Autora: Viviana Luna Lamas
Diario Le Voci del Campanile. (La Serena)
Colegio Elena Bettini
En este tiempo nos hemos encontrado con un tema que se ha vuelto muy recurrente, muy hablado y tratado, el aborto.
Se han hecho muy populares las opiniones a favor, pero es el momento de tratar este tema desde otra perspectiva. Se cree que los médicos son los responsables de este atentado, y de cierta manera es así, pero la decisión no recae en él.
Me pregunto, ¿Quién les ha dado el derecho a los médicos de creerse un “dios” y matar lo más maravilloso de la creación?, ¿Quién le ha dado el derecho moral a la madre para tomar una decisión tan fatal?
El ser humano en si es un co-creador con Dios lo que quiere decir que contribuye con la tarea de la creación, sin embargo, esto no le da derecho a interrumpir la vida humana que existe desde el momento de la concepción, puesto que la célula es el máximo exponente de vida y al ser eso el espermio y ovulo, se unen y formando el cigoto que juntos dan origen a un programa genético en ejecución. El programa está a la espera que el hombre le dé la posibilidad de que esto se ejecute.
La ciencia como método en este proceso, tiene herramientas asociados a la biotecnología tradicional y dentro de esas técnicas existen aplicaciones dentro del útero muy informales, entre éstas se encuentran: Las jeringas con liquido mortal en el útero, maquinas que desmiembran, aspiradoras que succionan al feto en su totalidad y la tan recurrida pastillas del día después.
Desde mi punto de vista, el médico no tiene la responsabilidad moral del acto abortivo, es un sujeto secundario en el fatal proceso. Toda la responsabilidad recae sobre la madre quien es quien toma la última decisión respecto al tema.
Me pregunto constantemente si existe una estructura mental que pueda influir al sujeto al momento de tomar esta brutal decisión, pero rápidamente me contesto que no es así. Esto se debe a una falta de vinculación social que se entiende como una carencia de compromiso respecto de todo, esta falta de vinculación es lo que caracteriza a las generaciones actuales y que se traduce en lo que un embarazo implica, es decir, una limitación y coartación de la vida de la madre, también una renuncia a la vida que viene, una falta de compromiso respecto a los actos que se comenten sin analizarlo previamente, sin considerar las consecuencias que puede implicar en la libertad personal que se verá “dañada” por una vida que llega.
Entonces, se hace necesario re-pensar las implicancias a nivel moral sobre este acto “humano“, despiadado y fatal puesto que si llega a replantear es lo más cruel que se ha pensado en la humanidad, no es posible que se quiera matar a un ser indefenso solo por el hecho de “arruinar” la vida que seguirá en el futuro, o el miedo de no saber cómo tomarse esta difícil e inesperada decisión. Un pequeño ser que viene en camino, el cual no pidió venir a este mundo no es culpable ni merecedor de todo lo mortuorio que se piensa sobre su vida. Nadie debería tener el derecho de poner fin a la oportunidad más preciada que puede existir.


















