Señor Director:
Como residente de Viña del Mar, he soportado año tras año la llegada de miles de turistas, tacos interminables y colas para comprar, consciente de lo que implica vivir en un lugar turístico.
Viña del Mar la ciudad bella, en donde destacan hermosas playas y el lugar del festival más importante de Latinoamérica. Un ambiente que solo invita a disfrutar, pero que oculta una triste cifra.
¿Acaso soy uno de los pocos viñamarinos que ha visto el lado B de Viña?, ya que de las 40 mil familias que viven en campamentos en el país, el 25% se concentra en nuestra región. 164 campamentos escondidos de los turistas, entre quebradas de difícil acceso y micro-basurales.
Espero que las autoridades del municipio cambien sus prioridades a la hora de pensar en qué invertir el presupuesto y consideren que quizás reparar el reloj de flores es relevante para el turismo, pero también es fundamental preocuparse de las necesidades de quienes hoy necesitan apoyo.
Matías Ignacio Ubeda Muñoz

















