Diario La Voz del Trueno, Liceo Abate Molina (Talca)
La convivencia escolar es el respeto entre estudiantes, docentes, directivos, asistentes, padres, madres y apoderados. Nadie nace sabiendo convivir, pero a diario se enseña y aprende. Esto es responsabilidad de toda la comunidad escolar, desarrollar de forma integral lo que se conoce como “clima escolar”.
Cabe destacar que éste no se asocia exclusivamente con la disciplina y la autoridad, si no más bien con la conformación de un ambiente propicio para enseñar y para aprender, en donde es necesaria la calidad de la relación e interacción entre personas, la existencia de actividades planificadas en los diversos espacios formativos, un entorno acogedor y la existencia de normas y reglas claras, con una disciplina entendida y conocida por toda la comunidad educativa.
La convivencia es la capacidad de las personas de vivir con otras en un ambiente de respeto, aceptar la diversidad, también las diferencias.
La base de la convivencia y el aprendizaje es la familia, es por esto que los adultos que integran el núcleo familiar tienen una responsabilidad central, ya que se constituyen modelos para niños y niñas. Los estudiantes, al ser personas en proceso de formación, observan e imitan los comportamientos de los adultos en la interrelación, en la resolución de conflictos y el manejo de su agresividad. Según el Estudio Nacional de Convivencia escolar, realizado por el Ministerio de Educación (Mineduc) las escuelas que tuvieron mejores resultados SIMCE, demostraron tener también un mejor clima escolar.
Queremos aclarar que no todo lo que ocurre en la comunidad escolar puede ser llamado violencia, agresión o bullying. En todo ser humano existe la agresividad natural, un instinto, que actúa como una defensa ante una situación de riesgo, lo que se diferencia de una agresión desmedida y calculada para provocar daño a otro. Esto último es lo que llamamos violencia. Muchas veces, los niños, niñas y jóvenes responden con cierto grado de agresividad a molestias pasajeras por parte de sus compañeros. En la mayoría de los casos no hay intención de causar daño ni alcanza a transformarse en un conflicto. Por lo tanto, la agresividad no es algo que pueda ser arrancado de raíz o eliminado, esto es algo que se debe educar y formar conforme a principios y valores.
¿Cómo afrontar los problemas de convivencia escolar? Para esto, la capacidad de diálogo, de comprensión de los argumentos e ideas del otro, la empatía y la mediación, son claves para resolver conflictos pacíficamente. Los efectos en la persona agredida son muy fuertes y las consecuencias pueden tener secuelas psicológicas, emocionales e incluso físicas a largo plazo. Los docentes deben estar alerta a los cambios de comportamiento de un estudiante, a fin de indagar, si hay o no manifestaciones de violencia ocultas para tomar las medidas del caso, según se haya establecido en el reglamento correspondiente.
Entonces, una resolución pacífica de los conflictos, y el clima escolar apropiado, dan como resultado la formación integral apta para los estudiantes. También, podríamos decir que el conflicto es un hecho social imposible de erradicar, porque en todo grupo humano siempre habrá intereses u opiniones diferentes. No pensamos igual, todos tenemos diferentes visiones de vida y de la sociedad, y también, diferentes percepciones de lo que es mejor para unos y para otros.
Finalmente, nosotros consideramos algunas de las medidas que podrían dar solución al tema planteado se relacionan con que éste se lleve transversalmente a las distintas asignaturas, y con el desarrollo de habilidades sociales, como por ejemplo: el realizar talleres colectivos para potenciarlas, actividades de auto conocimiento.

















