De la sequía al superávit

De la sequía al superávit

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Autor: Aldo Railef Villanueva

Diario La Gazzetta della Scuola, Scuola Italiana Alcide De Gasperi

Sin duda, Chile es un país de contrastes, La Serena no es la excepción, esto tiene sus ventajas, por ejemplo en el mismo día podemos disfrutar de una acalorada tarde en el Valle de Elqui y luego de un par de horas estar sumergidos en las playas de la costa de mi ciudad, generosamente bañadas por el Océano Pacífico, quizá esta sea la parte más amable de la Región de Coquimbo, a la que tanta falta le hacía unos buenos milímetros de agua. Sin embargo, en mayo recién pasado, se anunció un fuerte y potente temporal de lluvia para la zona, los cada vez más certeros meteorólogos, y lo digo sin una pizca de sorna, predijeron que las precipitaciones alcanzarían cifras récord, quizá por sobre los 100 milímetros en un solo día, y así fue la colonial ciudad de La Serena vio como el agua caía de tal forma, como hace sesenta años no lo hacía, arrasando con todas las necesidades inmediatas propias de la escasez. Aunque esto dejó al descubierto el rostro más amargo de las curiosas dicotomías de nuestro país, pasar de una sequía brutal a un superávit, lo que invita a la reflexión ¿Qué tan preparados estamos como conurbación La Serena – Coquimbo para enfrentar lluvias de esta magnitud?

Es cierto que en La Serena, no son frecuentes los  eventos de lluvia, debido principalmente a que está ubicada en la zona Norte del territorio. Pero, cuando ocurren, usualmente causan tragedias sobredimensionadas, es común que cuando llegan compañeros de Santiago o del sur, se rían de la pintoresca costumbre serenense de suspender todas las actividades al más mínimo indicio de lluvia, así que nos podemos imaginar como nos afectaron las precipitaciones de mayo, principalmente dejan al descubierto las falencias en infraestructura que tenemos como conurbación urbana (La Serena – Coquimbo)   sintiéndose particularmente en sectores tan sensibles como  la educación, suspensión inmediata de clases,  el suministro de servicios, agua y  luz y el más dañado, la infraestructura vial, cortes históricos de calles y carreteras (siempre las mismas), por si fuera poco agreguemos a esta fatídica lista, la suciedad del mar y las familias damnificadas producto de la falta de previsión en la preparación.

Es perjudicial un frente de mal tiempo para la ciudad de La Serena, la cual tiene tan pocas precipitaciones al año, que sufre más de la cuenta. La solución es que  la Ilustre Municipalidad de La Serena, junto al ministerio de Obras Públicas, se encarguen de construir estructuras que disminuyan y/o desvíen la cantidad de agua, como desagües,  que invade las calles de La Serena, sobre todo en la zona del centro, las calles Cuatro Esquinas, Balmaceda y la turística Avenida del Mar, principales arterias de la ciudad, entre otras, que son los sectores más concurridos.

Hay un antiguo dicho que versa así “guerra (lluvia) avisada no deja muertos” creo que para el caso de la señorial La Serena, debiéramos cambiar por “Crónica de una catástrofe anunciada”, con el permiso de Gabriel García Márquez.

 

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