Autora: Isabella Paola Lauriani Leiva.
Diario: Il Giornale Di la Gioventú, Scuola Italiana (Villa Alemana)
Las redes sociales, o sea, Instagram, Facebook, Snapchat, entre otras, se convirtieron en algo indispensable para nuestras vidas. De partida, todos tenemos un smartphone y lo mínimo que poseemos a nuestro alcance es el ya popular WhatsApp.
Apenas despertamos, muchos de nosotros tomamos el celular y revisamos estas redes para comenzar el día y también publicamos cosas. Ya la mayoría de éstas incorporaron la opción de historias, la cual consiste en la publicación de imágenes y vídeos con una duración de 24 horas hasta ser automáticamente eliminadas. A través de estas imágenes, muchos de nosotros podemos compartir a nuestros diversos, y a veces, desconocidos seguidores los momentos de nuestro diario vivir.
Al convertirse en algo esencial y ya básico, me surge la siguiente interrogante: ¿Qué imagen estamos proyectando desde nuestras redes?, ¿Somos conscientes de las cosas que publicamos?, ¿Hasta qué punto exponemos nuestra privacidad?
Veo y comparto cada día diferentes cosas de la cotidianidad en estas “historias” que comenzaron a causar furor a causa de la red social Snapchat, creada específicamente para compartir contenido diario de 24 horas. Se exhiben desde selfies, hechos que suceden en las salas a nuestros compañeros y que grabamos intencional y casualmente, fotos desprevenidas de los amigos, salidas a pasear con ellos, carretes, o sencillamente cuando estamos aburridos en casa. Sin embargo, para alguien que observa todo esto desde afuera, le podría parecer extraño que una persona comparta cada cosa que le sucede por una red social y que, al final del día, puede llegar a los ojos y poder de cualquier persona (no olvidemos la existencia de los «pantallazos»).
A pesar de que, en muchos casos, podemos mostrar cosas tan inofensivas como las situaciones mencionados anteriormente, esto también puede llevarse de manera directa al otro extremo, en el cual muchos de nuestra generación protagonizamos sin darnos cuenta o, a veces, de manera intencionada el acto de publicar imágenes provocativas, violentas o poco adecuadas sin darnos cuenta la imagen que estamos construyendo y proyectando de nosotros mismos hacia nuestro entorno.
Bajo mi punto de vista, para muchos la práctica de la publicación de imágenes y videos es algo de lo más usual y que da igual, ya que la libertad de expresión nos brinda el derecho de publicar lo que queramos mediante una red que es nuestra y manejada por nosotros. Sin embargo, internet es algo tan frágil, que una foto tan simple de una compañera en traje de baño o un video de un momento de un «carrete» en donde un compañero aparece besando a una chica o empujando a un amigo como broma, puede ser descontextualizado, siendo interpretado y, en el caso de las imágenes en bikini, puede incluso ser guardado por terceros y ser difundida, lo que podría provocar comentarios por un grupo de compañeros, luego por un curso y, finalmente por la comunidad educativa completa.
Incluso, se puede prestar para que inescrupulosos las guarden y las utilicen para cometer delitos cibernéticos. Seamos realistas, nunca se sabe. Tenemos que asumir que cada cosa que publiquemos puede facilitar malos comentarios o situaciones inoportunas. Además, la mayoría de las ocasiones ni pensamos dos veces lo que publicamos, simplemente compartimos la imagen y no pensamos en lo que pueda provocar o lo que exponemos de nosotros, se publican las rupturas, las muertes, y diversas intimidades y no tenemos la conciencia de que es algo más delicado de lo que creemos.
Creo que finalmente estas redes son divertidas y útiles en muchos casos, ya que podemos sentirnos en contacto con amigos, familiares o famosos que nos llaman la atención. Pero siempre hay que pensar dos veces qué es lo que queremos publicar, ya que, muchas veces no tenemos la conciencia de la imagen que estamos comunicando de nosotros mismos y nunca se sabe los efectos y consecuencias que puede generar la sobreexposición de nuestra vida en pleno auge de la tecnología y realce de las redes sociales.

















