Las mineras no son el único atractivo de la ciudad.
Autor: Valentina Leiva Espinoza
Diario El Pampino, Colegio Santa Teresita (Antofagasta)
La región de Antofagasta está relacionada al desarrollo e historia de la minería de Chile, en esta región hay grandes minas de cobre como el yacimiento de la Escondida, Zaldívar o Chiquicamata. Esta región representa el 16,7% del territorio nacional en la minería donde la mayoría de sus trabajadores provienen de la zona centro y sur del país; esta situación se debe a que los sureños aspiran a las bondades salariales de la zona.
En el 2016 este rubro aportó 2,9 millones de toneladas de cobre a la producción nacional lo que significa más dinero para el país y por lo tanto mayor desarrollo económico, sin embargo, esta producción también perjudica a las personas que habitan en la región, ya que se suele generalizar, pensando que todas las personas trabajan en dicha industria, ganando grandes cantidades de dinero.
¿Por qué algunas personas del norte no pueden trabajar en minería?
Algunas personas no logran trabajar en estas grandes minas de cobre porque hay que tener una serie de requisitos tanto profesionales como de salud compatible, como por ejemplo, tener un título en ingeniería o cursos específicos de operador, además de exámenes positivos sicológicos, de capacidades como soportar la altura, entre otros.
La realidad de las personas que habitan la región
La minería presenta, demasiada competencia entre los trabajadores ya que todos quieren obtener un cargo mayor al de los demás, especialmente por la cantidad de dinero que reciben; por ejemplo una persona con el puesto de gerente general gana sobre los veinticinco millones de pesos, un ingeniero gana alrededor de cuatro millones y una persona como un camionero de la minería o una persona con un cargo inferior gana entre un millón y un millón y medio. Sin olvidar que estos últimos se exponen y ponen en riesgo su vida por sacar el cobre en barra, usar explosivos o fallas en chimeneas, además los peligros de exponerse a alta temperaturas que se presentan la mayor parte de las horas trabajadas, entre tantos otros peligros vitales para ellos.
Así lo manifiesta Claudio Leiva, un trabajador de esta industria: “he trabajado casi toda mi vida en mineras desde los 19 años; mi trabajo consiste en manejar camiones que llevan ácidos, poniendo en riesgo nuestras vidas, pero a pesar de todo estoy muy conforme con mi trabajo que a diferencia de los gerentes que ganan veinticinco millones de pesos, yo gano solamente alrededor de un millón y medio que ha subido en los transcursos de los años”.
Por otro lado, la diferencia con una persona común que no trabaja en minería que se sustenta con un sueldo mínimo de doscientos sesenta y cuatro mil pesos mensuales, con el que tiene que cubrir los gastos mínimos de un hogar, en los que cambia totalmente si tiene hijos pagando los gastos estudiantiles, lo que se aleja enormemente de la realidad de la región.
En Antofagasta es difícil el día a día por el alto costo de la vida, ya que para poder vivir un día es necesario tener alrededor de veinte mil pesos, esto para una persona que vive sola, lo que para una familia con tres o más integrantes se eleva, por ejemplo, un arriendo tiene un valor mínimo de doscientos cincuenta mil pesos.
Así es como se nota el cambio económico para las personas que habitan esta zona siendo una ciudad hermosa con varios lugares para recorrer, pero lo malo es que las mineras la han convertido en una cuidad reconocida solo como ciudad industrial y atractiva solo económicamente; esto no debe de ser así, esta ciudad debería tener un reconocido atractivo no solo turístico para los extranjeros o los chilenos que vienen a visitar la Perla del Norte, sino también para los propios habitantes, dejando de lado el dinero y fijándose más en el mar, en la belleza del desierto y en otras bondades que lamentablemente no son difundidas.





















