Actualmente la prueba Simce no solo evalúa lenguaje y matemáticas como en antaño, sino que en estos últimos años se han integrado los indicadores de desarrollo personal y social, que amplían el concepto de calidad de educación, ya que se toma conciencia que esta calidad es más que un conocimiento académico, y que además influyen otros factores, como el clima de convivencia escolar, autoestima académica, motivación, participación, formación ciudadana y los hábitos de vida saludable.
Según lo mencionado anteriormente los resultados deberían haber mejorado, sin embargo el secretario ejecutivo de la Agencia de la Calidad de la Educación, Carlos Henríquez, considera que en el último tiempo se ha visto un estancamiento en todos los niveles evaluados. Los más positivos lo llamarán una estabilidad en la calidad de la enseñanza escolar, pero mirándolo desde el vaso vacío, claramente con todas las reformas y recursos que se han integrado a la educación en la última década, se puede concluir que definitivamente algo no está funcionando.
Si bien la ley de Subvención Escolar Preferencial (SEP) ha ayudado a acortar la brecha de resultados entre los colegios de todas las dependencias, es conocido que no todos los recursos llegan a lo que realmente fueron destinados, bien se recuerda el año 2017 en el cual más de 600 colegios fueron sancionados por el Mineduc para recibir este tipo de subvención, ya que los sostenedores no fueron capaces de rendir los recursos, ni cumplir las metas de los planes de mejoramientos que se habían propuesto. A raíz de esto, los verdaderos perjudicados fueron todos los alumnos que se quedaron sin ese refuerzo pedagógico, que significa el contar con recursos económicos para mejorar la calidad de su enseñanza.
Algunas autoridades coinciden que para mejorar en los resultados ya no se necesitan tantos recursos, sino más bien políticas de segunda generación. No son pocos los que consideran que las leyes y reformas son las llaves que abrirán las puertas a mejores resultados de aprendizaje, pero que esperar mejorar la calidad de la educación mediante leyes es un tanto ingenuo; las leyes y reglamentaciones generales se mueven en la periferia del proceso educativo.
Si se pretende mejorar resultados lo primero es hacer las cosas como corresponden, y movilizar el 100% de los recursos para lo cual fueron destinados. Cuando todo eso ocurra, ahí recién se podrá ver los verdaderos resultados de esta inversión que se hace con la educación chilena. O acaso ¿se ha visto? que a un maestro se le pida como objetivo construir una casa, y que a este se le entregue solo unos cuantos materiales como por ejemplo, martillo, clavos y madera, y luego llegue el patrón exigiéndole por qué no ha terminado la casa, y el maestro le responda que le falta más materiales, como por ejemplo: huinchas, serrucho, cemento, ladrillos etc. Pues, eso mismo ocurre en la educación. Si se quiere alcanzar un objetivo, se tiene que procurar que se cuenten con todos los recursos disponibles y necesarios para mejorar la educación chilena y salir de este estancamiento desde hace 10 años en resultados Simce a nivel nacional.

















