Más inclusión para una mejor educación

Más inclusión para una mejor educación

Los estudiantes chilenos queremos mirarnos a la cara y aprender juntos, para después trabajar juntos por un mejor país.

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Durante este año han sido noticia las largas colas que realizan apoderados para matricular a sus hijos en buenos colegios municipales. Es una buena noticia que todos los niños y jóvenes puedan estudiar en un buen colegio sin necesidad de pagar por la educación, pero resultaría interesante entender el concepto de inclusión desde una mirada más íntima dentro de los colegios, donde se desarrollan procesos para permitir que todos los niños y jóvenes, sin importar sus necesidades educativas especiales, procedencia económica o religión, puedan estudiar sin problemas.

La inclusión educativa se ha fortalecido en nuestro país en la última década, sobre todo a partir de la aprobación de la ley 20.201 en el año 2007 y el decreto 170 del año 2009, que aumentaron la subvención que paga el Estado por estudiantes con necesidades educativas especiales complejas (autismo, asperger) y permitieron agregar incentivos económicos para que los colegios aceptaran a los estudiantes con necesidades educativas menos complejas (hiperactividad, déficit atencional). Actualmente, son más de 5.000 los colegios que cuentan con el Programa de Integración Escolar (PIE) y desarrollan un trabajo serio para ayudar a todos los niños con este tipo de necesidades.

Sin embargo, según diversos organismos internacionales como la ONU, UNICEF y organizaciones especializadas en el tema educativo, como Educarchile, la inclusión va más allá: se basa en los principios de equidad, cooperación y solidaridad; no maquilla las limitaciones, sino que las acepta y trabaja desde ellas; no busca darle a todos lo mismo, sino que a todos lo que necesitan para ser cada día mejores; y lo más importante, conlleva una profunda transformación personal y comunitaria.

En el Liceo Amanda Labarca esta definición de inclusión se observa cada día. En sus salas y patio se encuentran estudiantes con diferentes capacidades educativas, nivel socioeconómico, procedencia y religión; hay hijos de madres y padres solteros, divorciados, que viven con abuelos, y todos comparten desde el respeto y la aceptación de la diversidad. Esa experiencia constante de inclusión permite que sus estudiantes aprendan de la diversidad con diversidad, teniendo todos la oportunidad de aprender por igual y desarrollar valores claves para vivir en la sociedad actual, como la tolerancia, el respeto y la empatía.

Sería muy importante que todos los colegios y liceos de Chile tuvieran la oportunidad de experimentar los beneficios de la inclusión, tal como sucede en el Liceo Amanda Labarca, porque sin duda los estudiantes aprenden muchas cosas que les servirán para la vida, no solo para el SIMCE o la PSU. El mensaje es claro, más inclusión es mejor educación.

Para ello, es necesario que todas las personas que se relacionan con la educación, como los profesores, apoderados, directores y políticos entiendan que la inclusión no es solo un tema económico, que aunque resulte más cara, vale la pena gastar el dinero en hacer que en los colegios puedan estar mezclados los niños y jóvenes sin importar su nivel socioeconómico, su comuna de procedencia, ni su etnia o país, religión o pensamiento político de los padres. Los estudiantes chilenos quieren mirarse a la cara y aprender juntos, para después trabajar por un mejor país.

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