“¿Te lo digo en un meme?”

“¿Te lo digo en un meme?”

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Autora: Rocío Jara Rodríguez

Diario La voz: razón en tiempos de desinformación

Actualmente casi todos utilizamos las redes sociales como medios de información y comunicación. Queremos decir algo, opinar. ¿El tema? El que esté de moda, el más polémico, el más viral. Entre las publicaciones que leo a diario en la red (Facebook, Whatsapp, Instagram, Twitter, Pinterest) la mayoría del contenido comunicado y compartido, está en formato “meme”.  Desde el “¿Kómo lo zupo?” hasta el “¿y te mandé yo a?, estas frases y expresiones han llegado para quedarse en nuestra forma habitual de comunicación, sorprendiéndonos constantemente, pero ¿qué es un “meme”?

De modo sencillo un “meme” se define como un contenido informativo y/o de opinión, la mayor parte del tiempo de corte humorístico, crítico o burlesco que abarca diversos temas. Los hay políticos, deportivos, de farándula, filosóficos, artísticos, etc., que varían de acuerdo al idioma y cultura de quien lo emita/comparta, y a qué tan actualizado esté.

Ahora bien, lo trascendental de los memes es que son virales. Según el sitio lapiedradesisifo.com, el término “meme” data de 1976, del etólogo Richard Dawkins, quien planteó que el ser humano transmite y replica dos tipos de información: una biológica a través de los genes y otra cultural, mediante memes. La diferencia radica en que la primera funciona independientemente de nuestras acciones, mientras que la segunda lo hace a través de la imitación, transmisión y copia, de un cerebro a otro de forma continua.

Siempre me ha gustado estar informada y expresar mi opinión sobre algún tema que me interese. Crecí con abuelos que le daban tanta importancia a escuchar noticias como a alimentarse y con eslóganes radiales que promovían lo fundamental de informarse para opinar, pero esto no siempre se da “libre” de respuestas.

Si quieres hablar de algún extremo político, de un matinal, de los dichos de una personalidad televisiva o de tu orientación sexual, te expones a aplausos y comentarios positivos, pero también a críticas y ofensas. Sin embargo, creo que al comunicar a través de un meme, de algún modo “suavizas” el contenido y pienso que ahí radica su importancia culturalmente hablando: trascienden edades, clases sociales, ideologías, países e idiomas, y gracias a estos es posible confesar, provocar, denunciar, acusar, promover, etc. En lugar de molestarnos con algo,  lo tomamos con sentido del humor. No decimos “te ves estresado”, utilizamos el “vamo a calmarno”; si algo nos apena usamos el “ke bergüenza” y si necesitamos hacer introspección basta con el “¿por qué eres así?”.

Los memes han traído de vuelta a personajes de la infancia de mis padres y de mi niñez; juega con personas y personajes, utiliza escenas de cine; expone la situación económica y política de un país. En este punto, me atrevo a decir que, a diferencia de lo que algunos pueden pensar, aquel que crea y comparte un meme no es un simple ocioso sin nada mejor que hacer; no es una estupidez, sino una visión posible de cómo vamos encaminados como sociedad, con sus virtudes y sus vicios.

 

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