El acoso callejero ha naturalizado el machismo

El acoso callejero ha naturalizado el machismo

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A lo largo de la historia han existido diversas conductas, que a pesar de ser ofensivas, molestas e incluso crueles han sido naturalizadas e incluso validadas en distintas sociedades. En el caso de Chile, es posible vislumbrar cómo el acoso callejero se ha mantenido en el tiempo y en el inconsciente colectivo como una forma de galantería.

Este tipo de acoso, corresponde a un tipo de violencia simbólica, que según Arancibia en su estudio Acoso sexual callejero: contexto y dimensiones, se practica de manera inconsciente. Este tipo de violencia, se traduce en el establecimiento de conductas agresivas e invasivas, entre las cuales se encuentra los «piropos» de toda índole, manoseos, miradas indiscretas, e incluso fotografías tomadas sin autorización. Estas conductas han sido aceptadas por la sociedad a lo largo de las décadas y produce que las víctimas sientan vergüenza, temor, culpabilidad, humillación, entre otras cosas.

En Chile, este problema se volvió un tema de relevancia pública, lo que provocó la creación de una ley llamada “ley de acoso sexual callejero” la cual se hará efectiva cuando se apruebe en el congreso. Con esta promulgación se busca sancionar cualquier tipo de hostigamiento capaz de provocar en la víctima intimidación, hostilidad, degradación, humillación o un ambiente ofensivo.

La autoridad ha planteado ejercer penas con presidio menor en su grado mínimo, es decir, desde 61 días a 540 días. En caso de que los actos sean de carácter verbal o se ejecuten por medio de gestos se impondrá la pena de multas equivalente a una unidad tributaria mensual (UTM). Por lo cual cuando esta ley se promulgue, el acoso se podría reducir bastante y esto llevará a que luego de unos años, la sociedad se acostumbre y lo integre como parte de la cultura chilena.

En primera instancia, sería interesante cambiar la forma en que se mira a la mujer dentro de la sociedad. Ya que la objetivización del cuerpo femenino como un medio de placer, ha provocado que otros se den el espacio para invadir e intimidar a mujeres de todas las edades.

Sería positivo que no solo los hombres dejen de ver el cuerpo femenino como un objeto, sino que también las personas de edad, ya que ellos naturalizan bastante este tipo de actitudes. La mayor parte de las veces cuando una mujer dice que se siente acosada los comentarios son: «Es un piropo», «si no es pa’ tanto…», «¡que cuática!», «¡deberías estar feliz!» comentarios hechos por gente mayor que si su pensamiento cambiara, apoyaría mucho a acabar con el acoso callejero.

A su vez, se genera un trauma colectivo de las mujeres al salir a la calle. Como consecuencia, muchas de ellas han comenzado a gestar un sentimiento de inseguridad. Un ejemplo de aquello es el hecho de que muchas no quieran pasar por delante de un grupo grande de hombres y prefieran darse la vuelta para no encontrarse con ellos.

En conclusión, estas conductas deben detenerse y la sociedad debe entender que no es normal. A su vez, es necesario que se generen mayores espacios de educación frente a esta problemática, ya que, desde pequeños se puede entender que para los hombres no es normal decir piropos a completas desconocidas en la calle, y para las mujeres no es normal ni aceptable recibirlos.

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