A principios del siglo XX, la mujer estaba relegada a un discreto segundo plano. Por ejemplo, cuando contraía matrimonio quedaba bajo la potestad del marido y si trabajaba no tenía derecho a disponer de su salario; además, era considerada incapaz de valerse por sí misma y tenía que ser representada por su esposo. Estos hechos generaron un gran movimiento en esa época denominado “emancipación feminista”, que trajo importantes cambios en Chile, permitiéndoles acceder a la educación y a votar.
Este avance progresivo, que está inconcluso, ha tomado mucha relevancia últimamente, ya que el acoso, la violencia y la desigualdad de género se siguen viendo como algo frecuente y “normalizado”. El acoso sexual y 36 femicidios registrados el 2017, según cifras del Ministerio de la Mujer, han hecho que esta situación se vea en un contexto de cero tolerancia.
Las movilizaciones feministas buscan principalmente la creación de protocolos contra la violencia y abuso sexual y la erradicación de la educación sexista, puesto que desde la niñez, por ejemplo, se implanta la mentalidad de que ciertos juegos y colores son exclusivos para cada sexo. Estas marchas han tenido un fuerte impacto en la sociedad y las propuestas que ha generado el gobierno frente a estas peticiones aseguran la igualdad de derechos y establecen leyes contra el abuso y acoso, pero, aun así, las desigualdades siguen siendo un problema.
Específicamente en las comunas de Independencia y Recoleta se han aplicado medidas que garantizan la igualdad salarial, prohibición del acoso callejero, incorporación de los derechos maternales en contratos a honorarios, la paridad de género en cargos de dirección del municipio y la implementación de marcos normativos en torno a la educación no sexista. Estas medidas, por ahora locales, son pasos de una lucha constante por cambiar la injusta situación que viven cientos de mujeres día a día, para que se genere la conciencia de erradicar conductas y patrones de desigualdad de género y que finalmente se denuncien estas situaciones que son totalmente repudiables, como abusos, acoso, estigmatización, entre otras.
Las movilizaciones significan una superación en distintas materias. Se puede ver a lo largo de la historia con la primera emancipación femenina al cuestionar la posición y los roles asignados al sexo y distanciarse de la vida tradicional hogareña; se logró una mayor independencia y cambio sobre la percepción que se tenía de las mujeres. Hasta el día de hoy se sigue luchando por solucionar distintas problemáticas, aunque éstas no son como las de años pasados, sino que determinadas por el contexto en el que se vive. Décadas atrás también se criticó la lucha femenina; en la actualidad sería incoherente ver que el sexo es un factor determinante para tener posibilidad de votar o acceder a la educación.
Muchos se preguntan con extrañeza ¿cómo era posible que las mujeres no pudiesen votar? A futuro lo más probable es que se diga ¿cómo era posible que existiera el acoso sexual en las calles y que otros comportamientos sexistas fueran vistos como algo “normal”? Por pensamientos que avalan este tipo de normalización es que hoy se lamenta el sufrimiento e incluso muerte de muchas mujeres. Es la sociedad la que hoy tiene el deber y la posibilidad de cambiar la historia.

















