Cada vez que encendemos la televisión para observar un debate político, en especial en época de elecciones, escuchamos a los distintos candidatos enarbolando las más rimbombantes frases, incluso pareciera existir un especial punto de convergencia que se encuentra en la semántica misma de la palabra “identidad”, tomando especial relevancia para dar fuerza a sus líneas argumentativas y apelar a la emocionalidad de los votantes. Y es que sin duda más allá de existir un ser único en cada ciudadano, ubicado en puntos distintos de un territorio, con distintas realidades , necesidades y aspiraciones, hay algo que trasciende a lo personal y se convierte en una ilusión colectiva de alcanzar un progreso que englobe a la nación.
Sentirse identificado con el lugar al que uno pertenece, verse representado en quienes comparten el mismo espacio geográfico, celebrar y vibrar con los triunfos o conmoverse por las desgracias que afectan a nuestros conciudadanos, pone en manifiesto que la patria tiene un gran peso, pero que no es lo suficiente para la prosperidad común.
En cuanto a este rincón del mundo, vemos la “chilenidad” en determinados eventos como fiestas patrias, partidos de “La Roja” o en las 27 horas de amor con la Teletón. En tales ocasiones aflora el orgullo, las ganas de alzar la bandera y lucir la chupalla, el abrazo al compatriota etc. Pero, ¿Qué pasa con el resto de los días del año, esos en los que no muchas cosas nos recuerdan acerca de la patria a la cual pertenecemos? ¿Cómo no desperfilarnos de nuestra identidad nacional y local a la vez, si cada vez nuestras ciudades son más cosmopolitas? ¿Cómo hacemos para que nuestra condición social, cultural y espacial no pierda nitidez al conectarnos virtualmente con todas las culturas que hay alrededor del mundo? ¿Qué hacemos para que nuestros problemas sociales y ambientales, no se subdimensionen frente al resto de los desastres humanitarios y ecológicos que existen en otros puntos del planeta?
Estudios realizados, han situado a Chile entre los 10 países más patriotas del mundo. Dentro de los factores que definen esta posición en el ranking mediante encuestas, es el orgullo por la nación a la cual se pertenece y la percepción superioridad o inferioridad respecto de otros países. Este último punto cobra demasiada importancia, ya que, no es posible hacer un juicio veraz, si no se cuenta con conocimiento, educación y cultura de nuestro medio, y para conocerlo debemos partir desde nuestras raíces más inmediatas, del lugar que habitamos, la ciudad o localidad donde vivimos, los líderes que nos representan, las personas que nos rodean, las riquezas y carencias de nuestro entorno.
Sentirse identificado además, es conocer las cualidades que componen esa identidad, con sus defectos y virtudes, de manera tal que ese sentido de pertenencia pase no sólo por un sentimiento efímero, sino también por un compromiso constante de construir para todos y con todos quienes participan de esa misma identidad, desde el saber y entender de quiénes somos y hacia dónde queremos ir.

















