspecto muy relevante en su carrera de investigador. Una de estas últimas fue en la revista Neuron.

Debido a su profesión y a su constante empeño por mejorar ha viajado a distintos países. Sorprendentemente, Camilo es la primera generación en su familia en realizar estudios superiores. Sus padres siempre le inculcaron la importancia de la educación. Sin embargo, actualmente, él no se encuentra trabajando en un laboratorio, como podría imaginarse. Muy lejano a ello, al retornar a su país natal, Chile, decidió optar por un nuevo camino: la pedagogía.

“Siento que puedo contribuir en algo concreto a la sociedad y que, de alguna forma, puedo utilizar mi experiencia como científico al enseñar ciencias. Son miradas distintas” expresa de forma enérgica el bioquímico, al preguntarle respecto a su motivación por la enseñanza en las aulas.

Un cambio en el camino

Actualmente, Camilo Navarrete ejerce como profesor de Química y Física. Trabaja en un colegio adherido a la gratuidad y de escasos recursos, con un Índice de Vulnerabilidad cercano al 89%. Además, está estudiando pedagogía en la Universidad Alberto Hurtado. Esto quiere decir que, luego de un arduo día de enseñanza, Camilo se dirige a estudiar en horario vespertino para poder obtener su título de profesor.

Durante sus clases demuestra una verdadera convicción por enseñar. Intenta motivar a sus alumnos al combinar su disciplina con otras áreas de conocimiento. Ansía, ante todo, relacionar los gustos de sus pupilos con el aprendizaje de las ciencias. Al respecto, comenta que en lo personal le gusta instruirse de todo lo que pueda. Esto es lo que desea inculcar en sus estudiantes.

“En mis tiempos libres intento aprender de áreas disciplinares que son distintas a las mías. Uno de los hobbies más grandes que tengo es tratar de informarme sobre las artes y cosas similares” comenta con pasión el profesor. Ahora mismo, por ejemplo, se encuentra en medio de las páginas de Rayuela.

A sus estudiantes, e incluso a sus propios colegas, les llama la atención que una persona con un currículum tan sobresaliente haya optado por las aulas. ¿Qué lo motivó a escoger la pedagogía como opción? Al indagar en sus primeros años en la educación superior, el profesor reconstruye los pasos que lo llevaron a cambiar su camino.

¿Cómo fueron sus primeros años en la universidad?
Mi experiencia fue un poco compleja. Al ser la primera generación en la universidad no tenía los conocimientos que propiamente se obtienen por un capital cultural familiar. Es muy distinto tener un buen puntaje PSU que ser un buen estudiante. En ese sentido tuve muchos ramos en los cuales no me fue bien a pesar que yo era un alumno de promedio 6.9 en el colegio. Claramente el golpe fue bastante grande.
En mi área, que era ciencias exactas, comencé a ingresar rápidamente al trabajo en los laboratorios. Esto me trajo como consecuencia no juntarme tanto con mis pares. Sin embargo, al mismo tiempo, fue una buena experiencia ya que logré obtener resultados muy pronto y publicaciones internacionales. No obstante, insisto, esto me alejó del contacto con mis compañeros de carrera.

El desencanto puede ser el primer paso
El primer gran cambio en la vida del profesor Camilo Navarrete ocurrió mientras estuvo estudiando en una prestigiosa universidad extranjera. Allí, por primera vez, se sintió decepcionado de su área de estudio. Lejano a lo que todas las personas podrían esperar de una experiencia como esta, Camilo se dio cuenta que, probablemente, la academia no era el camino que quería seguir.

Estudiar en el extranjero es un sueño para todo estudiante, ¿qué fue lo que desilusionó específicamente?
La idea que yo tenía como ciencia en ese momento de mi vida, era una idea que se formuló en los años 80. Sin embargo, la masificación de la cobertura de planes de Doctorado ha hecho que en cierta medida los niveles educacionales de las universidades prestigiosas e internacionales haya disminuido enormemente. Es por eso que estas instituciones no necesariamente tienen estudiantes de doctorado que sepan más que estudiantes de pregrado de una universidad chilena.
Además, la idea de una academia prestigiosa en la cual había un deseo por el saber ha cambiado bastante. No digo que no exista, sin embargo, no fue lo que yo experimenté. En conversaciones con mis pares que tuvieron una situación similar, era algo común encontrarnos con gente que no leía, que solamente salía a pasear, a visitar lugares exóticos en los países que estaban. Pero más allá de eso no había un verdadero deseo académico.

Del laboratorio al aula de clases

Posterior a su decepción, Camilo no optó por el abandono. Intentó, más bien, ampliar sus horizontes y conocerse a sí mismo en nuevos ámbitos. El camino a la pedagogía apenas se vislumbraba en el horizonte, aunque ya amanecía de manera incipiente.

¿En qué momento decidió dedicarse a la enseñanza?
Fue un camino bastante largo. Primero, Conicyt recortó los fondos para mi investigación, por lo que no pude continuar. Eso se sumó a mi desilusión anterior. Por todo esto, decidí dar un paso al lado y tratar de buscar un nuevo rumbo. En el año 2018 hice una pequeña empresa que tenía que ver con modelos anatómicos para prácticas quirúrgicas. Mientras hacía todo esto me di cuenta que lo que me gustaba realmente era enseñar. Recordé que, durante el tiempo que estuve en la universidad lo que más me gustaba hacer eran las ayudantías. Enseñar a personas que venían recién llegando a los laboratorios.

Los cambios también enseñan

Al final del escampado trayecto, el profesor Camilo reflexiona respecto a cómo la pedagogía lo ha cambiado profundamente. No solo ha aprendido los trámites burocráticos de la profesión, sino que también ha debido adaptarse a sí mismo a las exigencias de un quehacer tan absorbente a nivel emocional. Afirma que, en un principio, le costó muchísimo comenzar a hacer clases y a relacionarse con otras personas. Esto, debido a que el trabajo de años en un laboratorio lo acostumbró a la soledad. Al respecto, considera que, a diferencia de su profesión anterior, “ser docente es ser para otro”, lección que debió aprender a medida que comenzó a enfrentarse a sus estudiantes en la sala de clases.

“Puedo decir que he cambiado, me he vuelto más tolerante. Antes era una persona sumamente rígida. Me centraba solamente en mi pensamiento. Ahora, haciendo clases, tengo que tomar una postura distinta. No puedo oponerme de golpe a las ideas de mis estudiantes, pues ellos están en un proceso de aprendizaje, de descubrimiento. Son personas que estoy formando y está en mis manos el que puedan aprender o no. Debo ser un modelo. Por lo tanto, creo que toda esta serie de cambios, errores, y decepciones han llevado, en cierta medida, a estar aquí tratando, de alguna forma, poder orientar a las personas en su proceso vocacional. Más allá de estar enseñando simplemente contenido. Este a la larga se olvida, es volátil y superfluo si no se conecta con el interés de los estudiantes”, explica emocionado el docente.

Finalmente, se ríe del irónico destino que lo llevó a ser profesor de Química y Física, cuando, en medio de su relato, afirma haberse “echado” varios ramos en la universidad relacionados con estas disciplinas que hoy enseña: “cómo se dan cuenta, las vueltas de la vida son bastante grandes”.

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