La vida acurrucada en la muerte

La vida acurrucada en la muerte

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Autora: Arlette Vásquez Suazo
Diario Alma Informada, Colegio Alma Mater (La Granja)

Siempre me ha llamado la atención la gran cantidad de animitas que hay en las calles de mi barrio, creo que en Chile hay lugares donde la muerte es una vecina más. Pero no quiero hablar de eso, en realidad quiero describirles lo que vi desde la ventana de una micro en la que iba al colegio, en una de esas animitas había un perrito enrollado tratando de capear el frío y me dolió ver como la vida se acurrucaba en esa casita de muerte.

Creo que cuando nos acostumbramos a que la vida sea difícil se nos olvida que hay cosas que no están bien, y dejamos de soñar con mundos mejores. Espero que eso no les pase a ustedes, por lo menos a mí todavía me molesta que existan tantas desigualdades y pienso que ese perrito nos recuerda todas las cosas que podemos hacer por mejorar este mundo, nos conecta con el abandono y la desigualdad, que tantos viven a diario.

Mientras iba en la micro dudé en bajar, porque pensé que yo no tenía mucho que ofrecer, pero toqué el timbre y corrí hasta donde estaba la animita, arropé al perrito con mi chaleco y caminé con él en brazos hasta mi colegio, tratando de pensar en qué momento nos enseñan a dar, de dónde surge ese impulso de querer contribuir al mundo.

Para solucionar mis dudas conversé con Silvia Moreno, una animalista de 55 años que me contó que en su caso el proceso de sensibilización fue gradual, siempre tuvo mascotas en su casa, pero desde hace cinco años y gracias a sus hijas, ella tomó conciencia del maltrato animal y decidió hacerse vegetariana, renunciar a su trabajo y poner una tienda de alimentos para mascotas, y así tener comida para alimentar a los perros y gatos callejeros, dice que en el proceso mucha gente la ha tratado de loca, pero que nunca antes en su vida se había sentido tan viva y consciente como ahora.

Desde aquí dejo la invitación abierta a que construyamos un mundo mejor, actualmente en Chile hay muchas organizaciones animalistas, también hay instancias para colaborar en otras causas que pueden mejorar nuestra realidad.

Además, hago un llamado a la tenencia responsable de mascotas por parte de la ciudadanía, pero también quiero pedir a las autoridades para realizar nuevas campañas como el programa Cuidado con el perro, que finalizó a fines de 2017, para que juntos les otorguemos un pasar digno a estos compañeros que tantas alegrías nos traen.

Cuando lean esto recuerden, desde esta grieta temporal donde aún estoy abrigada, es que un día de frío existió un perrito que se ganó mi chaleco, y que encontró un hogar gracias a la ayuda de mis compañeros de colegio, pero la lección más importante que aprendí ese día es que si queremos cambiar algo debemos movernos y actuar y que si lo hacemos en grupo se logran mejores resultados.

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