Más de mil personas: niños, jóvenes y adultos, pertenecen actualmente a la gran familia del Bafochi.
Autoras: María Paz Aguirre y Constanza Castillo
Diario El Idopiano, Colegio IDOP
Benjamín Urrutia, de 13 años, ha bailado cueca desde muy pequeño. Ya a los 6 años destacaba en los actos artísticos de su escuela por su talento y gracia. Ganó numerosos campeonatos y encuentros y con el correr de los años continuó cultivando su pasión: el baile.
A partir del año pasado encontró un nuevo canal a través del cual poder desarrollar sus habilidades. Se integra al Bafochito, sede La Cisterna.
Bafochi
El Ballet Folclórico de Chile, nace un 21 de mayo de 1987, de la mano del profesor de Educación Física, Pedro Gajardo. Fueron quince los primeros integrantes. Diez bailarines y cinco músicos.
Con 25 años de historia, Bafochi conformó una Academia de más de mil alumnos y tres equipos superiores.
Desde su creación el Bafochi ha realizado más de 5.500 presentaciones y ha mostrado su trabajo artístico en más de 950 ciudades, de 40 países de Asia, África, América, Europa y Oceanía, obteniendo más de cien premios internacionales, según consta en su página institucional.
Señalan como su misión, la contribución al desarrollo y difusión del folclor nacional, fomentando las actividades artísticas, culturales y educativas relacionadas con él.
“Bafochitos”, su gran tesoro
En la página institucional se refieren a la Academia juvenil con este apelativo. Actualmente cuentan con sedes en Santiago, La Serena, Talagante, Viña del Mar, Rancagua, Quilicura, Los Andes y Talca. En Santiago se encuentra la sede de Ricardo Cumming y la de la comuna de La Cisterna.
Las academias buscan formar a los futuros aspirantes al ballet profesional. Forman a los niños en un amplio repertorio buscando marcar el estilo de trabajo y la propuesta artística del BAFOCHI.
La profesora Francina Contreras es la directora de la Academia La Cisterna. Funciona al alero de la Municipalidad de la Cisterna, pues utiliza sus dependencias cada sábado entre las 9.30 y 13.30 horas.
La profesora ha estado ligada al baile desde su infancia. Perteneció al Bafochito Viña del Mar desde muy pequeña, según comenta. Posteriormente se trasladó a Santiago y participó 4 años en el electo residente, formando parte del elenco profesional posteriormente. Estudió pedagogía en Danza y se capacitó para formar el semillero.
Desde hace tres años está a cargo de la Sede La Cisterna. Esta sede es una de las más nuevas y cuenta con 38 estudiantes entre los 4 y los 17 años. Ella relata que este grupo está muy bien catalogado porque son muy esforzados y con una notable formación artística y valórica.
Su propósito, como educadora en la academia, es entregar una formación “de raíz folclórica a los niños interesados”. La profesora, considera que este trabajo es un aporte a la cultura, aunque sea “un granito de arena”. También considera que la comuna realiza un aporte a la comunidad al permitirles utilizar sus dependencias, dándoles una oportunidad a niños y jóvenes con este interés.
Para ingresar, al Bafochito, aclara la profesora, se debe realizar una audición que evalúa ritmo, coordinación, ganas y disposición. Si no le va bien en la audición, se puede volver a intentar al año siguiente.
Los niños y jóvenes son preparados en dos ámbitos: “acondicionamiento físico e iniciación a la danza”.
Es importante también señalar que cada sede tiene sus propios compromisos artísticos además de algunos eventos institucionales en los cuales van demostrando sus avances y aprendizajes. Parten con la bienvenida a los nuevos estudiantes, luego una gran Gala en el mes de mayo, Aniversario de la institución, participan también en una feria Internacional del Folclor, a la cual se invitan a países en los cuales el Bafochi ha actuado.
Por otro lado, se preparan también coreografías que se presentan en mini eventos en diferentes lugares de la comuna, como por ejemplo escuelas, hogares de ancianos o cualquier otro lugar que lo solicite.
La experiencia de un “Bafochito”
Benjamín, a quien se menciona al principio del artículo, comenzó a bailar cueca a los cinco años, inspirado por un primo que bailaba y también por su profundo amor al campo.
En el colegio y en distintos campeonatos se ha destacado por su talento. Siempre que lo han necesitado para engalanar un evento con el baile nacional ha estado disponible, sobre todo en la comuna de la cual es vecino desde hace muchísimos años.
En una de esas ocasiones, el alcalde de La Cisterna, Santiago Rebolledo, le dice: “tú tienes que entrar al Bafochi”. Y “como no iba aprovechar esa oportunidad”, dice Benjamín. Así es como se integra al Bafochi juvenil el segundo semestre del año pasado.
Benjamín se ha sentido muy acogido y feliz de practicar bailes folclóricos. Se proyecta para seguir avanzando en esta carrera, con el propósito de llegar al ballet profesional y viajar por el mundo bailando, pues lo apasiona.
Sin embargo, recalca “voy a estudiar ingeniería, porque no se gana mucho bailando”. El baile siempre será una pasión para él y un pasatiempo que desea realizar por mucho tiempo, pero cree que no puede transformarse en una profesión pues no sería posible vivir de eso. Además señala que es una actividad que no se puede realizar por mucho tiempo, pues lo elencos mantienen personas hasta una cierta edad.
Este “bafochito”, agradece sobre todo que le hayan dado la oportunidad de desarrollarse artísticamente y por sobre todo de conocer a muchas personas agradables con las cuales disfruta y comparten los mismos intereses.
Es así, como cada sábado, sin excepción, acude a la Casa de la Cultura de La Cisterna, acompañado de sus padres, quienes lo han apoyado incondicionalmente durante todos estos años, para participar de la clases de la profesora Francina y prepararse para los eventos programados, siempre tratando de dejar muy bien representada a su sede, al igual que todos sus compañeros.





















