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Más conocido por su cargo de coordinador de la actividad extraescolar, este profesor de artes visuales combina la organización de campeonatos de cueca, deportivos y culturales con una de sus grandes pasiones: el rescate de la historia y el patrimonio.

Por  Iory Arévalos y Sebastián Sáez.

Diario El Rigobertiano, Liceo Polivalente Doctor Rigoberto Iglesias Bastías de Lebu.

Nació en Lebu. Orgulloso señala que es cuarta generación de lebulenses y tiene antepasados que se dedicaron al periodismo y otros que participaron en la Guerra del Pacífico.

Está casado hace 23 años con María de la Fuente Ortega y tiene dos hijas: Valentina y Rocío.

Sus padres son Mario Garcés Vargas, profesor de Historia y Ana Luisa Faúndez, profesora de Castellano. Ambos están jubilados pero jugaron un importante papel en la educación de Lebu. Su madre fue directora provincial de Educación y su padre fue director del Liceo Polivalente Doctor Rigoberto Iglesias.

Entre campeonatos de cueca, deportivos y culturales. Así transcurre la vida de este profesor de artes visuales, egresado de la sede Temuco de la Universidad de Chile (actual Universidad de la Frontera) y que hace 10 años fue invitado a dejar las clases en el Liceo Isidora Ramos para ocupar el cargo de coordinador del Área Extraescolar del Departamento de Educación Municipal de Lebu (DAEM Lebu).

Actualmente, este profesor, próximo a cumplir los 60 años, que no representa,  combina su actividad de coordinador extraescolar con una de sus grandes pasiones: el rescate patrimonial de Lebu.

“¿Qué mentira quieren que les cuente?”, con esa frase recibe Víctor Hugo Garcés al equipo del diario El Rigobertiano.

¿Es cierto que usted sabe mucho sobre el patrimonio de Lebu?
Sí. ¿Qué mentira quieren que les cuente? (vuelve a insistir).

¿Cómo empezó su interés por el rescate del patrimonio de Lebu?
Hace unos 15 años. Como profesor de artes visuales en el liceo Isidora Ramos, comencé a sacar a los alumnos a terreno para que realizaran dibujos de las casas antiguas de Lebu. Este era un tema que siempre me había llamado la atención. Posteriormente vino otra etapa en que los alumnos entrevistaron a los moradores. También pegamos carteles sobre las casas e hicimos las maquetas de esas casas. Finalizada esta etapa me interesé en saber más sobre la historia de esas casas y pasé casi todo un verano en el Conservador de Bienes Raíces de Lebu revisando escrituras hasta obtener la información de los propietarios originales.
Con toda esa información, junto a mis alumnos, realizamos unas fichas de cada casa. Desde aquel entonces en Lebu comenzaron a conocerse casas como la Ebensperguer, Rocha o Proessel, según el apellido de los primeros propietarios. Luego, el proyecto ganó un concurso de buenas prácticas urbanas del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) que me permitió acceder a una pasantía de nueve días en Brasil para conocer experiencias de rescate patrimonial y luego poder replicar en Lebu.

¿Por qué le interesaron las casas de Lebu?
Son importantes porque representan el legado de la industria carbonífera y ferroviaria de Lebu. Dos actividades que ya no existen en nuestra ciudad.

El túnel ferroviario.

El profesor y orgulloso lebulense hace más de diez años que organiza caminatas al túnel ferroviario La Esperanza, que tiene una extensión de 230 metros y fue construido en 1912 como parte de un ferrocarril carbonífero privado, y luego estatal, que unió a Lebu con Los Sauces (Región de La Araucanía) y que permitió conectar a los habitantes de Lebu, Los Álamos, Cañete, Contulmo y Purén con el interior del país, cruzando la Cordillera de Nahuelbuta. Este ferrocarril estuvo operativo hasta el año 1985.

En este recorrido “partimos desde el liceo Isidora Ramos y tratamos de seguir lo que queda de la faja vial del ferrocarril que unió a Lebu con Los Sauces. Recuerdo que iban las señoras con sus hijos pequeños y ahora están más grandes. Generalmente hacemos una celebración con globos y concursos. En el túnel las personas recuerdan los días en que viajaron en el tren y pasaban por ese túnel. Me gustaría declarar como monumento nacional al túnel ferroviario”, explica el profesor.

A propósito de monumentos nacionales. ¿Existe alguno aquí en Lebu?
Sí. Hay dos monumentos nacionales. Son los cañones que están emplazados en la plaza de la ciudad: El Rayo y El Marte.

¿Es cierto que antes había más cañones en Lebu?
Eran cuatro: El Rayo, El Marte
y otros dos: El Relámpago y El Furioso, que fueron regalados al Palacio de la Moneda en Santiago. Actualmente adornan el Patio Los Naranjos. Pueden conocer más sobre esa historia en mi libro “Cañones de la plaza de Lebu y sus similares en La Moneda”. En realidad eran nueve. Pero eso es otro tema.

A parte de las casa antiguas, el ferrocarril y los cañones de la plaza, ¿hay otros temas relacionados con el patrimonio de Lebu que le interesen?
Sí. La pileta de la plaza de Lebu.

¿Qué tiene de especial?
Tiene una escultura del niño pez. Un día descubrí que en piletas de las ciudades de Tomé y en otra de Lota (Provincia de Concepción) había similares, pero más grandes. Todas fueron fundidas en Francia. Luego de investigar, junto al municipio, especialmente con el entonces encargado de cultura de la municipalidad William Montaña – que falleció hace un tiempo – logramos declarar a la escultura como monumento nacional.

Entonces, ¿Lebu tiene tres monumentos nacionales?
Así es. Dos cañones y la escultura del niño pez en la pileta de la plaza.

¿Ha tenido alguna decepción en su trabajo con el rescate del patrimonio de Lebu?
Siento un gran dolor por el desaparecido lavadero de carbón. Era una estructura de madera que se utilizaba para lavar y seleccionar el carbón que se extraía en Lebu. Había sido construido en 1929. Durante muchos fines de semana junto a algunos de mis alumnos, intentamos que la gente no lo desarmara. Lamentablemente, poco a poco fueron sacando la madera hasta debilitarlo. En el 2009, un temporal lo desarmó. Aún queda un resto en el Parque del Carbón, un 10%, diría yo. Lo sentí mucho.

¿Nos podría contar alguna anécdota?
Un día del año 2010 me llamaron de la municipalidad porque unas personas habían encontrado un cañón antiguo en unos roqueríos cerca de la playa. Estaba en una especie de isla pero sumergido. Junto a un
encargado del municipio, esperamos a que bajara la marea y fuimos caminando hacia la isla. Efectivamente, había un cañón muy oxidado cubierto por el agua y las rocas. Tomé algunas fotos. No sé cuánto tiempo estuvimos en la isla porque cuando quisimos volver la marea había subido. Tuvimos que cruzar caminando con el agua de mar hasta el pecho con el brazo en alto para que la cámara fotográfica no se mojara. Al llegar a la playa nos dimos cuenta que a mi compañero le habían robado sus zapatos y calcetines.

¿Y qué pasó con el cañón?
Quisimos sacarlo para guardarlo en una bodega, pero recibimos la orden del Consejo de Monumentos Nacionales para dejarlo en el mar.

¿Por qué?
No teníamos un plan de manejo y su restauración era muy cara para la municipalidad.

Una pasión que no termina.

¿Por qué le gusta la historia de Lebu?
La historia de Lebu es entretenida, es una investigación constante porque hubo muchos errores en su fundación. Siempre trato de agradecer y dar a conocer la historia y los atractivos de la comuna.

¿Ha participado en alguna institución relacionada con el rescate del patrimonio?
Fui integrante y luego presidente del Instituto Histórico de Lebu. Lamentablemente, a la reunión de este año sólo
llegaron cuatro personas. Al final, el archivo de la institución lo tengo en mi casa.

¿Qué actividad realiza actualmente por el rescate del patrimonio en Lebu?
El municipio me encargó trabajar con un grupo de profesores de enseñanza básica y media para profundizar sobre la historia y, específicamente, sobre fundación de Lebu.
Hay un problema con la presencia de Cornelio Saavedra durante la fundación de Lebu.

¿Cuál problema?
Si bien Cornelio Saavedra firmó el acta de fundación del Fuerte Varas, que más tarde dio origen a la ciudad de Lebu, él no estuvo aquí el 8 de octubre de 1862.
(Ríe). Hay documentos y estamos investigando.

Finaliza la entrevista con este dato curioso de la historia de la comuna y el profesor Garcés acompaña al equipo de El Rigobertiano hasta la puerta del DAEM y vuelve a decir: “Vinieron a escuchar puras mentiras. Puras mentiras”.

 

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