Se ha cumplido casi un año del fatídico terremoto y posterior maremoto que sacudió al Norte Chico.
COQUIMBO 2016: A UN AÑO DEL DESASTRE
La tarde del miércoles 16 de septiembre del año 2015, no fue una más, en ese momento cuando el reloj marcaba las 19 horas con 54 minutos la Tierra comenzó a sacudirse por casi dos eternos minutos, dejando a las zonas urbanas costeras de la Cuarta Región a merced de lo inevitable, el posterior maremoto, que dejó en gran parte destruida la zona urbana y residencial del puerto de Coquimbo.
En medio de la algarabía que provocaban las esperadas vacaciones de septiembre, un necesario descanso para nuestros estudiantes, la Tierra, justo a las 19:54 horas del miércoles 16 de Septiembre del año 2015, nos recuerda lo frágiles e insignificantes que somos con un fuerte movimiento telúrico, algunos expertos lo catalogaron como “mega terremoto”, este sismo de alta intensidad, sacudió gran parte del territorio nacional, siendo perceptible incluso en algunos sectores de Argentina, pero, sin duda donde la naturaleza mostró su furia con mayor ahínco fue en la Región de Coquimbo, donde el movimiento tuvo una duración aproximada de un minuto y medio llegando a una magnitud de 8,4 grados Richter y VIII en la escala Mercalli. Para ser honestos, las ciudades resistieron relativamente bien este primer embate, no obstante, lo que vino después puso en jaque hasta la planificación más estructurada; un maremoto con olas que superaron los cuatro metros y medio de altura, y un avance de hasta 500 metros al interior de la superficie terrestre, dejando a su paso un panorama desolador y funesto, donde se podía percibir a kilómetros el aroma a mar indómito, mezclado con el llanto desesperado de los pobladores que se doblegaban inevitablemente ante este mar, que tantas veces sustentó su vida, pero que ahora se ensañaba de la forma más cruel. Pocas veces nuestros pescadores se ponen de rodillas, esta fue una de ellas.
INICIO DEL DESASTRE
Aproximadamente a las 21:00 horas, llegaron a la localidad costera de Pichidangui las primeras olas, como adelantados heraldos que vaticinaban la catástrofe, chocando contra la costa despoblada y las costaneras urbanas, como señal inequívoca que el mar mostraría su bravura ancestral en la parte central de nuestro Chile. Éste movimiento marino, sumado al terrestre, cual mellizos destructivos, dejaron el triste saldo de 2.442 casas en el piso, 27.722 personas damnificadas, y la incalculable pérdida de 16 vidas humanas.
El tsunami que sacudió la ciudad – puerto de Coquimbo provocó la pérdida de casas, edificios, quioscos, restaurantes, y la destrucción e inundación de la calle Baquedano; sector comercial con hospederías, viviendas, talleres y fábricas; por lo mismo, la fuerza destructiva de la gran ola que azotó a este conocido sector del puerto, no sólo se transformó en un castigo de la naturaleza a la casa del coquimbano, sino que también a la fuente laboral de miles de personas que vivían de las fábricas de muebles, de los talleres mecánicos, pescaderías, puestos de frutas y verduras, entre muchos otros.
Caso aparte para la Caleta de Pescadores, que en febrero del 2015 había sufrido un incendio que la dejó completamente destruida, y que hoy cuando lentamente se ponía de pie sufre esta nueva tragedia, esta vez por acción de la naturaleza, poniendo al máximo el temple y la resistencia del pescador de esta zona y su familia.
Vecinas del sector de calle Baquedano son la Casa de la Cultura de Coquimbo y la Biblioteca Municipal, emplazadas en un mismo edificio, el cual, según nos contó Francisco Perry Godoy, funcionario y profesor de lengua inglesa de la Biblioteca Municipal, “no se ha reparado, ni habilitado”. Pero aun así, ambas instituciones se cambiaron de edificio en Abril del 2016 y hoy han recuperado una buena parte del material perdido, lo que se traduce en una cifra cercana al 80%, y hubiese podido ser mayor el nivel de recuperación patrimonial, si se rescataban los periódicos que allí se guardaban y que en su interior contenían la rica historia de la ciudad de Coquimbo, “son diarios muy antiguos, algunos tan antiguos que datan de 1890 y si la comunidad, que “cooperó mucho”, no hubiese ayudado a juntar y entregar los libros dispersos por las calles, jamás habríamos podido recuperar parte de nuestra invaluable historia” precisó Perry Godoy.
Otro de los estragos causados por el maremoto y que caló hondo en el sentir nacional, fue de la destrucción del Instituto de Rehabilitación Infantil de la Teletón en Coquimbo. La Directora regional del Instituto, Doctora Adriana Fuenzalida , al referirse a las pérdidas provocadas en el centro de rehabitacipón y tratamiento, afirmó que ellas fueron de “el cien por ciento, todo lo que nosotros teníamos en el Instituto se perdió: todo”. De las máquinas dijo que “todo lo que tuviera piezas metálicas, estaba oxidado a los dos días”, y de los materiales que “generalmente tienen partes de esponja, se pudrieron rápidamente”. La Universidad Pedro de Valdivia de La Serena, hoy acoge a la Teletón, pero solo de manera momentánea, ya que en tres o cuatro años más tendrán un nuevo y propio edificio.
ESTADO DE EMERGENCIA
Al día siguiente de los movimientos, el gobierno decretó el Estado de Emergencia Constitucional. El subsiguiente se suspendió la famosa y patriótica fiesta de La Pampilla.
El día 18 de Septiembre, la mayoría de los servicios básicos y la conectividad entre poblados fueron restituidas. Un hospital militar de campaña fue montado, ante el riesgo de derrumbe de una parte del hospital de Coquimbo. A partir del 21 de septiembre, el gobierno comenzó la entrega de tres mil novecientos bonos y subsidios para paliar en parte los daños materiales producidos por la catástrofe. Tres días después, la reconstrucción, en la que fueron invertidos más de tres mil novecientos cincuenta y siete millones de pesos comenzó, partiendo por retirar escombros y demoler los edificios peligrosos. Luego las fuerzas se centraron en la construcción de viviendas, 824 en total, y en reactivar la economía. Para ello el gobierno arregló las 225 embarcaciones dañadas, y donó algunas otras; invirtió $193 millones en minería y 993 en agricultura; y puso hincapié en la recuperación del sector turístico, que debía estar preparado para el verano próximo. Ejemplo de la reconstrucción económica es el del Terminal Portuario de Coquimbo (TPC), donde, en palabras de Rodrigo Trucco, gerente general de TPC, sostuvo que hubo “daños de corto plazo, que son, equipamiento, las oficinas, maquinaria; y de largo plazo, que es la infraestructura del muelle”. Los primeros, que requirieron de una suma de $800 millones, fueron capeados con rapidez, con el fin de ayudar a sus vecinos del Terminal Pesquero, más afectados que ellos. La infraestructura del muelle, de propiedad estatal, se vio tremendamente disminuida, por lo que en vez de acoger dos barcos, el puerto puede acoger solo uno, y sumado a la indisposición de esperar de algunos navíos, que se dirigen a otro puerto; esto “significó un perjuicio gigante para la generación de empleo en Coquimbo; porque nosotros somos de los generadores de empleo más grandes de la comuna”, y los ingresos económicos gubernamentales proporcionados por el puerto, se vieron también menguados.
El proceso de reconstrucción a casi un año de la peor catástrofe que ha enfrentado la región en los tiempos modernos tiene distintas aristas y diferentes sensaciones en los pobladores, para quienes, sin duda, cualquier planificación, ayuda o tiempo es poco, insuficiente y lento, sin embargo, los criterios se aúnan cuando señalan de manera casi unánime que su sueño inmediato es retomar la simpleza de la vida diaria que caracteriza al habitante de este sufrido sector del norte chico de nuestro país.
Maximiliano Mendoza Yñesta
Diario La Gazzetta della Scuola
Scuola Italiana Alcide de Gasperi




















