El Ngüillatun, de generación en generación

El Ngüillatun, de generación en generación

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Alumnos de la Escuela número siete La Dehesa en representación artística de ceremonia mapuche denominada ngillatun. Fuente Minchekewün.

Autor: Francisca Higuera Alvarez
Diario Minchekewün (2014), Colegio La Dehesa (Cunco)

Ceremonia mapuche donde se elevan oraciones a las entidades espirituales, se dan gracias o se solicita ayuda en torno a lo entregado por la naturaleza.

Cae el sol y la comunidad de Renco se dispone a arreglar los últimos detalles para el inicio de un nuevo ngüillatun, rito mapuche que los conecta con el mundo espiritual para pedir por el bienestar, fortalecer la unión de la comunidad o agradecer los beneficios recibidos.

Eduardo Manquel, quien ha participado desde joven en varios ngüillatunes comenta al diario que se trata de una ceremonia religiosa que se realiza generalmente cada dos, tres o cuatro años, dependiendo de las necesidades de la comunidad, «El ngüillatun se realiza cuando existen períodos de sequías, inundaciones, malas cosechas, se busca que Ngenechen, dios del pueblo mapuche proteja los cultivos y a la vez agradecer todas sus riquezas naturales».

Eduardo recalca lo importante que es para ellos trasmitir estas tradiciones a sus hijos. Con su esposa Patricia han tratado de educarlos en base al respeto por su cultura, «Como todo pueblo originario, contamos con muchos rituales que nos identifican como cultura ancestral y es importante que todo esto sea trasmitido de generación en generación, muchas de nuestras tradiciones no se encuentran escritas en los libros ya que estas van de boca en boca, relatándose, y solo pueden ser transmitidas si se cuentan con las experiencias». Afirma para el Minchekewün Patricia Añimir quien junto con Eduardo y sus dos hijos representan a la familia mapuche moderna quienes respetan todas sus tradiciones pero a la vez saben lo importante que es la educación en nuestro país, ambos son profesores y quieren transmitirle a sus alumnos no sólo los conocimientos pedagógicos, si no que también toda la riqueza de una cultura.

El ngüillatun es un ritual sagrado para el cual se requiere mucha organización, pero una de las cosas más importantes son quienes integran dicha actividad, es fundamental prepararse para recibir a los invitados por lo que días antes se sacrifican animales para atender a las visitas de otras comunidades mapuches. Además días previos se reúnen los jefes de familia en el lugar donde se va a realizar el ritual, la denominada cruz, la reunión es dirigida por los caciques donde ruegan por el éxito de la ceremonia, ahí también se organizan las ubicaciones de las distintos grupos familiares, dentro de los cuales pueden haber invitados que no necesariamente tengan sangre mapuche.

Sergio Salazar es denominado un huinca, persona no mapuche y participo recientemente como invitado a esta ceremonia, afirma para el diario que se sintió muy cómodo en el lugar, “Quedé maravillado con su cultura, con la importancia que le dan a sus ancianos, además me impresionó todos los símbolos, cada cosa representa algo espiritual”. Espiritualidad que la comunidad de Renco intenta plasmar en sus visitantes cada vez que realiza un ngüillatun. El día para ellos comienza a las 4 de la mañana, a esta hora las familias se dirigen al lepún o ngillatuwe, lugar especialmente dispuesto para este fin y en cuya periferia se distribuyen los asistentes, en su centro se ubica el altar principal denominado rewe.

El pueblo mapuche es una de las etnias originarias más numerosas de nuestro país, es precisamente la región de la Araucanía la que cuenta con su mayor cantidad de habitantes, esta cultura siempre se ha caracterizado por sus diversas tradiciones, por trasmitirnos su cosmovisión del mundo y enseñarnos la importancia de la madre tierra.

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