Mientras algunas disciplinas artísticas gozan de visibilidad dentro de la Plaza de Maipú, otras, en cambio, podrían verse afectadas por la rápida urbanización y la falta de espacios especializados.
Autores: Sofía Noriega – Kevin Pedreros
Diario Werken Escolar, Liceo Industrial Domingo Matte Pérez (Maipú)
Todos los días, en la Plaza de Maipú, se puede encontrar personas realizando alguna actividad artística. Ya sea de manera formal o informal, en este extenso espacio público convergen diferentes manifestaciones relacionadas con la música y el teatro, así como también otras ligadas al baile, el circo y, por supuesto, las artesanías.
Y es que la Plaza ha sido desde siempre un punto de encuentro. Así lo considera Ignacio Schmidt, un joven malabarista quinceañero que apenas tiene un rato libre busca la sombra de un árbol para practicar su arte: “Ensayar acompañado es más divertido. Aquí me encuentro con otros malabaristas aficionados con los que puedo intercambiar secretos y perfeccionar técnicas. Además, hacer esto al aire libre es otra cosa”, nos cuenta.
Algo parecido nos comparte Sebastián Quezada, quien, a pesar de estar en segundo medio, se hace un espacio para dedicar tiempo a lo que, dice, es su pasión: “Aquí puedo hacer malabares con baquetas, diábolos, cajas y pelotas sin que nadie me llame la atención. El espacio es grande y a veces se acerca gente a mirar. Eso me da más ánimo para seguir cultivando esto”.
En una línea más profesional, Patricio Toledo Riquelme, uno de los chinchineros más reconocidos de Santiago, analiza su situación laboral. Heredero de una arraigada costumbre familiar -empezó a tocar su primer tambor a los cuatro años de edad-, hoy se preocupa de enseñarle este oficio a sus hijos. Aunque lleva 39 años haciendo música popular, reconoce que ésta es una tradición artística casi extinta. Por ello, ha encontrado en la Plaza de Maipú un espacio ideal para desarrollar su trabajo: “Vivo muy cerca de aquí, por lo que se me hace fácil llegar a tocar en este espacio tan lindo. A diferencia del Paseo Ahumada, por ejemplo, aquí los carabineros son menos estrictos y nos permiten realizar nuestro trabajo con tranquilidad, ya que saben que no andamos en nada malo”, declara.
Pero no son solo estas virtudes las que convierten el centro de la comuna en un espacio ideal. Según Patricio, la ubicación, el diseño y la cercanía con el Metro convierten la plaza en una verdadera vitrina para mostrarle a cientos de personas el valor de su arte: “Me gusta mucho venir a la plaza, porque siempre hay harta concurrencia, sobre todo en hora punta cuando todos salen del trabajo. Yo realizo mi presentación justo fuera de la estación, donde siempre hay gente interesada por este oficio que día a día es menos frecuente. La gente valora que todavía existamos artistas que nos preocupemos por cuidar este patrimonio”, agrega.
Sin embargo, no todo es absolutamente positivo. A pesar de que la Ilustre Municipalidad de Maipú se preocupa de organizar mensualmente diferentes eventos artísticos y ferias artesanales con temáticas diversas, las iniciativas parecieran no dar abasto. Actualmente, existen en la comuna alrededor de 15 asociaciones de artesanos con más de 300 personas, además de grupos de productores que superan los 600 miembros. En otras palabras, suman en total más de mil maipucinos que se dedican a esta actividad. Eduardo Opazo, presidente de la Mesa de Artesanos, es uno de ellos. Sus más de 30 años de experiencia le permiten mirar, con perspectiva crítica, el estado actual del arte en la Plaza de Maipú: “Si me lo preguntan, creo que está en decadencia. Hoy en día somos pocos los que exponemos en la plaza. Los demás son solo comercio”.
Este artesano cree que en gran medida el vertiginoso proceso de expansión urbana de la comuna ha ido dejando de lado las experiencias artísticas auténticas, provocando que muchos trabajadores del arte emigren a otras comunas, básicamente porque los espacios se han ido reduciendo: “Si miras a tu alrededor solo encontrarás piedra y cemento. Los árboles y el pasto son solo motivo de adorno. No hay nada que llame verdaderamente la atención. Y lo poco que hay se pierde; por ejemplo, el Monumento a los Héroes Caídos que está por ahí, entremedio. Es un gran monumento, pero su ubicación es una falta de respeto”, sentencia.
En 2014, el alcalde de Maipú, Sr. Christian Vittori, se comprometió públicamente a que el proyecto de un “Pueblito de Artesanos” vería la luz al año siguiente. Aunque con algunos retrasos y modificaciones, el Concejo Municipal acaba de aprobar este proyecto con un presupuesto de 110 millones de pesos. Este espacio, que inicialmente estaría ubicado en el Cerro Primo de Rivera (conocido también como Cerro 15), ahora será itinerante y ha sido pensado para que los artesanos auténticos puedan mostrar y comercializar su trabajo en carros móviles con diseño colonial, propiciando que el patrimonio de la comuna se traslade también a otros barrios.

Esta iniciativa marca la pauta de lo que las autoridades quieren para la comuna: que se respete el valor de las tradiciones y que se rescate en la medida de lo posible, facilitando su expansión. Pese a ello, sus cupos son limitados -el proyecto solo contempla 20 personas- y, por lo tanto, el problema de raíz que señala el Sr. Opazo se mantiene. Mientras tanto, la Plaza de Maipú seguirá funcionando como un espacio de convergencia, aunque no sea el más idóneo. Su masividad y visibilidad todavía le hacen guardar un potencial artístico que, aunque no ha sido debidamente explotado, todavía puede dar alguna sorpresa.
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EN LA VARIEDAD ESTÁ EL GUSTO
Lutería, pintura y tejidos son algunas otras disciplinas que tienen un espacio en la Plaza.
Por segunda vez, Orlando Ortiz se presenta en la feria de artesanías organizada por la Municipalidad. Aunque estudió Ingeniería en Mecánica, ha decidido dedicar su vida a tiempo completo en la fabricación de instrumentos, que es su pasión. Ya lleva 15 años desarrollando esta actividad. Por ello, no duda al momento de presentarse ante público: “Fui invitado a esta feria por otros artesanos. Soy músico, por eso me comencé a interesar por la confección de instrumentos. Al principio, los hice para mí, por una necesidad. Pero luego, como quedaron buenos, pude comenzar a venderlos. Él considera que la Municipalidad sí colabora con el fomento al arte, sobre todo a través de sus ferias abiertas a todo público: “Aquí me va bien, siempre hay público interesado en mirar y comprar, porque los instrumentos que hago son de diversas culturas”.
Por su parte, la artesana Mónica Rocco cultiva la disciplina de tejido macramé y también en telares. Coincide en que la iniciativa de mostrar el arte en la Plaza es buena, sobre todo porque los niños pueden tener contacto con sus creaciones. “Nosotros llevamos 16 años trabajando en la Plaza de Maipú con la agrupación de artesanos. Hago esto porque me gusta y porque es una necesidad para subsistir, para dar de comer a mi familia”. Declara que la Municipalidad la apoya con talleres de perfeccionamiento gratuitos y que siempre asiste para perfeccionarse.




















