Ante el desarrollo urbano que se vive en la Ciudad de Concepción se hace importante generar instancias donde el patrimonio se preserve para las futuras generaciones. En este sentido, el Teatro Regional se plantea como un esfuerzo que pretende fomentar la herencia material de la ciudad.
La inauguración del moderno Teatro Regional del Biobío, proyectada para fines de este año, dotará a Concepción de un espacio de clase mundial para el desarrollo de las artes escénicas y musicales. Será todo un lujo y posiblemente un ícono de la ciudad, junto al río que le da nombre a la región.
Este salto a la modernidad no es solo un merecido adelanto tecnológico o de infraestructura, de 18 mil millones de pesos invertidos por el Estado, sino también una invitación a reflexionar sobre lo que las regiones son capaces de hacer, y más aún, sobre lo que son sus habitantes y qué quieren ser.
El desarrollo cultural de la región del Biobío no comienza con el Teatro Regional. En calle Víctor Lamas descansan las ruinas del viejo teatro Enrique Molina, una construcción de estilo neoclásico que sucumbió al terremoto de 1960 y que desde entonces no ha hecho más que deteriorarse año a año hasta transformarse en un punto negro frente al luminoso verde del parque Ecuador. Por insuficientes, resultaron infructuosos los esfuerzos de recuperar ese Monumento Histórico. Los cálculos de rentabilidad económica, social y cultural fueron categóricos: era mejor construir otro.
Otro caso emblemático y hasta paradigmático es el Mercado Central de Concepción, infraestructura que representó el esfuerzo colectivo por ponerse de pie tras el terremoto de 1939, pero que se redujo a cenizas en un incendio hace más de cuatro años y hoy es una cicatriz para la ciudad. Las pugnas económicas entre sus dueños hicieron inviable su recuperación.
En contraste, en la ciudad hay varios ejemplos de decidida intención pública y/o privada de construir, conservar, recuperar y potenciar no solo infraestructura sino eso que nos hace distintos a los demás: identidad. El Campanil de la Universidad de Concepción, el Estadio Ester Roa y la Vega Monumental son sólo algunos.
La premisa básica de que sólo aquello social o económicamente rentable tiene futuro, no debe ni puede condicionar el desarrollo de Concepción; así como tampoco el deseo de tener una ciudad moderna puede arrasar o dejar en el olvido nuestra historia patrimonial.
Esta es una tarea de todos. No sólo el Gobierno y la Municipalidad tienen la obligación de armonizar el desarrollo de la infraestructura con la conservación de la identidad local. Los privados deben responder al llamado histórico de la ciudad de la que forman parte, y aquí caben también los jóvenes integrantes de las denominadas tribus urbanas, que equivocadamente intentan expresarse rayando con grafitis los patrimonios, con lo cual no hacen más que desincentivar los esfuerzos embellecimiento.
El futuro Teatro Regional del Biobío es el elemento perfecto para volver a reflexionar sobre el tipo de ciudad que queremos. Es por eso que la pregunta inicial no se responde con una cifra en dinero, sino con la decidida voluntad de dejar a las generaciones venideras un legado tangible de lo que fuimos y de lo que somos, algo que puedan disfrutar con los suyos y no simplemente visitar una vez al año, como la ruinas del teatro Enrique Molina.

















