
A pesar de sus incontables aspectos positivos, el nuevo proyecto del Ministerio de Salud también ha debido enfrentar escenarios desfavorables.
Autoras: Nicol Armas y Allison Godoy
Diario Las 116 Victorias, Colegio Victoria Prieto (Santiago centro)
La Ley de etiquetado fue establecida en el año 2012 por el MINSAL. Trata acerca de un estricto reglamento que define el nivel de calorías, sodio, azúcar y grasas saturadas de cada alimento. Dicha ley fue implementada debido al exceso de peso en la población a nivel país luego de un estudio llevado a cabo por la OCDE. De acuerdo con este, 5 de cada 10 adolescentes presentan algún grado de obesidad. Debido a estas cifras tan preocupantes, el MINSAL tomó cartas en el asunto y ya en el 2016 comenzaron a entrar en vigencia una nueva serie de cambios.
Esta puesta en escena de la ley también impulsó al gobierno a poner ojo crítico en la alimentación que se estaba dando en los colegios, y es por ello que se dio un ultimátum a los kioscos dentro de estos. En el caso de algunos establecimientos la transición se vivió como un proceso que dio como resultado la instauración de kioscos saludables, tal y como ya se ha visto en la mayoría de los medios de comunicación. En el caso de otros, y que es lo que busca rescatar aquí, el proceso se transformó en una batalla contra el tiempo y la imposibilidad de contar con los recursos y espacios necesarios.
Fin al kiosco escolar
La excelente idea de llevar una vida más saludable ha sido una implementación que ha tenido sus puntos favorables como también desfavorables. Para dar cuenta de ambos polos se hará referencia al colegio Victoria Prieto, establecimiento que tuvo que dar cierre a su kiosco y, con ello, poner término al ingreso laboral de una persona que llevaba trabajando allí 17 años. De acuerdo con Nicole Sepúlveda, profesora del colegio, la implementación de la ley los afectó pues “a pesar de que el kiosco vendía comida ‘chatarra’, también existía una variedad de alimentos saludables” que eran consumidos no solo por alumnos, sino también por profesores y asistentes. Además, añade que “la ley de etiquetado no se implementó 100% bien” y que el objetivo de esta no está siendo logrado pues “los niños traen dulces de afuera y aún más comida chatarra que antes”.
Ahora, después del cierre del kiosco, los estudiantes comentan que a pesar de tener conciencia de la importancia de una alimentación saludable continúan trayendo desde sus hogares productos que no cumplen con la nueva reglamentación.
De acuerdo con lo anterior, la Ley de etiquetado no solo ha quitado los alimentos considerados como “chatarra” de los colegios, sino que también ha implantado los “kioscos saludables”. Debido a ello existen nuevas exigencias, entre ellas: conexión a red de agua potable, alcantarillado o, en su defecto, acceso a un servicio higiénico a 75 metros de distancia como máximo. Debido a la infraestructura de algunos colegios, estos requisitos se convirtieron en un obstáculo insalvable. En el caso del Colegio Victoria Prieto, un pequeño establecimiento con una construcción de más de cien años, los cambios necesarios fueron imposibles de realizar.
Frente a ello, los estudiantes sienten un gran descontento por el cierre del kiosco, no solo por la pérdida del lugar, sino también por la pérdida de una querida persona. Al respecto, Catalina Lépez, estudiante de IV° medio del colegio Victoria Prieto, opina que: “…le están quitando la oportunidad a las personas para ejercer su oficio”.
Sumado a esto, los alumnos argumentan que muchos de ellos aún no están habituados a traer colación, y que en algunos casos sus apoderados tampoco tienen la costumbre de prepararles y enviarles productos saludables. Ante ello, esas casi ocho horas dentro del establecimiento han llegado a pasarlas sin desayuno ni almuerzo, pues aunque algunos estudiantes se encuentran inscritos dentro del programa JUNAEB, otros no lo están. Mariano Contreras, alumno de II° medio del establecimiento, relata que “…es incómodo y hay que traer cosas de afuera y de repente tenemos hambre y no tenemos dónde comprar”.
Rescatar los puntos positivos

Fuente: Diario Las 116 Victorias
Sin embargo, y a pesar de los aspectos adversos, los estudiantes han destacado los avances del proyecto en cuanto a la nueva información que entrega el etiquetado de los productos. María Constanza Uribe, estudiante de II° medio, opina a favor de la nueva ley pues “uno sabe lo que está comiendo en cuanto a cantidad de calorías”. Por su parte, Mateo Godoy, estudiante de enseñanza básica, argumenta que el proyecto propuesto por el MINSAL ha sido exitoso pues “ayuda a niños con obesidad”. Respecto al cierre del kiosco, está de acuerdo con que este tuvo que “haber seguido (…) pero implementando manzanas, verduras, otro tipo de alimentación”. En este sentido, los estudiantes dan cuenta de haber tomado conciencia de la importancia de un kiosco saludable.
Además de la opinión de los estudiantes, la directora del establecimiento, la señora Manuela Biedma, afirma que “una ley por sí sola no propicia la alimentación sana” y añade que “esto tiene múltiples factores y el principal es la familia”. De acuerdo con ello, este nuevo proceso rumbo a la toma de conciencia de una adecuada alimentación es también una responsabilidad que debe ser compartida entre los establecimientos y el núcleo familiar.




















