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Se escuchan, pasos y gritos, cada vez son más y más fuertes, cuando pasan por al frente esas enormes criaturas mojadas por el sudor, me doy cuenta que son caballos, miro hacia arriba y noto que no están solos, entonces aquellos que en mi mente eran pasos, en realidad son galopes, y los que creía que eran gritos, eran cantos apasionados de jinetes con túnicas.

Todo comenzó, hace más de cuatro siglos en el Concilio de Trento, un encuentro celebrado por la Iglesia Católica que se realizaba en Italia. Ahí se acordó que todo católico debía comulgar al menos una vez al año.

Pero ¿y los enfermos? ¿no pueden ser católicos? La solución para este dilema fue hacer un cambio: en vez de ir a comulgar, llevar la comunión a ellos una vez al año.

Pero en Chile esto resultaba un tanto difícil, los sacerdotes debían llevar el cáliz, la patena, y muchos otros objetos de valor. El conflicto era que asaltos abundaban. Los curas llegaban a dar la comunión casi desnudos. Es por esto que la gente comenzó a acompañarlos.

Así nace Cuasimodo, una ceremonia religiosa en la que todo aquel que quisiera, se sumaba al clérigo en su recorrido para entregar la comunión. La tradición es ir detrás del cura a caballo, con un pañuelo en el pelo que reemplaza el sombrero del huaso, en señal de respeto. También una esclavina: túnica tomada de la vestimenta sacerdotal, diseñada en general por las esposas de los cuasimodistas, una campana para anunciar la llegada del párroco y alegrar el ambiente “Es todo un día de cabalgatas, es necesario mantener la alegría”, comentó Georgina Asagra, cuasimodista de Batuco. Los colores tomados del emblema papal, blanco y amarillo predominan.

La fiesta hoy

En la actualidad consiste en cientos o miles de personas, hombres y mujeres acompañando al sacerdote a dar la comunión, todos cantan, gritan emocionados y esperan pacientemente en cada parada, la mayoría montados en sus caballos, otros en bicicletas, autos, motocicletas o incluso a pie, todos decorados con los colores del emblema papal. Todos movidos por la fe.

“Lo más hermoso que hay en Colina” dijo un hombre a caballo, cuando le preguntaron qué era Cuasimodo. Acompañado por su familia y amigos, cabalgaba con su túnica, entregado a su fe.

En todo el mundo se entrega la comunión a los enfermos el primer domingo siguiente a la Pascua de Resurrección. Pero solo en Chile existe Cuasimodo. Se celebra en distintas zonas, hay más de 300 cuasimodos a lo largo de todo el país. Él más grande se encuentra en la comuna de Colina, más de 4 mil jinetes lo corren.

Las casas se decoran con flores y adornos de color amarillo y blanco, las casas de los enfermos deben ser adornadas con hojas de palmeras y un altar para indicar a los cuasimodistas donde deben detenerse.

Todo comienza temprano al amanecer entre las 7:00 y las 9:00am en iglesias o parroquias de las distintas zonas de Chile donde se reúnen los cuasimodistas y realizan una misa, se llenan de buenos deseos y buenas vibras para que ese día sea lleno de entrega, fe y amor al otro.

“¡Santo santo! El señor del universo, llenos están los cielos y la tierra de la majestad de tu gloria” canta un cuasimodista y todos responden “Gloria al padre, gloria al hijo y gloria al Espíritu Santo” este es uno de los cantos de los cuasimodistas durante el recorrido, algunos dicen que se inspiran y recuerdan la razón por la que están ahí, otros para mantenerse enérgicos y otros simplemente para mantenerse enérgicos.

Tradición familiar

“La primera vez corrí porque mi familia lo hacía, mi tío, mi abuelo, mis primos, todos. Crecí junto a caballos. Todos se preparaban para correr desde principios de abril, era todo muy emocionante, a todos les encantaba, decían que les llenaba el alma. Después de la primera vez, me di cuenta de que tenían razón. Dejé de correr por mi familia y comencé a correr por mi fe y por ayudar a otros. Ahora me doy cuenta de que a mi también me llena el alma. Ahora mis hijos siguieron el legado, les encanta, el día del Cuasimodo se suben a sus caballos a las seis de la mañana y se bajan a las cinco de la tarde cansados pero con un sonrisa de oreja a oreja”. Georgina Asagra.

“Yo fui elegida para ser escolta hace un par de años, aunque nos soy parte de una cofradía de un grupo formal (cofradía de cuasimodistas) me sumo y corro todos los años. Para escoltar al padre debes tener un buen manejo del caballo porque debes ir justo atrás del carro, debes bajar y subir al caballo en cada casa para acompañarlo a dar la comunión. Debes prepárarte durante todo un año, yendo a misa y practicando tu cabalgata”, agregó la participante.

Los escoltas son los encargados de, como dice su nombre, escoltar al sacerdote. Esto se debe a que el cura, al dar la comunión, debe trasladar muchas objetos de valor (caliz, patena, copón, etc…)

Hoy en día, el acto de escoltar a el cura, durante el cuasimodo, ha dejado de ser por protección y se ha convertido en una tradición.

A todo aquel cuasimodista, que le preguntas ¿por qué está aquí? Te responde, que esta aquí por ayudar a otros, por su fe, por acompañar a dios y porque les llena el alma.

La fe mueve almas. La fe mueve montañas y a miles de personas un domingo por la mañana.

Por más antigua que sea la tradición, los jóvenes se siguen sumando y la comunidad se sigue integrando. Así cuasimodo perdura. “Gloria al padre, gloria al hijo y gloria a el Espíritu Santo.”

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