Choque de mundos

Choque de mundos

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Por: Gustavo Bozzo

Licen Industrial Domingo Matte Pérez. Diario Werken Escolar.

Producto del ritmo de modernización actual, algunas comunas con pasado campesino han tendido a urbanizarse. En este proceso el campo ha cedido terreno y, sobre él, se ha empezado a construir enormes edificios, centros comerciales y grandes complejos habitacionales convirtiendo la selva natural en una selva de cemento. Maipú es una de ellas.

A principios de siglo veinte, el “lugar arado” era una zona rural en su totalidad. De hecho, contaba solamente con algunos centenares de habitantes. Sin embargo, esto cambia drásticamente con el pasar del tiempo, cuando en los años setenta comienza a convertirse en parte importante del Gran Santiago, lo que llevó a que la gente dejara el campo y comenzara a asentarse en villas con centros económicos y laborales más sólidos.

Hoy, con una población que se estima será de 1.249.498 habitantes para el 2020, es comprensible que esto suceda. Necesitamos más que nunca de casas, departamentos, colegios y hospitales; también, de una red vial que conecte de la mejor manera posible todo esto. Lo malo es que, nos guste o no, lo anteriormente mencionado se traduce, en términos prácticos, en cada vez más cemento sobre la tierra. El desafío parece ser, entonces, conjugar nuestras propias necesidades expansivas con las necesidades de nuestro entorno natural.

Todo parte en hacerse la siguiente pregunta: ¿dónde queremos vivir? Dependiendo de la respuesta, tendremos que comenzar a tomar decisiones para luego, como comunidad, resolver nuestras necesidades. Ambos mundos, campo y ciudad, poseen ventajas y desventajas que debemos tener en consideración al momento de pensar Maipú. Revisemos.

Por un lado tenemos la ciudad. La comuna nos ofrece gran variedad de posibilidades en el ámbito de la entretención y los deportes (parques, piscinas, cines, canchas, skateparks, etc.); también en el área de servicios (transporte público, centros comerciales, agua potable, hospitales, talleres, etc.). No obstante, esto viene amarrado a problemas recurrentes como contaminación, congestión vehicular, problemas de delincuencia, etc.

Por otro lado tenemos el campo. En lo positivo, Maipú aún ofrece zonas con gran potencia natural como la Quebrada de la Plata y el Cordón Montañoso Lo Aguirre, dentro de los límites de Rinconada Rural. Hablamos de grandes espacios verdes, libres de contaminación y con marcada presencia de flora y fauna. ¿Qué podríamos criticarle entonces a este tipo de sectores? Quizás la falta de servicios básicos o la mala conectividad con ellos.

Como vemos, ambas caras de la moneda tienen luces y sombras. No se trata de volver a las cavernas, pero debemos tener claro que tampoco basta con poner una placita con un par de árboles tristes y luego declararla como “área verde”. Es decir, no se trata de destacar un mundo sobre otro, sino más bien de intentar sacar lo mejor de ambos minimizando los problemas. Solo así podríamos evitar que, en este choque de mundos, quedemos al medio y solo nosotros salgamos malheridos.

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