En Independencia se encuentra el principal centro psiquiátrico del país, fundado en 1852 y donde han sido tratadas numerosas personas.
Autora: Martina Jadue
Diario El Sopapo Elocuente. Colegio Santa María de Cervellón (Independencia)
En Chile, la cifra de enfermedades mentales es la más alta de Latinoamérica y va cada vez en aumento. Cada día en las noticias se pueden ver nuevos casos de personas que deciden terminar con su vida. Es también visible como las personas reaccionan de modo poco empático frente a estas situaciones mostrando sus apreciaciones por las redes sociales. Ejemplo de lo anterior es la forma sarcástica en las que las personas comentan. También hay reacciones despectivas, como cuando el año pasado un joven se lanzó a la jaula de los leones en el Zoológico Metropolitano y las personas decían que era «un simple loco».
Existen en Chile distintos centros psiquiátricos que buscan tratar con las personas que sufren alguna patología mental. Uno de ellos es el Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak, ubicado en Recoleta, principal hospital psiquiátrico del país y que fue fundado el 8 de agosto de 1852. Alrededor de este recinto se han formado muchas historias y las personas que pasan por afuera se preguntan qué es lo que ocurre dentro de esas paredes. Según informes de los primeros años de su funcionamiento, los enfermos vivían hacinados y la cantidad de cuidadores era escasa. Muchos años tuvieron que pasar para que esta situación se revirtiera. En 1956 queda bajo responsabilidad del Servicio Nacional de Salud y de la Universidad de Chile, dejando de lado las denominaciones de «Manicomio Nacional» y «Casa de Orates» que este recinto tuvo.
¿Qué dicen las cifras?
Primeramente, según la Encuesta Nacional de Salud del año 2010, el 20% de la población tiene sintomatología depresiva significativa, las cuales son las principales causas de ausentismo laboral. A esto se le suma la gran cantidad de licencias médicas que se registran debido a alguna patología mental como el estrés laboral, pero que en muchas ocasiones no reciben el tratamiento adecuado.
Según el especialista de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile, Paul Vöhringer, «de siete millones de habitantes en la capital, hay cerca de dos millones con alguna patología mental. Algunas de ellas se presentan como casos de trastornos conductuales, déficit atencional con hiperactividad, trastornos de alimentación y el abuso de sustancias».
En el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se reveló que el gobierno destina solamente un 2,5% del presupuesto total al área de salud a las patologías mentales, la mitad de lo que otros países del entorno invierten. Existía un compromiso del ministerio de Salud de destinar un 5% de su presupuesto cuando en el año 2013 se inició el Programa Nacional de la Prevención del Suicidio, pero claramente esta cifra no fue cumplida como se evidenció anteriormente. Esta situación es preocupante, puesto que estas enfermedades mentales van cada vez más en alza, mientras que el desconocimiento no tiene variación.
También, hay poca formación acerca de estas enfermedades y por lo tanto la gente tiende a estigmatizarlo y discriminar a las personas que lo padecen. En relación a lo anterior, en entrevista con el diario El Sopapo Elocuente, Rodrigo Naranjo, asistente social del Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak, señala que las enfermedades mentales “son vistas desde el desconocimiento social, hay muchos prejuicios y temor a la diferencia, además de vivir en una sociedad que anda a un ritmo demasiado apresurado para las personas que tienen este tipo de diagnóstico”.
A lo anterior, Luis Pérez Vidal, técnico en enfermería del mismo recinto, agrega que las personas tienen “miedo de que el entorno social los discrimine y así los aleje de sus labores. Falta educación de salud mental en Chile para así lograr conocer un poco más de este mundo”
En el país los índices de depresión son cada vez son más elevados y están por encima de las causas de muerte provocadas por problemas cardiovasculares. Esta enfermedad se da principalmente en los estratos sociales bajos, a causa de largas jornadas laborales, salarios bajos y situaciones familiares complicadas. A esto se le suma que las personas que deciden terminar con su vida son mayoritariamente jóvenes (15 a 19 años) que son víctimas de depresión, buscando poner fin a su vida debido al bullying, acoso o problemas familiares.
Hoy se presenta y diagnostica una sociedad enferma que se ve afectada por patologías mentales. Esto da mucho que pensar, pues se les da más importancia a otras cosas que a mejorar la salud mental del país y las condiciones en que viven sus habitantes. Todas estas cifras de enfermedades podrían ser menores si las instituciones correspondientes destinarán más fondos monetarios y tiempo a educar a la población sobre estas patologías, su prevención y tratamiento.





















