Abriendo oportunidades para alumnos talentosos, el Programa BETA, propone nuevos desafíos de aprendizaje, impactando en sus vidas tanto en lo académico como en lo afectivo.
Autora: Paulina Cerezo Lloncoñanco
Estudiario, Escuela G. Guillermo Zañartu (Quilpué)
Es lunes por la mañana, y en la escuela, los alumnos participan del acto cívico. Un estudiante de sexto básico escucha deslumbrado el anuncio de que algunos compañeros empezarán a ir a clases en la universidad. Según sus profesores, es una gran oportunidad, que les abrirá nuevos caminos en la vida. Desde ese momento Gabriel siempre quiso ingresar al programa; y cuando años después tuvo la oportunidad, no la dejó escapar. No se equivocó: hoy lo recuerda como una de las experiencias más gratificantes de su vida.
El programa BETA (Buenos Estudiantes con Talentos Académicos) de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso fue creado en 2006 por iniciativa de un grupo de intelectuales de la misma universidad. Este programa tiene el propósito de desarrollar el talento académico de estudiantes que tienen una gran capacidad de aprender y habilidades superiores de razonamiento.
Según Marcela González, coordinadora de enseñanza media del programa, “por lo general, los estudiantes que ingresan tienden a aprender con mayor facilidad, desarrollan habilidades de nivel superior, tienen un pensamiento bastante crítico y cuestionador, gran intensidad emocional y en algunos casos presentan dificultades a la hora de relacionarse con sus pares”.
Proceso de selección
En la selección participan alumnos que pertenecen a colegios que reciben subvención del estado de las comunas que tienen un convenio con la institución universitaria, como Valparaíso, Quilpué y Casablanca. Existe la opción de ingresar de forma particular, pero fuera del programa de becas que cubre el costo del programa.
El programa es financiado por medio de becas que otorgan las municipalidades de las dichas comunas y el Ministerio de Educación. Como requisito académico, se exige aprobar el test de Raven, que, según señala Gabriel Rubio, ex alumno de BETA y actual profesor de biología y ciencias naturales, evalúa principalmente la capacidad para resolver problemas. Para mantener la beca se necesita un 60% de aprobación, 80% de asistencia y respetar el manual de convivencia. Si no se cumplen estos requisitos, se puede perder el beneficio.
Las clases son realizadas en distintas aulas de la universidad, las que se dividen en cursos y talleres enfocados en el desarrollo de habilidades cognitivas superiores. Están a cargo de los mismos profesores de la PUCV, y los estudiantes eligen las clases entre una gran cantidad de opciones disponibles de acuerdo a sus propios intereses, logrando así que en ellas todos se comprometan con el trabajo y que todos presten atención.
Constantes desafíos

Fuente: Estudiario
Fuente: Paulina Cerezo
Es esta oferta creativa y original lo que motiva a estos estudiantes, que ya poseen este amor por el aprendizaje, a mantenerse y participar con aún más ganas. Según Marcela González, el programa BETA “los desafía cognitivamente y les da oportunidades para que las capacidades que tienen alcancen un mayor desarrollo”. Gabriel Rubio concuerda sobre este punto: para él, “BETA me brindó algo que la escuela no me estaba entregando: un desafío. Si tuviera que definir a BETA en una palabra, sería reto”.
Uno de los tantos alumnos que fueron seleccionados para entrar al programa en 2016 es Andrés Alfaro, estudiante de segundo año medio, quien afirma que “el BETA es un programa con una gran base para fomentar el desarrollo intelectual de cada individuo, dependiendo del área que éste desee”.
Según Save Hernández, alumno de séptimo básico, el programa es recomendable para personas a las que “les interesa aprender muchas cosas y que de verdad se sienten motivados por aprender”.
Programas hermanos
Además de BETA, existen en nuestro país otros programas que intentan potenciar las habilidades de los estudiantes talentosos, como el PENTA UC, perteneciente a la Pontificia Universidad Católica de Chile, en Santiago. Creado en 2001, fue el primer programa nacional que buscó atraer a los niños con talento académico. Desde entonces, se crearon diversas iniciativas similares en regiones, tales como PROENTA, perteneciente a la Universidad de la Frontera, en Temuco, y ALTA, que pertenece a la Universidad Austral de Chile, con sede en Valdivia.
Más allá de lo académico
Para la actual alumna del BETA, Aylinne Beltrán, una de las cosas importantes que le ha otorgado su incorporación al programa son los lazos afectivos que se forman con los otros estudiantes que asisten a las clases y talleres. “Siento que tenemos los mismos gustos, y podemos llevar conversaciones muy gratas y sobre temas que nos interesan mutuamente”, declara Aylinne.
Según Valeria Paz Fuentes, coordinadora estudiantil del programa desde el 2008, “el BETA ayuda a los alumnos a fomentar sus talentos, sus destrezas y sobre todo sus habilidades sociales, presentándose como un espacio de encuentro entre estudiantes que tienen características e intereses que suelen ser similares”.
El apoyo brindado por las coordinadoras es algo fundamental en los procesos que viven los niños y jóvenes en su paso por la universidad, ya que suelen estar muy preocupadas de su bienestar en todos los ámbitos. Para Gabriel Rubio, aunque “el apoyo que nos entregó el equipo completo de Beta fue fundamental para que pudiéramos elegir bien nuestras carreras, la tía Marcela (González) siempre estuvo tan preocupada de nosotros, que llegó a ser para muchos de nosotros una segunda mamá”.





















