Resiliencia y Solidaridad en la Caleta de Coquimbo

Resiliencia y Solidaridad en la Caleta de Coquimbo

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Registro fotográfico del daño causado por el tsunami en la caleta de Coquimbo. Fuente: http://www.24horas.cl/nacional/nuevos-videos-registran-el-terremoto-en-la-serena-y-tsunami-en-coquimbo-1791618

El terremoto del 2015 no solo provocó un tsunami, también generó un terremoto en el corazón de las personas, reflejado en la fortaleza de quienes debieron reconstruir todo y en el altruismo que demostraron algunos coterráneos.

Autora: Vivian Cortés Toro
Colegio Alemán. Diario Die Realität

Como todos saben, el 16 de septiembre del 2015, el país vivió uno de los más grandes terremotos (grado 8,4) que produjo un horrible desastre natural debido al posterior tsunami.

La Caleta de Coquimbo fue una de las más afectadas, sin embargo, las personas tomaron la iniciativa de reconstruir con sudor y lágrimas el lugar. El ser humano es capaz, si se lo propone, de levantarse en poco tiempo, con la ayuda de personas de un gran corazón, que apoyan a los damnificados y los acompañan en la jornada de reconstrucción.
Serenense por Coquimbo.

Una de ellas fue Mónica Badaracco, una educadora de párvulo de La Serena, quien nos explicó cómo fueron las jornadas día a día en la caleta. Todo comenzó con un grupo de compañeras de trabajo que se unieron a la iniciativa de la Corporación Padre Alfonso Baeza, de ayudar a toda persona que lo necesitara, puesto que el tsunami, que afectó principalmente a Coquimbo, no dejó mucho en pie, comenta “…la primera vez que estuvieron en la caleta, la gente no nos trató muy bien, puesto que todo el mundo que iba, lo hacía con cámaras y con la intención de registrar lo sucedido, muy poca gente tenía realmente la intención de ayudar”.

A pesar de aquella desconfianza inicial no se rindieron y se pusieron a disposición de la gente para ser aceptados, algunos estuvieron en la cocina, otros acarreando agua, animando a la gente o quitando escombros de lo que alguna vez fueron las casas de los damnificados. Necesitaban reconstruir todo lo más pronto posible, las pescaderías eran su fuente laboral y el fruto de su esfuerzo y dedicación.

En la foto aparecen la religiosa Nevenka Álvarez, representante de la Corporación Padre Alfonso Baeza, el pastor anglicano Pablo Zavala, la señora Carmen Villalobos, dirigente de los locatarios del Sindicato Los Delifines y Mónica Badaracco, voluntaria de la Corporación Padre Alfonso Baeza.
En la foto aparecen la religiosa Nevenka Álvarez, representante de la Corporación Padre Alfonso Baeza, el pastor anglicano Pablo Zavala, la señora Carmen Villalobos, dirigente de los locatarios del Sindicato Los Delifines y Mónica Badaracco, voluntaria de la Corporación Padre Alfonso Baeza.

Reconstruyendo nuestro hogar

Señala a nuestro diario, la religiosa Nevenka Álvarez que para empezar se instaló una olla común, con aportes de diversas personas más el aporte de la Iglesia Anglicana. Después de sacar los escombros, venía la etapa de buscar ayuda monetaria, algo que tendría que haber otorgado la Municipalidad, pero que lamentablemente no le llegó a todos los damnificados. Esta fue una de las etapas más duras que tuvo la reconstrucción de la Caleta de Coquimbo.

Pero no todo fue tristeza, gracias al esfuerzo mañanero de vender pescado en locales improvisados y la solidaridad recibida, lograron tener lo necesario para poder comprar todos los materiales y levantar en pocos meses lo que destruyó el mar. En diciembre, ya habían logrado restaurar los locales y estos ya estaban funcionando como era debido, estaban a unos días de la navidad, la gente ya estaba agradecida por recibir el mejor regalo, que había sido el apoyo incondicional de personas anónimas, que pasaron a ser del entorno cercano. El trabajo solidario y comunitario fue fundamental para poder ponerse de pie nuevamente.

Todo lo malo tiene algo bueno

La catástrofe no solo provocó cosas malas, sino que también

Los locatarios de la Caleta en conjunto con los voluntarios comenzaron a trabajar juntos. Si bien es cierto había que trabajar, se debía alimentar el cuerpo para retomar fuerzas y energías para el intenso trabajo de reconstrucción.
Los locatarios de la Caleta en conjunto con los voluntarios comenzaron a trabajar juntos. Si bien es cierto había que trabajar, se debía alimentar el cuerpo para retomar fuerzas y energías para el intenso trabajo de reconstrucción.

afloró el lado positivo del ser humano, puesto que se demostró que los coquimbanos son personas con mucha fuerza, que pese a cualquier adversidad se levantan con voluntad y unión.

Además, se generaron lazos con personas que hasta antes del tsunami eran desconocidos y pasaron a ser personas muy importantes, que después se convirtieron en parte de sus familias. Hasta el día de hoy, todos se juntan para relacionarse ya de una forma íntima con las personas de la caleta, compartiendo los cumpleaños, la navidad pasada, bautizos o simplemente una tarde de sábado para volver a reencontrarse.

Próximamente se cumplirá un año del Terremoto que cambió la vida de miles de familias y para esto se realizará una ceremonia de conmemoración.

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