Han sido ya más de 20.000 haitianos los que han ingresado a nuestro país, según reportes de la PDI en el año 2016. Ellos tienen la esperanza de surgir en la vida, pero son muchos los problemas que se les presenta en el camino.
Autor: Nicolás Soto
Diario El Cordón de Chacabuco, Colegio Pucalán Montessori.
Son muchos los haitianos que han llegado a nuestra comuna. Son ahora ellos los encargados de todo lo relacionado con la construcción, arreglo de caminos, vendedores, etc. Para algunos, el arribo de los inmigrantes es un cambio de aires, pero para otros son menos puestos de trabajos.
Es mediodía y un sol gélido nos acompaña durante todo el camino, por el cruce San José de Colina, en búsqueda de un testimonio haitiano. De pronto ahí está, sentado junto a una reja, Gesner Ambroise, un haitiano de 37, quién llegó hace un año a nuestro país, con una solo objetivo: migrar a Chile y poder surgir.
Las condiciones de vida en Haití han sido y son actualmente paupérrimas, esto es, el 85% vive en pobreza extrema, mientras que el sólo el 40% de los niños puede acceder a servicios sanitarios.
La conversación con Gesner se movía en un clima de desconfianza. “Sí y no” eran sus respuestas habituales, generándose así poca fluidez en la conversación e incomodidad en nosotros. Su español era algo confuso, pero aún así le entendíamos y él a nosotros. Gesner miraba su celular, mientras respondía nuestras consultas sin hacer contacto visual. Pero de a poco pudimos ir adentrándonos en su historia, y fue así como supimos que se había venido de Pto. Príncipe, capital de Haití, era un hombre casado y tenía 2 pequeños hijos, a quienes alimentar. Su principal problema, el frío, al que no conocían de cerca.
Hasta hace poco trabajó en construcción, en Avenida Chicureo, pero hace lo despidieron. Es así como lleva 2 semanas en busca de trabajo, pero sigue sin encontrarlo. Cuanto le consultamos acerca del por qué quedó cesante, no quiso responder, retomando así su actitud distante.
“Complicado llegar Chile. Yo y mi esposa tuvimos que juntar dinero largo tiempo. Mi mamá, mi prima y mis hermanos aún viven allá”, concluyó.
No existen datos definidos claros con respecto a la cantidad de haitianos que viven actualmente en nuestra comuna. Sin embargo, su presencia es cada vez mayor.
“No es por ser racista, pero pensando como chilena, ellos vienen a perjudicarnos en el trabajo, nuestros jefes les ofrecen menos plata por trabajar y aceptan lo que sea. En arriendo de casas, a nosotros cada vez se nos hace mucho más difícil encontrar casas” afirma Pamela Rodríguez, guardia de seguridad del centro comercial “Brisas de Chicureo”.
Esta visión es compartida por muchos chilenos y chilenas. Según un estudio realizado por la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central, el 55,6% de los encuestados consideran que el Estado debe preocuparse primero de los chilenos antes que de la población migrante. A su vez, existe una percepción acerca de la cantidad de la población haitiana que difiere de la realidad. Los datos oficiales dicen que en Chile, de 100 personas, 2 son migrantes. Pero los encuestados perciben que de 100 hay 25 migrantes.
La relación entre haitianos y chilenos no comenzó en nuestro país. Desde el año 2004, las Fuerzas Armadas chilenas cooperan con el Cuerpo de Paz Cascos Azules de la ONU en Haití, lo cual generó un nivel de cercanía muy importante con la comunidad haitiana, especialmente, con quienes viven en Puerto Príncipe.
“En la empresa hemos contratado 2 haitianos, Pier Monode y Solom Civil” relata Eugenio Silva, ingeniero comercial de Metalmarket. “La forma en la que ellos consiguen trabajo es caminar y ofrecerse por las distintas bodegas en donde yo tengo mi oficina, consultando si existe la posibilidad de empleo. Pier estuvo solo 1 año y medio con nosotros y Solom trabajó hasta el 30 de Junio de este año. El gran problema con ellos es el idioma, ahí existe un problema serio. Como ejemplo, si el maestro le pide una herramienta, es posible que le entregue otra que no era.”
Se nos empezó a hacer tarde, y nos quedamos sin preguntas y Gesner debía irse. La despedida también fue incómoda. En 3 oportunidades quisimos pedirle una foto, pero su actitud de desconfianza hacia nosotros, o quizá hacia el mundo, nos llevó a darnos tan solo la mano y a seguir cada uno con su camino, nosotros a la calidez de nuestros hogares, y Geisner, posiblemente en la búsqueda de una nueva oportunidad de vida y esperanza incierta.





















