Autora: Silvia Gajardo Peña
Diario El Quinto Ojo, Colegio Particular San José (San Pedro de la Paz)
A decir verdad la primera vez que entré a un “bardo” en Facebook me pareció divertido e interesante poder compartir mis opiniones e ideales con otros que también estaban dispuestos a decir lo que pensaban. Y para quien desconoce lo que son los “bardos”, aclaro que son discusiones a través de las redes sociales en las que se tratan temas de contingencia social.
Esto porque la comunicación cambió. Y así como evolucionaron las maneras de dialogar usando Line, WhatsApp o Instagram u otras redes sociales, también lo hicieron las maneras de debatir, creándose las instancias perfectas para que personas que no cuentan con la personalidad suficiente para expresarse oralmente, se desenvuelvan y encuentren ese lugar que al fin y al cabo todos queremos tener dentro de la sociedad.
Claro que esta forma de abordar las disputas comunicacionales tiene la desventaja de no permitir a los participantes la interacción directa, donde es más difícil controlar las emociones que sienten los que polemizan. Sin embargo, esto no le resta autenticidad a esta forma de defender las ideas.
En los “bardos” se ven largas horas de discusión en relación a la homosexualidad, el incesto, la política, la ciencia, las teorías de la creación, conspiraciones y, otras veces, simplemente sobre algún comentario inofensivo que hizo saltar una chispa dentro del cerebro de un entrometido que terminó por hacer de aquello un gran lío.
Una vez, por ejemplo, una chica sacó una foto de su prueba con nota deficiente y la subió a Facebook, riéndose de ello. Otro chico, ofendido por la despreocupación de ella, se dio el trabajo de escribirle un gran sermón sobre la responsabilidad. Los amigos de ella comenzaron a “bardear” en contra del entrometido y los que apoyaban al chico a favor de él.
Otra vez dentro de Twitter encontré el grosero comentario de un escéptico con las creencias religiosas. Empecé a presentar mis argumentos en ese “bardo” y, por supuesto, se me ocurrió la fantástica idea de invitar a mis amigos virtuales para que me ayudaran a “echar carbón al asunto”. Inmediatamente aquel que era un desconocido virtual incrementó su cantidad de seguidores. Fue apoyado, pero sobre todo repudiado y finalmente puesto en su lugar por decenas de creyentes e incluso ateos que no validaron su actuar.
El impacto de los “bardos” en la sociedad es significativo. Sobre todo en los jóvenes. Muchas veces desembocan en movimientos mayores como, por ejemplo, las marchas del movimiento de liberación de LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros) para reclamar sus derechos de igualdad o las movilizaciones para insistir en la gratuidad de la educación.
Solo queda decir que como toda instancia en la red, en los “bardos” hay que ser prudentes e intentar sacar lo mejor de ellos, pues casi siempre hay alguien que se desubica y suelta a diestra y siniestra comentarios fuera de lugar con la seguridad de que nadie podrá agredirlo físicamente. Y lo más importante: divertirse.





















