Sebastián Espinoza Freire
Diario La Concepción del Presente, Colegio Santa Luisa
Concepción es, en esencia, una ciudad universitaria. Así es reconocida a nivel nacional e incluso desde fuera de Chile. Esa particularidad hace no sólo que sea polo de atracción de miles de estudiantes que se mantienen o llegan acá a formarse en diversas áreas, sino también que se nutra de la alegría y la creatividad de los jóvenes ansiosos por expresarse.
Es común ver a los alumnos de enseñanza superior desplazarse con rapidez desde y hacia sus respectivas casas de estudios, concentrados en lo suyo, pensando, conectados a sus dispositivos móviles, y a veces agobiados por la exigencia académica de la que esperan estar a la altura.
Pero como los jóvenes siempre necesitan, quieren y merecen más, también es parte del paisaje penquista verlos cómo intentan comunicarse artística y culturalmente, para desarrollar el alma, para conocerse y reconocerse entre ellos mismos. Ya sean sus respectivas aulas magnas, el abierto barrio universitario o hasta los estacionamientos de las casas de estudios, los jóvenes copan los espacios que tienen.
Las federaciones de estudiantes así como las oficinas o departamentos de extensión cultural de las universidades que existen en Concepción, cumplen un rol fundamental al organizar y promover expresiones artísticas como teatro, música, danza y pintura, así como otras manifestaciones de la cultura como exposiciones fotográficas y documentales.
El Gobierno Regional y la Municipalidad hacen lo suyo en promoción artística, pero con presupuestos restringidos y en medio de otras prioridades, como la vivienda y la salud. Mal que mal, lo primero es tener satisfechas las necesidades básicas y después la educación y la cultura.
Sin embargo, en Concepción, el que busca siempre encuentra algo que ver o que hacer, y ahí están los jóvenes, impulsando como puedan, haciendo mucho con poco. Eso lo saben los productores y gestores culturales que se atreven a apostar y a organizar festivales, encuentros y tocatas de “Rock en Conce”.
Los medios de comunicación ayudan, pero la difusión masiva de estos eventos suele ser algo excepcional. Hoy por hoy, los jóvenes, y por cierto también los penquistas, se conectan a través de las redes sociales, como whatsApp, twitter o instagram.
Así es Concepción y en buena parte gracias a sus jóvenes inquietos y curiosos, deseosos de aprender y mostrarse. Las empresas privadas que pueden ayudar a potenciar aún más el capital humano de nuestra juventud penquista lo saben. O, como las casas matrices de casi todas las grandes compañías están en Santiago, deberían saberlo.
La Región del Bío-Bío es posiblemente la que más ha reclamado por una real descentralización del país, y una de las razones principales es poder recuperar para la zona lo que en justicia le corresponde.
Ante la gran concentración de todo en la Región Metropolitana, Concepción y sus jóvenes necesitan más. Sí, más artistas, conciertos, obras de teatro, presentaciones y espectáculos de categoría nacional e internacional que inspiren a los nuestros. Pero, principalmente, más apoyo expresado en recursos económicos y espacios físicos para que los talentos penquistas mantengan su esencia y exploten sus potencialidades.
Gran tarea hacen ya las universidades. El Estado hace lo que puede bajo el principio de la llamada “rentabilidad social”, pero como en número de habitantes somos menos, los recursos suelen irse, o más bien quedarse, donde siempre.
Es por esto que las empresas privadas que se han beneficiado con el crecimiento económico del país (que aunque crece poco lo sigue haciendo) están llamadas también a hacer su contribución. Potencial existe, está claro. Falta una apuesta más decidida. Una apuesta basada no necesariamente en la recuperación de lo invertido o en el beneficio de las utilidades, sino en la convicción de que “yo te apoyo porque es importante que tú existas”. Los jóvenes de Concepción lo merecen. La ciudad lo merece. Invertir en cultura y en la gente es, tarde o temprano, una inversión segura.


















